Laura González Palacios, fundadora de la galería Chiquita Room
Laura, galerista, sobre el IVA del sector artístico: "El arte es un bien cultural y un motor económico, no un lujo"
Laura González (Chiquita Room) reivindica la importancia del arte días antes de la 45ª edición de la feria ARCO, y se muestra crítica con el 21% que cuesta el impuesto en el sector: "El ministro nos apoya en sus redes, pero luego no mueve un dedo"
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Chiquita Room es algo más que una galería. Es, literalmente, un “hogar para el arte”. Un espacio creado desde el corazón y la intuición por Laura González, desde el cual acompañar a los artistas; a los de la casa y a todos aquellos que necesitan la reconfortante sensación de una puerta abierta. Un espacio común de encuentro para quienes aman el arte, y que acoge con igual calidez a expertos y curiosos.
Nacida en Bilbao y afincada en Barcelona desde hace años, Laura González estudió periodismo y edición. En la capital catalana se dedicó, primero, al periodismo científico, antes de recalar en el ámbito de la comunicación cultural.
Cuenta a Mujeres en Crónica que, en paralelo, publicaba libros de artista como proyecto personal. En 2013 fundó la editorial Chiquita Ediciones, porque “los proyectos partían de un libro o de una publicación, pero terminaban haciéndose grandes, y acababa organizando una exposición o un concierto”. Es lo que llama “edición expandida”.
En 2018, encontró en el barcelonés barrio de Sant Antoni el espacio donde expandir esa forma suya tan integradora de entender el arte. “¡Vas a abrir un Chiquita Room!”, le dijo su amigo, el artista Pere Guinard, cuando le habló del futuro proyecto. Había encontrado el nombre de la galería.
- El nombre es toda una declaración de intenciones acorde con la manera de comunicar todo lo que allí hacéis: “Hogar para el arte”, “Artistas de la casa”. Es también, en cierto modo, una forma de despojarse de todo el elitismo que envuelve el mundo del arte y convertirlo en un lugar menos distante, más generoso e inclusivo.
- Sí, totalmente. Me alegro de que se perciba así, porque esa es la intención. Es verdad que quizá, al no venir directamente del mundo del arte, y mi sesgo como comunicadora, la idea era acercar el arte a las personas, salir un poco del elitismo y hacerlo accesible. No he encontrado una palabra que me haga sentir más cómoda.
- Accesible, también, en el sentido de que nosotras siempre proponemos mediación a las personas que visitan el espacio.
- También, cuando encargamos los textos y exposiciones, siempre dando mucha libertad, intentamos que la gente escriba de tal manera que no necesitemos tener un doctorado en filosofía ni leerlo cinco veces para entenderlo.
- Me interesa el arte para las personas, como algo donde la gente se pueda sentir cómoda. Porque sí que he sentido en algunas instituciones y galerías, no solo en España, una sensación de distancia, como si nos estuvieran separando.
- La intención aquí es completamente la contraria. Es de cercanía, de comprensión en el sentido más amplio del término. También para que, sin necesidad de que todas pensemos lo mismo o seamos iguales, haya un espacio donde se integren diferentes capas y estratos, no solo sociales, porque es verdad que es un problema que el arte sea visto como un sector elitista.
- Esa idea continúa muy arraigada. No digamos ya en el coleccionismo percibido como algo sólo al alcance de unos pocos.
- Sí. Una idea con la que tampoco comulgo. Y también lo digo como editora de múltiples libros de artista, que es otra manera de poder acercarnos a otras economías, a otros bolsillos. Aunque también siento que nos hemos acostumbrado a gastar cantidades enormes de dinero, por ejemplo en un coche, en tecnología, hay gente que se gasta muchísimo dinero en viajes. En cambio, a la hora de ponerle precio a una obra de arte ya se ve como elitista, presuntuoso.
- Para mí, es un problema estructural que viene desde las políticas culturales, desde la educación, desde el respaldo institucional y también del coleccionismo.
- Evidentemente, todo el mundo tiene derecho a vivir su vida como quiera. Pero, a veces, siento que los coleccionistas no sé si entienden del todo la responsabilidad que pueden llegar a asumir apoyando la carrera de un artista, ayudando a consolidar una trayectoria y, por tanto, la viabilidad de una galería. Porque considero galerías y artistas primas hermanas, compañeras que van de la mano.
- Las galerías construyen las carreras de los artistas antes de llegar a los museos. Por tanto, sí que siento que hace falta un ecosistema más fuerte. Y no es una queja, pero pienso que no tenemos una cultura artística lo suficientemente fuerte. En Bélgica, en Francia, tú entras en una casa de alguien con un mínimo de sensibilidad y es raro que no haya arte. Aquí la gente prioriza otras cosas a la hora de consumir.
- Nos falta esa cultura de mecenazgo que tiene el mundo anglosajón. ARCO tiene desde hace unos años First Collectors, un programa interesante de asesoramiento y acompañamiento para coleccionistas noveles, pero hacen falta más iniciativas.
- Sí, yo siento que sí. Pero todas las iniciativas son bienvenidas. Nosotras también, al poquito de abrir la galería, abordamos esta idea. Y aunque los números no salen por ninguna parte, para mí es importante, porque es cumplir un poco la misión de nuestro proyecto.
- Se trata de SOFT Collectors, una suscripción anual de 150 € por la que obtienes tres piezas de obra gráfica o de libro de artista a lo largo del año. Se entregan en la tradicional Noche de Reinas, el 5 de enero; el día de Sant Jordi, el 23 de abril; y durante el Barcelona Gallery Weekend, porque es un buen momento para hacer pedagogía. Porque invitamos a coleccionistas internacionales y gente muy interesante de la ciudad, mientras que al mismo tiempo promovemos esta iniciativa que quizá contribuya a derribar esa barrera, ese miedo que tiene mucha gente de entrar en las galerías por esta distancia, este elitismo que perciben. En ese aspecto, creo que hace falta más trabajo.
- Sin duda. Aunque, personalmente, creo que también existe otro motivo, y es que gran parte del público no entiende el arte contemporáneo ¿Qué le diría a toda esa gente que, de entrada, no lo entiende o considera que eso no es arte?
- Para mí, el arte tiene más que ver con el sentir que con el entender. Esto es una aproximación personal, y también la manera como yo he llegado al mundo del arte, a través de lo más perceptivo, a través de lo sensorial. Y me interesa que así sea. Igual que adquirí muchísima educación visual trabajando con fotografía y viendo fotos constantemente, el hecho de trabajar con arte me ha hecho más porosa, más sensible. Pero ni lo entiendo todo, ni creo que muchas veces haya intención de que todo se entienda. Y está bien, para mí está bien eso.
- Creo que lo importante aquí es no hacer sentir tonto, estúpido al público porque de repente no hay una conexión directa. Vuelvo a ciertas políticas educativas, pero el tema es más complejo que todo eso.
- Por otra parte, el mundo del arte contemporáneo abusa mucho de las tendencias, de lo que se lleva o de lo que se supone que está avalado por algunos agentes o instituciones. A mí me apetece quitar esa necesidad de entenderlo todo y, al mismo, tiempo animar a la gente a tener curiosidad, porque creo que a partir de esa curiosidad podemos llegar a esos otros mundos.
- Yo no me voy a poner a estudiar física cuántica, pero si de repente tengo interés y leo, pregunto, enriqueceré mi perspectiva. Fue así como llegué al mundo del arte, además porque tenía muchas amistades que se dedicaban a ello (...)
- Por tanto, yo animaría a la gente a que tenga curiosidad, a que pregunte y, a partir de ahí generen, construyan su propia opinión. Que ellos mismos decidan qué es lo que les interesa y lo que no. Que vayan afinando su criterio. Y respecto al mundo del arte, le invitaría a hacer un ejercicio de apertura, porque creo que muchas veces se escuda en discursos crípticos para esconder cierta falta de profundidad.
- A mí me ha ayudado muchísimo hablar con artistas. Aprendo mucho. Y me encanta esta profesión, porque aprendo constantemente, y creo que es muy importante no alejar a la gente, al contrario, hay que intentar acercarla. Yo me he impuesto una especie de premisa. Cuando explicamos las exposiciones a la gente, lo hacemos como si se lo explicáramos a mi abuela o a mi mejor amiga. Y eso no significa bajar el rigor de las propuestas.
- Creo que puede haber muchas capas de significado, y hay gente que querrá llegar hasta aquí y otra que querrá llegar más a fondo y, probablemente, llegue a profundizar más que nosotras. Y esa riqueza me parece muy interesante.
- Al final, se trata también de despojarse de ideas preconcebidas y prejuicios. Simplemente, entrar y mirar. Tampoco ha de gustarte todo.
- A mí no me gusta todo. Yo he ido formando un estilo y unos intereses en cuanto a temas, en cuanto a principios estéticos también, y eso no significa que desestime lo otro, pero me interesa esto. Estoy abierta a conocer otras cosas, pero sí que he visto que se ha formado una línea y ha sido de una manera muy intuitiva.
- Me ha llamado gratamente la atención que la mayoría de los “artistas de la casa” son mujeres ¿Responde a una casualidad o existe una intencionalidad detrás?
- No hay una intención consciente ni un cupo ni nada de esto. Ha surgido y es así, supongo que también por mi propia naturaleza. Con muchas de las artistas teníamos una relación de amistad previa y se ha ido dando así. De hecho, una de ellas, Teresa Estapé, con quien estaremos en ARCO, es en cierto modo artista fundacional de la galería. Pero después trabajo con un colectivo de artistas, Estampa, que son cinco hombres. Es otra manera de trabajar, otra manera de funcionar y estoy igual de cómoda y contenta. Pero es verdad que hay un cariz más femenino en los artistas de la galería, en las exposiciones que hacemos. Supongo que tiene que ver con una sensibilidad y está bien, estoy contenta con ello.
- Este es el cuarto año que acude a ARCO y el segundo en la sección oficial. Las dos primeras participó en Opening con galerías emergentes. Ha sido una progresión impactante en muy poco tiempo y en un sector complejo y muy competitivo.
- Sí. La galería tenía cuartro años cuando acudí por primera vez a ARCO. Ya tenía cierto recorrido. Después ha sido la evolución natural (...) Ahora he adoptado esa limitación de dos artistas, esa especie de modalidad solo dúo, porque me interesan mucho los diálogos. Si hubiera más artistas, por supuesto, podríamos llegar a hacerlo, pero creo que se escaparía esta cosa más contenida de un proyecto comisariado. Y, para mí, el principio curatorial en las ferias es importante. Siento que, en cierto sentido, eso traslada la personalidad de la galería.
- Estamos muy ilusionadas por acudir, además de Teresa Estapé, con un artista como Pieter Laurence Mol, con el que ha sido maravilloso trabajar. Una persona que este año cumple 80 años, que ha tenido una individual en el MoMA en los 90, que trabajó con Vicente Todolí para una individual en el IVAM en los 90. Alguien fascinante, con una trayectoria alucinante, con muchísima obra (más de 3000 obras catalogadas), con unas experiencias de las que estoy aprendiendo muchísimo, y que además es muy cercano y accesible y con muchas ganas de seguir haciendo cosas.
- Estoy muy contenta, porque siento que los dos artistas quedan bien representados por separado y, al mismo tiempo, se entiende la intención de la galería, tanto a nivel formal como a nivel conceptual. Cada año voy con más confianza, a pesar de que luego nunca se sabe. Es un poco una ruleta rusa.
- ¿Cómo selecciona a los artistas que lleva a las ferias internacionales? En este caso, a ARCO. No debe ser fácil, escoger unos y descartar otros.
- Sí, es verdad, es difícil intentar que todo el mundo se sienta cómodo con la decisión y poder dejar también a las artistas que todavía no han participado la oportunidad de que pase en un futuro.
- Hay una estrategia, yo no siempre la veo claramente, racionalmente o conscientemente, pero sí me voy dando cuenta de que hay una estrategia, una línea.
- Para mí es muy importante que la personalidad de la galería se vea y quede bien reflejada en el proyecto del stand. Que haya una oportunidad comercial sin que pase por delante de los valores de la galería. Este es un equilibrio muy difícil de alcanzar. Y, en el fondo, soy consciente de que, a veces, el aspecto comercial queda por detrás y el aspecto curatorial pasa por delante.
- Bueno, hay otros momentos a lo largo del año en los que igual me permito menos hacer esto, pero tiene que ver con lo que te decía, me interesa hacer diálogos, y los dúos en las ferias siento que funcionan.
- No siempre es así. Por ejemplo, tenemos una artista, Laia Arqueros, que tiene un universo visual tan potente que ponerla al lado de otro artista siento que pasaría desapercibido o se lo comería. A Marsella el año pasado fuimos solo con ella.
- Hay este punto de que la galería se vea a través del proyecto del stand, y de que los artistas tengan la oportunidad de ir construyendo carrera. En este aspecto, volver con Teresa –cuando ya estuvimos con ella en 2023, con la que hemos hecho una individual en la galería– es porque sé en el momento en el que está y siento que ya ha superado un poco esta dicotomía interna de soy artista o soy joyera.
- Sé que a mucha gente del sector esto también le descoloca. Pero creo que tiene una práctica única y muy interesante, porque lleva su pensamiento artístico a la hora de crear joyas y trae la disciplina, los materiales y el simbolismo de la joyería, al mundo del arte conceptual. Este es un momento para enseñar a Teresa, para apostar por ella. Y, de repente, ponerla en contacto con Pieter Laurens Mol, que para mí ya es un honor, siento que a ella también le va a elevar un poco. Son todas estas pequeñas cosas que igual no sabría decirte por qué.
- Un proceso complejo, largo y muy meditado.
- Sí. Por ejemplo ahora acabamos de empezar a representar en exclusiva a Mari Chordà, que tiene 84 años, que ya ha tenido su individual en el MACBA, en el Museo de Tarragona, que por fin le llega el reconocimiento a esta mujer con una trayectoria alucinante. Claro, yo pienso, ¿Mari tiene que ir sola o tiene que ir con alguien? Todo esto lo tengo en la cabeza, trabajo con muchas temporalidades distintas, pero sí que es verdad que hay un plan para que la galería crezca a la vez que las artistas crecen con ella.
- Imagino que también influye el tipo de feria en cuestión. No es lo mismo, por ejemplo, ARCO que Art Basel o TEFAF.
- Sí. Por ejemplo, estuvimos el año pasado en París en dos ferias distintas. Offscreen, que se celebra durante Art Basel París, una pequeña bienal con poco más de 20 galerías en la capilla del hospital de la Salpêtrière muy relacionada con el mundo de la imagen, con cosas muy avanzadas o muy retro. Y el director artístico vio un proyecto de Estampa en el Jeu de Paume de París y me dijo, "Me interesa esto". Luego, a París Photo, fuimos con un artista, Louis Porter, con un proyecto que teníamos ya medio avanzado y fue una presentación impecable.
- ARCO es particular porque en cierto modo es jugar en casa. También es el puente entre los coleccionistas de Europa con el arte latinoamericano. Esto lo tengo muy presente. Por ejemplo, el segundo año estuvimos con Julia Aurora Guzmán que es dominicana, y la idea es ir con la argentina Laura Zucarro dentro de poco.
- Bueno, son contextos diferentes y hay que tener una estrategia global en la cabeza. Teniendo también claro que son apuestas muy fuertes, son inversiones enormes, hay que ir con cuidado, porque un estacazo en una feria cuesta de remontar. Imagínate en dos o tres seguidas…
- ¿Echa en falta una feria de arte contemporáneo importante en Barcelona?
- Bueno, está SWAB que es otro tipo de feria, cumple su labor y está muy bien. Pero creo que galerías como Chiquita Room ahora mismo estamos en otra onda. Y sinceramente pienso que durante la Barcelona Gallery Weekend, que es una especie de feria dentro de las galerías, es cuando pasan cosas más interesantes, cuando viene el público más interesante a nivel de feria, de coleccionistas o gente del mundo de las instituciones a nivel internacional.
- De todas formas, siento que el sistema de ferias es un poco insostenible porque proliferan y es que no podemos estar en todas. Para nosotras la apuesta en España claramente es ARCO y pensamos que es importante poner allí todos los esfuerzos.
- Chiquita Room ha sido una de las galerías que se ha sumado a la reciente protesta por el IVA cultural ¿Qué interés puede haber en mantener una política que, económicamente, penaliza fiscalmente a sus propias instituciones y soportes culturales?
- La verdad es que no lo sé. Y además es que no se nos ha hecho ni caso. Ha habido un completo desoír. Yo no sé que tenemos que hacer, sobre todo porque es que nos deja en una situación de muchísima desventaja respecto al resto de países europeos que son muchos: Bélgica, Francia, Alemania, Italia, Portugal…
- Y, además, con una diferencia porcentual abismal. Ves las cifras y cómo impactan realmente en la economía del sector, y no se entiende.
- No lo entendemos y, de hecho, hay mucho disgusto, mucho descontento, y la sensación es que vamos a continuar así.
- A mí, una de las cosas que me emociona más de esto es que hay mucha unión entre las galerías. Ver que galerías de diferentes tamaños, estilos y antigüedad están juntas para luchar por esto, me hace mucha ilusión. Pero no sé qué podemos hacer.
- Se está viendo que muchas abren fuera, porque es una manera de poder acogerse a esta fiscalidad ventajosa. Y, sinceramente, no sé si se tienen que empezar a ver cierres de galerías españolas, porque se nos pone en un contexto muy complicado.
- ¿Tienen apoyo de las grandes instituciones, de los grandes museos? Porque también les afecta...
- No estoy tan al tanto, no sé si tímidamente. El ministro en sus redes sociales sí nos apoya, pero luego no mueve un dedo, no lo pone en la agenda. Y el Ministerio de Hacienda lo que dice es que esto no les compete a ellos. Yo siento a las galerías un poco solas ante el peligro.
- ¿Tampoco hay un interlocutor?
- Desde el consorcio se han reunido muchas veces con Moncloa, con los ministerios, pero no hay voluntad, no hay interés, ni una verdadera voluntad política de transformarlo.
- Es incomprensible. Es que las cifras tampoco les salen a ellos. No aumentan la recaudación, sino más bien lo contrario.
- Sí. Para nosotras, las ventas son un problema. Cada venta es un milagro, de verdad. Es paradójico, porque nosotras, al hacer ferias en el extranjero, si estamos en Francia, sí se puede cobrar el tipo de IVA francés. En el fondo es más fácil vender fuera que dentro. Y esto es muy frustrante, y no genera una sensación de comodidad dentro del país, del ecosistema cultural del país.
- En el fondo, es un motivo más para que la gente piense que el mercado del arte es elitista, porque aplicas el IVA cultural en ciertos sectores y gravas el arte. Con esta segregación, refuerzas la idea de que el arte es un lujo.
- Eso es. Y yo vivo el arte como un bien cultural, para mí no es un lujo. Además, es un motor económico que incluye a muchos perfiles profesionales. Creo que debilitarnos es malo para todos.