Casa Fernández, en la calle Santaló

Casa Fernández, en la calle Santaló The Fork

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Revuelta hostelera para 'salvar' la restauración de la calle Santaló de Barcelona

Las obras del ayuntamiento eliminan todas las terrazas de la vía pública y comprometen la viabilidad de decenas de negocios de restauración en la zona

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Los restaurantes de la calle Santaló de Barcelona se unirán para combatir "por todas las vías" el cierre de sus terrazas que proyecta el Ayuntamiento de Barcelona.

Así lo acredita una carta que han recibido los negocios por parte del distrito de Sarrià-Sant Gervasi, que indica que el 9 de marzo deberán retirar todas las terrazas para que puedan empezar a levantar las aceras.

Las afectaciones tienen una duración inicial de cuatro meses, si bien los hosteleros de la zona creen que serán más, como ha ocurrido en las recientes obras de Travessera de Gràcia.

Además, los restaurantes deberán pagar las tasas de las mesas a pie de calle, pese a que no podrán darles uso.

Estupor en la zona alta

La noticia se ha recibido como un "inmenso choque" en los restaurantes de la vía, donde se ubican algunos clásicos de la ciudad, como el Gimlet y el Casa Fernández, de Javier de las Muelas.

El Gimlet ameniza las noches en Santaló desde hace 40 años. Su nombre rinde homenaje a la bebida homónima que popularizó el detective Philip Marlowe en El largo adiós, la novela de Raymond Chandler. Fue el primer local de De las Muelas, y tras éste llegaron Dry Martini, Montesquiu, Speakeasy y The Academy.

Otro de los restaurantes de su portfolio es Casa Fernández, también en Santaló, y colindante con el Gimlet. Esta cervecería, con tapas y cocina de mercado, es un tributo a la madre de De las Muelas, y una parada obligatoria en la zona alta.

Restaurantes afectados

Entre los perjudicados también consta el Marcel Santaló, propiedad de la familia Vendrell; el restaurante Bambarol, la cafetería Golden o el Apluma, uno de los mejores locales de pollo asado de la ciudad, o el Bastardos, una de las últimas aperturas.

Entrada al Gimlet de la calle Santaló

Entrada al Gimlet de la calle Santaló

Protesta al Ayuntamiento

El grupo de restauradores ha pedido explicaciones al distrito de Sarrià-Sant Gervasi para pedir que las obras se hagan "por tramos" y en agosto, el mes en el que cierran y su clientela escasea.

Precisamente, en la calle Santaló la temporada alta no es el verano, sino la primavera, con el advenimiento del buen tiempo. En agosto, la zona alta de Barcelona se vacía, debido a la huida en masa de los vecinos hacia zonas de veraneo, como la Costa Brava.

"Nos arruinarán"

Los afectados denuncian, también, que las jardineras que han comprado morirán por culpa del consistorio, debido a que no podrán regarse ni recibir luz solar durante más de un trimestre. Los locales aseguran que tampoco tienen un lugar para guardar los parasoles. "Tendremos que alquilar un trastero, son más gastos aún", explican.

"Nos han arruinado, nos obligarán a cerrar. Hay muchos restaurantes que viven de la terraza y que no podrán sobrevivir", denuncia uno de los restauradores afectados por el cerrojo.

La noticia llega, además, tras tres meses de invierno de lluvias y mal tiempo. "Tendremos que despedir a empleados y trabajadores", apuntan otros empresarios de la zona.

Respuesta municipal

A preguntas de este medio, el Ayuntamiento de Barcelona ha detallado que, tras la preocupación mostrada por los restauradores, el distrito ya estudia junto a la operadora de las obras BIMSA alternativas para "minimizar el impacto de las actuaciones".

Añaden que, en la mayor brevedad posible, se dará una respuesta en función del resultado del análisis técnico que ahora mismo se está realizando.

El precedente de La Rambla

En la retina queda el precedente de La Rambla, una reforma que sí se hizo por tramos y consensuada con las agrupaciones de comerciantes y restauradores de la vía.

Aun así, las reformas comprometieron gravemente la viabilidad de algunos negocios que, privados de su terraza, desplomaron sus ventas. Uno de los que salió peor parado fue el histórico Moka, de la familia Matamala, que hundió un 70% su facturación, según explicó Metrópoli.