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El programa de compra de deuda del BCE hace que ocho países se financien a tipos negativos / EP

El 70% del PIB de la eurozona se financia gratis por la compra de deuda del BCE

Hasta ocho países que comparten la divisa europea presentan tipos negativos en sus bonos a largo plazo después de que el emisor haya sacado toda la artillería para evitar una crisis de deuda

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El PIB de la zona euro se desplomará más de un 10% en 2020, según las estimaciones revisadas del Fondo Monetario Internacional (FMI), por el impacto de la crisis del coronavirus. La cifra ya es por sí misma impactante, pero mucho más si se tiene en cuenta que actualmente hasta ocho países que comparten la moneda única se están financiando en los mercados a tipos negativos a largo plazo, gracias a la actuación del Banco Central Europeo (BCE).

Entre todos representan aproximadamente el 70% del PIB de la zona euro y van a poder responder a las crecientes necesidades de liquidez que precisan para financiar el extra de gasto que tienen que realizar para paliar los efectos de la pandemia sin coste.

Economías grandes y pequeñas

En este selecto grupo figuran tres de las cinco mayores economías de la eurozona, Alemania, Francia y Países Bajos, que ya presentaban tipos negativos a largo plazo antes de la llegada del virus y, por lo tanto, de que el BCE sacara toda la artillería pesada para la compra de deuda. No obstante, los dos últimos han visto reducirse su prima de riesgo con Alemania hasta cotas históricamente bajas (en el caso holandés, apenas supera los 15 puntos básicos).

La situación se extiende a economías del centro y el norte del Viejo Continente como Bélgica, Austria y Finlandia, pero también llega a las economías muy pequeñas como la irlandesa (que fue de las rescatadas en la anterior crisis) y la eslovaca, que también pueden presumir de acudir a los mercados en busca de fondos sin que les cueste dinero.

La alarma del BCE

Vistas las proyecciones del FMI y de otros organismos internacionales cabe preguntarse qué hubiera sido de la economía de la zona euro de no mediar la actuación del BCE con la compra masiva de deuda.

Desde los primeros días de la crisis, cuando aún se dudaba de la verdadera dimensión de la pandemia que llegaba desde China, la presidenta del organismo emisor, Christine Lagarde, encendió todas las alarmas sobre la necesidad de evitar que sucediera lo mismo que en la crisis financiera de finales de la pasada década, cuando muchos países del euro vieron cómo las puertas de los mercados se les cerraban en el peor momento, lo que disparó las primas de riesgo.

El mensaje de los mercados

Por si quedaba alguna duda, los mercados fueron los encargados de mostrar a Lagarde y a todo el consejo de gobierno del BCE el camino a seguir. En su primera reunión tras el estallido de la crisis, la única medida adoptada fue ratificar el plan vigente en aquel entonces de compra de deuda, que ascendía a 120.000 millones de euros. La decisión se tradujo en el peor día de toda la crisis para las bolsas. Algunos índices europeos, como el Ibex 35, llegaron a hundirse más de un 14%.

El BCE captó el mensaje muy rápidamente y días después amplió el programa de compra a 750.000 millones. La magnitud de la crisis es tal que el alivio apenas duró unas semanas y las tensiones volvieron a amenazar los mercados de renta fija, con primas como la italiana al borde de los 300 puntos básicos. El emisor tuvo que dar una vuelta de tuerca más: hasta 1,35 billones de euros. Y un mensaje: si hace falta más, habrá más.

España e Italia, a la espera

Paradójicamente, España e Italia, los países europeos más castigados por la pandemia, son esas dos de las principales economías de la eurozona que no se encuentran en el grupo de los han podido reducir al mínimo el coste de su financiación. Al menos, la medida del BCE ha servido para contener los diferenciales de deuda, que no es baladí. De lo contrario, como sucedió en aquellas primeras semanas de confusión, la factura hubiera sido demasiado cara.

Las últimas estimaciones sobre el efecto de la crisis están apuntando a que la recuperación podría no ser tan rápida como se había previsto en principio. El temor a los rebrotes del virus en aquellos lugares donde parece controlado y la situación en otros donde, por momentos, parece fuera de control (como los casos de Brasil e, incluso, EEUU) hacen que prácticamente todas las expectativas de un repunte acelerado se basen en la llegada de la tan ansiada vacuna o, en su defecto, un tratamiento farmacológico eficaz.