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Pere Aragonès, vicepresidente del Govern / EUROPA PRESS

La Generalitat, impotente por su irrelevancia en la operación BBVA-Sabadell

Las dos entidades sólo están atentas al regulador y defienden la posible fusión en la que ganarán sus accionistas sin tener en cuenta la posición de la Generalitat

6 min

Los reguladores. Es lo único que interesa a BBVA y al Banc Sabadell, que son conscientes de los mensajes que se han difundido en los últimos meses, desde el Banco de España y desde el Banco Central Europeo para animar las fusiones bancarias. Y, de nuevo, en esa operación de posible fusión, el Govern de la Generalitat ha quedado al margen. De hecho, el problema del Ejecutivo catalán es que no tiene a nadie al frente, para, por lo menos, seguir con cierto detalle la aproximación entre los dos entidades, presididas por Carlos Torres y Josep Oliu, respectivamente.

Se trata de aceptar un nuevo paradigma, el de que se “puede y se debe ganar dimensión”, según las fuentes financieras consultadas, y que en todo el mundo se busca una mayor consolidación del sector. El Govern, que ahora dirige Pere Aragonès, en funciones de presidente, no ha estado al caso de la operación, como ya le ocurrió con la operación de Caixabank y Bankia. Las mismas fuentes señalan, además, que ni hay un presidente, ni nadie dentro del Govern que conozca con detalle el mundo financiero.

La advertencia de Oliu

El crédito del Govern se ha perdido, pero no ha sido por la propia institución de la Generalitat, sino por los dirigentes políticos que están ahora al frente. Tanto BBVA como Sabadell se deben “a sus accionistas”, y tienen presente todas las exigencias de la CNMV y de los reguladores. La operación acaba de iniciarse y queda mucho camino por delante. Pero, aunque no se trata de pedir permiso a la Generalitat, al verse implicado el Sabadell, sí se hubiera ofrecido mayor información, con un cruce de reflexiones y consejos, si los protagonistas fueran otros.

El presidente del Banc Sabadell, Josep Oliu, se entrevistó con Oriol Junqueras en el departamento de Economía, justo después del referéndum del 1-0, para comunicarle que la entidad cambiaba de sede. También lo hizo Caixabank, y miles de empresas. Desde entonces, el Govern de la Generalitat, y después de ser suspendido por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, las consultas han dejado de existir.

El independentismo, sin argumentos

En aquel momento, había un presidente y un consejero de Economía. Oliu habló con Carles Puigdemont, como president, y con Junqueras, al frente de Economía. Pero ahora, ¿quién está al frente?, se pregunta el mundo financiero y económico.

De hecho, aquellas advertencias de Oliu llegaron antes, en enero de 2017. El presidente del Banc Sabadell le comunicó a Junqueras que la entidad podía cambiar de sede para seguir bajo el paraguas del BCE, en caso de independencia de Cataluña. La respuesta del vicepresidente y consejero de Economía en aquel momento fue la de restar toda importancia. “No se tiene que preocupar en absoluto. Él lo sabe, no hay nadie más europeísta que nosotros”, afirmó tras añadir que “la mejor presencia” que podía tener Cataluña en Europa era a través de un estado propio.

 

El lamento de los hombres de Puigdemont

Ahora en el Govern se lamentan por las operaciones financieras que pueden consolidar a Madrid como una de las grandes plazas bancarias europeas. El asesor del expresidente Quim Torra y de Carles Puigdemont, Aleix Sarri, lo ha ejemplificado: “Con Caixabank casi controlada desde de Madrid después de la fusión con Bankia, ya sólo faltaba el Sabadell que ara será comprado por el BBVA. El gran proyecto español se alcanza: todo el poder bancario estará centralizado en Madrid”.

Esa es la proyección que hace el independentismo de las distintas operaciones, sin valorar que es una oportunidad también para accionistas, profesionales y el conjunto de la sociedad, que “dispondrá” de bancos más sólidos en una situación económica internacional marcada por la incertidumbre.

El consejero de Empresa, Ramon Tremosa, se ha limitado a pedir que se mantenga "el peso del Sabadell" en Cataluña y que no se recorten puestos de trabajo. Pero el tono es ya distinto al empleado con la fusión de Caixabank y Bankia, cuando insistió en que la sede debía estar en Cataluña, por la mayor importancia de Caixabank en la entidad resultante. La resignación de que ni han sido informados ni pueden hacer gran cosa es ya la tónica en el Govern de la Generalitat. 

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