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Cataluña es la única comunidad con un centro penitenciario específico para jóvenes / CG

Así es la vida en la prisión con más jóvenes musulmanes de España

Aumenta la radicalización en la Cárcel de Jóvenes de Barcelona, con un 60% de población islámica, donde los funcionarios denuncian la falta de coordinación con los Mossos

6 min

Y de repente se dejan la barba, se rapan la cabeza y lucen señales en la frente que denotan su violento rezo. ¿Síntomas de radicalización islámica? Para los funcionarios de la Cárcel de Jóvenes de Barcelona resulta muy difícil saberlo, pues carecen de formación, recursos y, sobre todo, de vías de colaboración con los Mossos d’Esquadra que permitan procesar lo que ocurre en ese centro. El que concentra el mayor número de jóvenes reclusos musulmanes de España y donde se podría obtener información muy valiosa en las tareas de prevención de atentados como los que ha sufrido Barcelona y Cambrils.

Esta prisión está situada en el municipio de La Roca del Vallès, junto a la cárcel de Quatre Camins. Anteriormente había estado situada en el casco urbano de la Ciudad Condal y es el único centro de España autónomo donde solo hay reclusos de entre 18 y 25 años. Cerca de un 60% de ellos son musulmanes.

Un funcionario que trabaja en esta cárcel asegura a Crónica Global que en los últimos años se han detectado señales de radicalización, pero la ausencia de canales de colaboración con los cuerpos policiales impiden analizar correctamente esos síntomas. “En los cacheos habituales encontramos carteles con la imagen de Bin Laden o líderes de ISIS, cuando antes aparecía Zidane, que tiene origen musulmán. Requisamos el material y les reprendemos porque una cosa es el Corán y otra muy distinta es ensalzar el terrorismo”, explica este trabajador.

Conflictos durante el Ramadán

Pero los mayores incidentes se producen durante el Ramadán, que en los últimos años se ha celebrado en meses muy calurosos. “Los presos más radicalizados ejercen una fuerte presión sobre el resto y exigen que, entre las 7 de la mañana y las 10 de la noche, ni beban, ni coman, ni fumen. Eso provoca un estado de nerviosismo que se traduce en enfrentamientos”, narra este funcionario, quien advierte de que algunos reclusos han comenzado a desobedecer a las mujeres funcionarias.

Se trata de internos muy jóvenes que han nacido en Cataluña o que proceden de otros países donde han vivido situaciones muy dramáticas. “Los imanes entran los fines de semana en el centro y dirigen el culto en grupos de 10 ó 12 reclusos. No sabemos qué se dice en esas reuniones porque no tenemos traductores”, añade esta fuente, quien precisa, no obstante, que el 99% de los internos musulmanes conviven pacíficamente.

De la importancia de la información que puede obtenerse en las cárceles da fe el hecho de que Driss Oukabir, el primer detenido tras el atentado de Barcelona, estuvo en la cárcel de Figueres (Girona), de donde salió en 2012. Asimismo, el imán de Ripoll Abdelbaki Es Satty, muerto en la explosión de Alcanar (Tarragona), salió de la cárcel de Castellón también en 2012. 

"Escuelas de yihadismo"

“Solo pedimos que se nos faciliten medios para poder estar en alerta. Formación, recursos… Tenemos la sensación de que, cuando se detiene a los yihadistas, la Administración se olvida de ellos. No importa que dentro de unos años salgan de nuevo o que no puedan ser reinsertados”, explica el responsable de prisiones de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF), Juan Luis Escudero. “No queremos que las cárceles se conviertan en escuelas de yihadismo. A diferencia de ETA, que hacía proselitismo contra el Estado, los radicales islamistas y el lavado de cerebro que hacen pasan desapercibidos”, denuncia Escudero. 

“Yo detecté individuos radicalizados en la antigua cárcel Modelo, pero nadie me dijo qué tenía que hacer, ni información, ni cursos. Lo único que sabía lo encontré en Internet”, explica otro funcionario de prisiones.

Existen protocolos de control del yihadismo en las cárceles, como el aprobado el octubre del año pasado por el Gobierno español, pero “son papel mojado porque las señales de radicalización en las prisiones no son evidentes. Se necesitan más funcionarios, asistentes sociales y educadores, y que éstos sepan cómo actuar”, indica Escudero.

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