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Una mujer embarazada espera un bebé por gestación subrogada / PIXABAY

Gestación subrogada: adiós a los derechos del bebé

Los expertos alertan de que esta práctica tiene consecuencias traumáticas para los hijos y para las madres gestantes, además de generar innumerables situaciones de abuso

18 min

Alrededor de 20.000 bebés nacen cada año en el mundo mediante vientres de alquiler. En la última década, España ha inscrito a más de 2.300 niños nacidos por gestación subrogada en los últimos diez años. Entre 2017 y 2020 se recibieron 1.730 solicitudes para inscribir como españoles a menores nacidos mediante esta práctica. Sin embargo, la maternidad subrogada sigue siendo ilegal en nuestro país, y en la mayoría de los países del mundo. De hecho, muchos siguen considerándola una práctica poco ética e inmoral.

Ana Trejo lleva muchos años denunciando con vehemencia la gestación subrogada. Al frente de Stop Vientres de Alquiler, es autora del libro En el nombre del padre: explotación de mujeres con fines reproductivos y venta de bebés recién nacidos, que se puede descargar de forma gratuita. Esta divulgadora feminista desmiente rotundamente el argumento que muchos partidarios de los vientres de alquiler utilizan para acogerse a ellos. "Ser madre/padre no es un derecho. El derecho internacional no prevé un derecho a tener un hijo ya que los hijos e hijas no son bienes o servicios que el Estado pueda garantizar o suministrar, sino seres humanos, titulares de derechos que la subrogación vulnera", explica.

Derecho a tener un hijo vs derechos del bebé

Y es que intentando proteger unos supuestos derechos que no existen se acaban vulnerando los que son una realidad, los del bebé, el ser más vulnerable y, por tanto, el que más protección necesita. Sin embargo, “es el más olvidado”, lamenta Ibone Olza, reconocida psiquiatra infantil y perinatal. “Se le vende, se le separa de su madre nada más nacer, se le priva del derecho a su identidad en muchos casos... Es trata de seres humanos, compraventa de recién nacidos, hay que llamarlo por su nombre”, denuncia esta profesional de la salud mental.

María Berrozpe, doctora en ciencias biológicas, opina en la misma línea que Olza. “Se está comercializando con vidas humanas. Es una compraventa de bebés. La prueba es que, si sale defectuoso y no lo quieren, no hay repercusiones para los compradores que deciden no hacerse cargo de la criatura así engendrada. Nadie evalúa la idoneidad de esos adultos para engendrar a esos bebés en esas condiciones”, sostiene Berrozpe. Apunta, además, hacia la otra protagonista del acuerdo, la madre gestante, la otra gran olvidada. “En un 99% se está aprovechando la situación de vulnerabilidad de una mujer, por mucho que eso se intente maquillar, especialmente en los países ricos industrializados como EEUU. Pero en los países pobres, esa vulnerabilidad es tan evidente que ni esconderse debajo de la alfombra se puede. Es un proceso que pasa por encima de los derechos más fundamentales de los seres humanos, en este caso de los bebés así engendrados y de las mujeres que los gestan”, afirma esta doctora en biología.

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Un bebé coge el dedo a uno de sus progenitores / PIXABAY

El bebé sufre la separación de su madre biológica

Uno de los argumentos que los defensores del vientre de alquiler sostienen es que ni la madre gestante ni el bebé sufren tras la separación que se da después del nacimiento, cuando el pequeño/a es entregado a los que serán, de facto, sus nuevos padres. “El que la madre no se vincule con el bebé durante el embarazo es improbable, pero, si se consigue, la vivencia del bebé en el embarazo es la de no ser querido, lo que indudablemente puede dejar una herida muy profunda en la construcción de su personalidad. Los psicoterapeutas conocemos de cerca el sufrimiento de muchas personas que vienen de embarazos no deseados y con ausencia de vinculo materno”, explica Olza.

Gerado Vizmanos es pediatra con más de 20 años de experiencia a sus espaldas. Su opinión respecto a la gestación subrogada es clara. “Mi paso por unidades de neonatología y prematuros me demuestra que la separación del bebé de su madre biológica puede tener consecuencias a corto, medio y largo plazo. Es curioso como en la era de la humanización de las unidades de prematuros en las que se favorece el contacto piel a piel con la madre y con el padre, podamos pretender que la separación del bebé de la madre biológica no tenga consecuencias. El método canguro, preconizado por la OMS e instaurado en las unidades de neonatología en el que se favorece el contacto piel a piel con la madre ya en la sala de parto y la lactancia materna precoz, salta por los aires si separamos al bebé de la madre biológica. Están demostrados los beneficios fisiológicos y la consolidación de los lazos afectivos entre el neonato y su madre cuando se favorece --como de hecho se da en la naturaleza-- el vínculo madre hijo desde el nacimiento de éste”, apunta. “Durante los primeros 10 años de vida, el control cognitivo del niño se asocia directamente al vínculo madre hijo y se potencia con un contacto temprano como es el método canguro. En el caso de la gestación subrogada o vientre de alquiler, ya sea o no producto del óvulo de la mujer que les ha gestado, la separación del bebé que durante toda la gestación oyó, olió y sintió a su madre podría llegar a considerarse una mala praxis. El vínculo madre-hijo es fundamental para el desarrollo pleno tanto físico como psíquico del niño y futuro adulto”, señala el pediatra Vizmanos.

Madre gestante e hijo: ¿sin relación genética?

Una de las muchas razones que aducen los partidarios de los vientres de alquiler para minimizar el vínculo entre bebé y gestante es que como normalmente el óvulo no es de la madre de alquiler, no habrá conexión genética entre ellos. ¿Qué hay de cierto en esto?

La psiquiatra Ibone Olza es directa. “Es una mentira como una catedral. Todo el embarazo es puro intercambio biológico, la gestante es el ambiente que potencia la expresión o inhibición de según qué genes, la epigenética. Es llamativo que a las mujeres que animan a ser madres con óvulos de otras mujeres se les explique toda esta conexión genética mientras que en la subrogación se oculta”, ironiza.

Consecuencias negativas para la madre biológica

La ginecóloga Miriam Al Adib Mendiri, premio Doctoralia 2021 y autora de algunos libros, entre ellos Hablemos de nosotras. Reflexiones de una ginecóloga rebelde, describe gráficamente lo que sucede tras el parto. “En ese momento se da una explosión de hormonas y neurotransmisores (tanto en la madre como en el bebé) muy importantes para que se inicie de forma saludable todo el proceso de apego. Una separación implica no completar el proceso de comunicación que se inicia desde el momento de la concepción; hay una fractura de los sistemas de apego para los que ambos han sido biológicamente preparados.

En la madre, esta separación implica aumento de riesgo de dificultades para la lactancia materna y de depresión postparto. La lactancia materna, además, favorece que el útero se contraiga (lo que protege de hemorragias y anemia), es un factor que protege a la madre de la depresión postparto, y a largo plazo tiene otros muchos efectos protectores tanto para la salud materna como del bebé”, relata esta ginecóloga de origen sirio, muy activa en Instagram.

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Una mujer embarazada en una playa / PIXABAY

Efectos traumáticos

Pese a que no hay trabajos publicados sobre la salud a largo plazo en las mujeres que han realizado subrogación, la doctora Al Adib Mendiri subraya que “sí se han estudiado los efectos adversos más inmediatos. En esta línea en el estudio de cohortes realizado por la doctora Woo y su equipo, se demuestra que la gestación subrogada aumenta los resultados perinatales adversos: el parto prematuro, bajo peso al nacer, hipertensión, diabetes gestacional materna y placenta previa, en comparación con los embarazos concebidos espontáneamente por la misma mujer (Woo et al. 2017). Lo que significa que la subrogación en sí origina estos resultados adversos, ya que las mismas mujeres en sus otros embarazos no subrogados no padecieron consecuencias semejantes, como tampoco sus hijos anteriores”.

Las consecuencias emocionales que llegará a vivir la gestante tras el parto son demoledoras. “El cuerpo de la mujer reaccionará como si el bebé hubiera muerto, ya que no hay un hijo al que amamantar y cuidar. Y eso es traumático y dañino para la mujer. No hay más que leer los testimonios de muchas de esas madres que, incluso años después, son incapaces de olvidar a las criaturas que gestaron y de las que no saben nada en la gran mayoría de casos, especialmente cuando son mujeres de países pobres a las que se les promete que se les informará de cómo evoluciona el bebé y mil cosas más, pero luego nadie se acuerda ya de ellas”, afirma la Doctora en Biología María Berrozpe.

¿Práctica altruista?

El vínculo entre vientres de alquiler y negocio --multimillonario-- es estrecho. Según el estudio de mercado The Global Surrogacy Market Report, elaborado por Global Market Insights, el negocio de los vientres de alquiler alcanzará un nada desdeñable volumen de 27.500 millones de dólares (alrededor de 23.000 millones de euros) en el año 2025. Por ello, para Ana Trejo, fundadora de Stop Vientres de Alquiler, “el altruismo es otra de las mentiras que nos quiere vender la industria de la subrogación y sus lobbies de compradores. Menos del 2% de todos los acuerdos de subrogación en el mundo son altruistas. La realidad es que muy pocas mujeres están dispuestas a someterse a esta práctica por pura generosidad, sin que medie un pago a cambio, porque la principal motivación para someterse a un embarazo y entregar a un bebé es la necesidad económica. Si las mujeres del mundo tuvieran buenas opciones para ganar el dinero necesario para poder desarrollar sus proyectos vitales, como montar sus pequeños negocios, acceder a una vivienda o pagar la educación de sus hijos e hijas, no sería tan fácil explotar a las mujeres vulnerables. La falta de educación, la pobreza y la desigualdad entre los sexos en todos los ámbitos de la vida es el caldo de cultivo de la explotación de los cuerpos de las mujeres”, esgrime.

“En ambas modalidades, tanto altruista, como comercial, se produce un pago por parte de los compradores de bebés a las agencias y las clínicas, y estos a su vez gestionan el pago de los compradores a las madres de alquiler por la entrega de un bebé. No hay nada de altruista, siempre hay una transacción económica”, añade la activista Trejo.

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Un bebé en brazos de su madre / PIXABAY

¿Comparable a la adopción?

Otro argumento trampa para justificar la separación abrupta entre madre y bebé es que es un proceso similar al de adopción. Para Ana Trejo, “existe una gran diferencia, no es que ambas prácticas no puedan compararse, es que la subrogación es la antítesis de la adopción. Mientras que en la adopción o el acogimiento el objetivo central es la restitución de lo que el menor ha perdido, es decir, todos los vínculos físicos, emocionales, bioquímicos, etc., que pudieron haberse generado con su madre y padre biológicos; la explotación reproductiva se sustenta en la voluntad de los compradores de desvincular al bebé y a su madre biológica desde un punto de vista legal, emocional, físico y simbólico”.

“Esta comparativa es especialmente tramposa, porque son situaciones completamente opuestas. La adopción viene a reparar el daño de un bebé que tiene la herida de haber sido abandonado o rechazado, es sanadora y amorosa. En la subrogación esa herida la producen los que quieren criar al bebé, le producen el ser abandonado por su madre al nacer, es muy dañino”, amplía Ibone Olza.

Abusos

En los últimos años se han conocido casos de abusos relacionados con la gestación subrogada. Desde una pareja de padres australianos que abandonaron a uno de los mellizos que habían encargado por tener síndrome de Down, pasando por varios padres de alquiler condenados posteriormente por pederastia, a las últimas imágenes de un hotel de Ucrania con decenas de bebés recién nacidos esperando a ser recogidos por sus padres, que contrataron un vientre de alquiler y a los que las estrictas medidas de confinamiento impiden viajar al país para recogerlos. Para la activista Ana Trejo, “estos abusos se dan en países que permiten la subrogación, tanto en su versión comercial como altruista. En primer lugar, la regularización es en sí misma una violación de los Derechos Humanos de mujeres y bebés y, además, es la puerta de entrada a las mafias y al negocio ilegal".

"En la actualidad, dos tercios del mercado de la subrogación en Ucrania es ilegal. Tanto en Estados Unidos, como en Ucrania, con regulaciones comerciales, como en Grecia con regulaciones altruistas, abundan los escándalos y abusos relacionados con embarazos forzados, traslado de mujeres de unos países a otros, mujeres a quienes se embarazan antes de que existan unos compradores para vender luego a sus hijos/as en el mercado de la subrogación; abandonos de bebés por nacer con enfermedades o por separación de sus padres, bebés que salen de los países de manera ilegal; bebés cuyos compradores han sido declarados culpables de pederastia, etc. La única salida posible a este mercado de bebés y explotación reproductiva de las mujeres es la prohibición a nivel global”, concluye.