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José, el pollero apaleado en Barcelona para robarle la cartera cuando abría su comercio / CG

José, el pollero apaleado del Raval, última víctima de la Barcelona salvaje

El comerciante, agredido de madrugada cuando abría su histórica tienda, encarna un año negro en inseguridad en la Ciudad Condal

6 min

Es José, el pollero del Raval. El comerciante de la histórica Pollería Bellosta, con varias décadas de trayectoria en este barrio de Ciutat Vella, es la última víctima de la crisis de inseguridad en Barcelona, ciudad en la que ha habido un repunte del crimen en 2019. Este tendero ha vivido la ola delictiva en sus propias carnes, al ser apaleado de madrugada cuando subía la persiana del negocio que regenta. Presenta fracturas y contusiones.

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Imagen de la Pollería Bellosta, el último comercio víctima de la inseguridad en Barcelona / CG

En conversación con este medio, José, encargado de la pollería situada en la confluencia de las calles de la Cera y del Salvador, explica los hechos. "Sucedió hace unos días. Acudí a abrir la tienda como cada día, a las 5:50 horas de la madrugada. Es un momento complicado, pues aún no hay mucha gente por la calle. Cuando subía la persiana, noté como alguien se acercaba por detrás", narra. "Tal y como se cernió sobre mí, me golpeó y empujó. Yo caí al suelo. Del golpe que sufrí, me rompí el pie y encajé heridas en brazo y espalda. El individuo consiguió arrebatarme la cartera y salir corriendo", ha indicado. A José, lastimado en el suelo, lo ayudó uno de los primeros clientes de la tienda. "Le vio la cara al ladrón. Dice que es un chico joven, uno de los que han venido últimamente, pero no lo podría identificar", agrega.

"Esto es el salvaje Oeste"

Tras la agresión, José acudió al Parc de Salut Mar de Barcelona (PSMAR), donde fue atendido de una fractura en el pie y magulladuras en zonas de su cuerpo. Vuelve a trabajar, pero a medio gas y con ayuda. "Llevo una férula de inmovilización en el pie. Allí está mi hermano Ramón --señala hacia el fondo del comercio-- que me trae y se me lleva en coche. Y he tenido que retrasar la hora de apertura. Ya no vengo a las 5:50, ahora hasta las 7:30 horas, cuando hay gente por la calle, no aparezco. E igual con el cierre. Cerramos a las 20:00 en lugar de las 20:30 horas por seguridad", enumera.

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José, el pollero del Raval, es una de las últimas víctimas de la Barcelona insegura / CG

Mientras trata de volver a la normalidad, José pide a Gobierno catalán y Generalitat de Cataluña que reaccionen. "Esta siempre fue una zona difícil --la Pollería Bellosta estaba antes en la calle del Carmen--, pero es que ahora se ha puesto imposible. Entre los robos y la heroína, esto es el salvaje Oeste. Y nadie hace nada. Denuncié lo ocurrido a los Mossos d'Esquadra, y ni uno solo ha venido a verme desde entonces. Ni una llamada. Nada". lamenta.

Punto negro

Como José, también pide más presencia policial Diana, encargada del histórico bar Cuatro Vientos, con 40 años de historia en la calle de la Cera. "Cuando bajo a abrir, llevo un espray de defensa en el bolso. Entre ladrones y mala gente, el barrio se ha puesto fatal", admite. Pese a sus precauciones, esta comerciante también ha sido víctima del repunte del crimen en esta zona de Barcelona. "Hace 15 días reventaron la persiana e intentaron colarse. Destrozaron los cristales, pero no pudieron meterse porque saltó la alarma", ilustra.  "El problema es que en la calle Reina Amalia --perpendicular a la calle de la Cera-- se acumulan narcopisos y gente que vive de no trabajar. Se dedican al hurto y a la droga y claro, la zona se ha venido abajo", razona.

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El cristal destrozado por cacos en el bar Cuatro Vientos de Barcelona / CG

Una opinión similar aportan desde Can Lluís, restaurante que sirve en la zona desde 1929. "Desde la calle de la Cera hasta la Ronda de Sant Pau el barrio se ha puesto fatal. Es cierto que siempre fue una zona de Barcelona especial, pero es que últimamente lo es más: se ha degradado", critican. Apuntan también al foco de inseguridad de la calle Reina Amàlia como causa de los males del barrio. "Estamos aquí desde siempre y sabemos cómo es el barrio. Pero es cierto que antes se respetaba a la gente que trabajaba aquí. Si había hurtos, las víctimas eran turistas. Ahora ya lo somos todos", apostillan.

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