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La portavoz de Junts per Catalunya, Elsa Artadi, en la manifestación de protesta por la detención de Carles Puigdemont / JXC

Sorpresa, confusión y perplejidad en el independentismo tras la detención de su líder

El PDeCAT apuesta por formar un Govern lo antes posible, pero todo ha cambiado y Junts per Catalunya y ERC están paralizados

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Muchas opciones y ninguna. El independentismo ha quedado paralizado, cuando, precisamente, ha comenzado a pasar algo que había previsto: detención de Carles Puigdemont y algaradas en las calles. Sin embargo, la sorpresa, la confusión y la perplejidad es total, con el PDeCAT intentado que se forme un gobierno lo antes posible, y con Esquerra Republicana sin dirigentes, improvisando una dirección y con todos sus planes en papel mojado.

La dirección del PDeCAT se reunió con carácter de urgencia. Las decisiones que se puedan tomar, según el partido que dirige Marta Pascal, deberán acordarse con las defensas de los consejeros encarcelados y con los letrados de Carles Puigdemont. También se pide “la máxima calma”, pero se insiste en que se pueda formar gobierno lo antes posible, pese a la nueva situación tras la detención del expresidente catalán.

La presión en la calle

Los exconvergentes han logrado una cierta unidad en las últimas horas, con la celebración de un consejo nacional, este sábado, al que acudieron los dirigentes de Junts per Catalunya más cercanos a Puigdemont, como Elsa Artadi. El partido tiene estructura, y se siente capaz de resistir. Ha renovado sus cargos en el Parlament, con Marc Solsona y Lluís Font, sustituyendo a Jordi Turull y Josep Rull en las negociaciones con Esquerra, y con Lluís Guinó, como el hombre de enlace entre el partido y el grupo parlamentario. Y la voluntad es tratar de formar gobierno, pero con la convicción de que ahora no puede dejar en la estacada a Puigdemont, y que la propia presión en la calle le imposibilitará acciones rápidas en los próximos días y semanas.

Lo mismo ocurre en Esquerra Republicana, aunque con más dificultades. En la exConvergència hay un entramado orgánico, con muchos alcaldes y cargos territoriales. En Esquerra es más débil, con toda la dirección descabezada, con Oriol Junqueras en prisión y Marta Rovira ‘exiliada’ en Suiza. Todo el peso ahora recaerá en Pere Aragonés, adjunto a la dirección, y en Sergi Sabrià, el presidente del grupo parlamentario. La voluntad, hasta ahora, era formar gobierno, pero Esquerra es consciente de la presión social, de su entorno, de las entidades como la ANC y de los comités de defensa de la República, los CDR.

Opción Domènech

Esa parálisis, mientras se espera conocer qué ocurre con Puigdemont, puede favorecer la inminencia de unas nuevas elecciones, porque el reloj ya corre desde la votación de la investidura frustrada de Jordi Turull del pasado jueves. Serán 60 días de infarto, para que se convoquen, si no hay un nuevo candidato, unos nuevos comicios de forma automática.

Queda una posibilidad. El PDeCAT no lo descarta, tampoco Esquerra, aunque dependerá de quién se ofrece como candidato: se trata de acercarse, ya de forma directa, hacia Els Comuns, con ocho diputados, lo que hace innecesarios los cuatro votos de la CUP.

Y aparece una idea: buscar la presidencia de Xavier Domènech, el líder de los Comuns, y formar un gobierno de unidad, con la incorporación de independientes. Algo que busca con más intención Esquerra que el PDeCAT o Junts per Catalunya.

Los responsables, sorprendidos

Pero ahora el desconcierto es total. “No se sabe qué se puede hacer, todo es diferente desde la detención de Puigdemont”, admiten fuentes de las dos fuerzas políticas, muy preocupadas por las escenas que se vivieron en la calle, con las cargas de los Mossos. Sin embargo, todo eso estaba en el guión, era previsible desde que Puigdemont decidió viajar a Bruselas.

Ahora, el independentismo se muestra desorientado, aunque haya ayudado de una forma diáfana a llegar a esta situación.