Puigdemont sube la apuesta con el propósito de repetir elecciones

El expresidente quiere llevar al límite su estrategia, sin temer unos nuevos comicios, que considera que serían favorables al independentismo

Carles Puigdemont, expresidente catalán, dispuesto a que se repitan las elecciones si es necesario, si no puede ahora ser presidente / EFE
25.01.2018 00:00 h.
5 min

El entorno de Carles Puigdemont tiene sus dudas. Pero prima la idea de que se debe llevar la estrategia “legitimista” hasta el final. Si muchos votantes de Esquerra Republicana optaron por la lista de Junts per Catalunya al entender que la posición de Puigdemont suponía el mejor pulso al Estado --frente a los titubeos de ERC--, en unos nuevos comicios eso se podría dimensionar todavía más, dando por hecho que JxCat debería ahora abarcar a todo el independentismo.

Aunque las direcciones del PDeCAT y de ERC viven con temor esa posibilidad después de que Puigdemont les haya roto todas las estrategias anteriores, nadie sabe cómo detener su determinación de ser el nuevo presidente de la Generalitat. Fuentes del entorno de Puigdemont están convencidas de que se encontrará “la manera” de nombrarle presidente, y que ya se las apañará el Gobierno español para impedirlo. Y la telemática cobra fuerza, porque Puigdemont no quiere, en ningún caso, regresar a Barcelona sin garantías de que no será detenido.

Los juicios que llegarán

En último caso, Puigdemont está dispuesto a ir a unas nuevas elecciones, aunque los dos partidos confían en un paso atrás, cuando se compruebe que no queda otra posibilidad. Pero, ¿en manos de quién estará el futuro de la política catalana cuando Puigdemont se tope con la legalidad? El Gobierno de Mariano Rajoy deberá analizar cómo resuelve una difícil ecuación: la exigencia de que se cumpla la legalidad, y eso vale también para la Mesa del Parlament, pero también la de asumir la legitimidad obtenida en unas elecciones. Y en eso se va emplear a fondo Puigdemont en las próximas horas.

Lo que genera preocupación en los partidos independentistas es vislumbrar el futuro inmediato. Es decir, se puede, en el último instante, lograr un Govern con un presidente sin causas pendientes, y con la voluntad de afrontar la legislatura sin tensionar, de nuevo, el marco constitucional. Pero, ¿qué pasará cuando se vayan celebrando los juicios a los políticos encausados, como el propio Puigdemont, Oriol Junqueras y el resto de consejeros? El mundo soberanista no se quedará de brazos cruzados, y eso es lo que genera una gran incertidumbre.

El 155 en vigor

Eso lo sabe el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Y también Puigdemont, que, en esa situación, no desdeña unas nuevas elecciones, que no serían inmediatas –Rajoy ha comprobado que pudo ser un error convocar con tanta inmediatez los comicios tras aplicar el 155 de la Constitución--. Y, con el 155 en vigor, con una sensación de que el Gobierno español no sabe cómo ofrecer alguna vía de solución política, el soberanismo estaría dispuesto a doblar la apuesta.

Esa es la intención de Puigdemont, que, de hecho, no ha engañado a nadie. Tampoco a los suyos. Aseguró que él debía ser el presidente, o, en caso contrario, se deberían convocar nuevas elecciones. Y no quiere ceder, a pesar de la presión que inyecta Esquerra Republicana, y, en menos medida, el PDeCAT, que está entregado al entorno de Puigdemont.

Recuperar las instituciones

Por ello, el presidente del Parlament, Roger Torrent, según las fuentes consultadas, quiso expresar públicamente, tras reunirse en Bruselas con Puigdemont, que la prioridad absoluta es que haya un nuevo gobierno cuanto antes para que se deje de aplicar el 155 y se puedan “recuperar las instituciones”. Ese mensaje público es una clara advertencia a Puigdemont para que entienda que se debe retirar en beneficio, precisamente, de las instituciones.

El tira y afloja será enorme en las próximas horas y días, antes de que el Parlament convoque el pleno, previsiblemente el próximo martes, para elegir al presidente. 

El problema es que Puigdemont está arrastrando a los partidos y a las instituciones, lo que podría provocar una nueva fase de gran inestabilidad en Cataluña, algo que no casa, precisamente, con el bienestar económico y social de la sociedad catalana.

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