El rostro del presidente catalán, Carles Puigdemont, en el inicio de la legislatura, mitad y el momento actual

El rostro del presidente catalán, Carles Puigdemont, en el inicio de la legislatura, mitad y el momento actual

Política

Puigdemont y Junqueras: así han cambiado sus rostros desde el inicio de la legislatura

Expertos en comunicación no verbal analizan cómo han evolucionado las expresiones del presidente y del vicepresidente catalanes con la escalada de tensión del ‘procés’

26 septiembre, 2017 00:00

La tensión y el peso de la responsabilidad se notan en la apariencia de los políticos de primera línea. No sólo el envejecimiento parece más rápido por el desgaste de sus cargos, sino que las situaciones complejas y las épocas más agitadas cambian de manera visible sus semblantes. La comunicación no verbal del presidente y del vicepresidente de la Generalitat son prueba de ello.

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras están sometidos a una presión inusual desde hace casi dos años. El exalcalde de Girona llegó a la presidencia del Govern en sustitución de Artur Mas en enero de 2016 con el mandato de llevar a Cataluña a la independencia. Entonces, el líder de ERC también accedió al Ejecutivo, como número dos. Un año y nueve meses después, el procés ha evolucionado, la tensión ha aumentado y la imagen de ambos ha cambiado.

Los expertos en comunicación no verbal consultados coinciden en ver diferencias entre el inicio de la legislatura y la actualidad. El cambio ha sido gradual, aunque se ha acelerado en el último mes. Las detenciones y registros llevados a cabo por la Guardia Civil y la Policía Nacional la semana pasada se añaden a semanas de intensa actividad parlamentaria, con la tormentosa aprobación de las leyes de desconexión y las posteriores suspensiones por parte del Tribunal Constitucional.

Gestos inconscientes

“El rostro es donde más se nota la diferencia, aunque también ha cambiado la comunicación exterior de ambos”, explica Jorge Santiago, decano de la facultad de Comunicación de la Universidad Camilo José Cela y miembro del comité de investigadores de la Asociación Comunicación Política (ACOP).

El rostro del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, en el inicio de la legislatura, mitad y el momento actual

El rostro del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, en el inicio de la legislatura, mitad y el momento actual

El rostro del vicepresidente catalán, Oriol Junqueras, en el inicio de la legislatura, mitad y el momento actual

Los ojos y los hombros caídos, la mirada baja y perdida y las manos entrelazadas son algunas de las muestras inconscientes de una mayor tensión que ve Santiago en ambos políticos. La responsabilidad política, la “toma de decisiones que afectan a mucha gente”, es parte de las causas de un ademán más serio y rígido, especialmente en las últimas semanas.      

El nerviosismo de Puigdemont

Según la psicóloga experta en intervenciones sistémicas en el Hospital Sant Pau María Eugenia Juárez, en el caso de Puigdemont es más clara la evolución, mientras que en Junqueras el cambio es más sutil. “En las imágenes del día de la investidura y de los primeros meses de mandato del presidente catalán se observa una expresión de satisfacción, orgullo personal, pero también cierto nerviosismo”, comenta.

Esta inquietud es una nota constante en el semblante y los gestos de Puigdemont, que a medida que han pasado los meses, se ha incrementado. “En las fotos más recientes, conserva el determinismo en su discurso, aunque se visualiza cierta tensión en el rostro, preocupación y hasta podría decirse que temor”, indica Juárez.

Junqueras: más control

El vicepresident suele ser pausado y ordenado en sus discursos, e intenta siempre tener el control de la situación. Según la psicóloga, el cambio se ha notado sobre todo en sus manos y su mirada: “En sus últimas comparecencias públicas, sus ojos muy abiertos indican el deseo de visualizar todo lo que le rodea ante un posible peligro en el ambiente”.

Esto también se aprecia en los discursos de ambos; las frases se vuelven más cortas, directas y cortantes, explica Jorge Santiago. Las posibles consecuencias personales de todo ello se añaden a la situación de tensión política, que se ha alargado en el tiempo y se ha trasladado al plano social.