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Carles Puigdemont en su casa de Waterloo, a la que volverá tras su estancia en Alemania / TV3

Un Puigdemont crecido regresa a Waterloo dispuesto a arrasar al PDeCAT

El expresidente apuesta por la Crida Nacional, pero su amenaza de romper el carnet si Marta Pascal no dimite ha cohesionado al partido de cara a su asamblea

20.07.2018 00:00 h.
5 min

Juego sucio, con advertencias y amenazas, crecido por los fracasos del juez Pablo Llarena en sus diversos intentos de extraditarlo. Carles Puigdemont viste con un ropaje político sus cuestiones personales, y amenaza a su partido con dejar su militancia --como explicaba Crónica Global este jueves-- si Marta Pascal continúa al frente del PDeCAT. Con la intención de regresar cuanto antes a Waterloo, desde Alemania, Puigdemont se ve con fuerzas para arrasar al PDeCAT y diluirlo como un azucarillo en la Crida Nacional para la República, su proyecto peronista para aglutinar a todo el independentismo.

Ese es su propósito, ayudado por algunos exdirigentes de Convergència, como Quico Homs, que maniobra para recuperar lo que él cree que perdió en el congreso de refundación de CDC, que dio lugar al PDeCAT, con el liderazgo de Marta Pascal. Pese a todo, el partido se ha cohesionado, según explican las fuentes consultadas, porque se ha entendido “una burla y un menosprecio” a los propios militantes, que son los que decidirán la nueva dirección.

Una pieza más

Lo que está en juego, y se abordará en la asamblea del PDeCAT de este fin de semana, es la propia supervivencia del partido. El equipo de Marta Pascal propone una lista integradora, con hombres en posiciones centrales como Lluís Puig, que sigue fuera de España, en Bruselas, junto al resto de exconsejeros exiliados. La voluntad es la de no integrarse en la Crida Nacional, al margen de que los militantes del PDeCAT puedan colaborar. Esa lista, con ese objetivo, podría enfrentarse –se comprobará en el último momento— con otra alternativa, liderada por Joan Ramon Casals, el alcalde de Molins de Rei, hombre de paja, en realidad, de Puigdemont, y los círculos que dominan Francesc Homs y Jordi Turull, este último desde la cárcel.

La voluntad de esos dirigentes es la de formar parte de la Crida, como una pieza más de un proyecto personalista, con muchos elementos que “llevan a la confusión”, más escorado a la izquierda, y de claro corte peronista. Es la idea, curiosamente, de viejos del lugar que nunca han abogado por ese populismo que ya se desparrama, como Davíd Madí, Agustí Colomines –autodenominado de izquierdas, pero siempre en la órbita de la antigua Convergència, fue director de la fundación del partido, la Fundación Trias Fargas— o el exsocialista Ferran Mascarell.

La fuerza de los alcaldes

El equipo de Marta Pascal no lo tiene claro. Es consciente de la fuerza de Puigdemont, que se ha convertido en el referente del independentismo, reforzado ahora por la decisión de Llarena de retirar la euroorden, una vez ha comprobado que la justicia alemana no ha querido extraditarlo bajo el delito de rebelión.

Pero también la actual dirección del PDeCAT tiene un argumento sólido: el entramado de alcaldes convergentes en todo el territorio, los cargos en la administración, apoyan la estructura de un partido que, con grandes cambios en los últimos años, mantiene una cierta coherencia ideológica. En un periodo claramente preelectoral, de cara a las elecciones municipales, esos alcaldes se podrían inclinar por mantener “un partido propio, con personalidad y no diluido en algo que ya se verá en qué se concreta”, en referencia a la Crida Nacional per la República.

Los "chicos" de Mas

El choque puede ser crucial. Puigdemont está dispuesto a organizar ese movimiento peronista en un instrumento político, con la ayuda de exdirigentes que han vivido de su supuesta influencia, y que han ido perdiendo enteros en los últimos años. Dirigentes, como David Madí o Francesc Homs, que aconsejaron a Artur Mas a tomar todas sus decisiones, sin querer asumir que las siguientes eran cada vez más erróneas que las anteriores: desde la convocatoria de elecciones anticipadas en 2012, hasta el consejo de que Mas se retirara porque se lo pedía la CUP, para poder seguir en el Govern, pasando por las consulta del 9N, y dejarlo todo en manos de Puigdemont, que ha dado rienda suelta a su activismo independentista de forma irresponsable.

Ese es el escenario en el que se moverá el militante del PDeCAT, el militante de lo que fue Convergència, el partido que ha gestionado la mayor parte de la Cataluña democrática desde 1980.