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Pilar Rahola, en el programa 'Preguntes Freqüents' de TV3

[Examen a TV3] 'Procesismo' de baja intensidad

'Preguntes freqüents' es un programa descafeinado cuyo presentador actúa con cierta displicencia

4 min

Como una de las obligaciones de esta sección temporal es ver programas de TV3 que, en circunstancias normales, no te tragarías jamás, el sábado por la noche me senté ante el televisor para saber de qué iba Preguntes freqüents, espacio presentado por Ricard Ustrell, una figura de la radio local que ya ha anunciado su intención de abandonarlo en cuanto acabe la temporada para volver a lo suyo, donde nadie puede verlo. Yo esperaba una buena dosis de procesismo en vena, pero me tuve que conformar con un programa descafeinado cuyo presentador, lejos de la vehemencia de un Graset, se comportaba con cierta displicencia, como si se aburriera un poco, en plan Bartleby (recordemos el lema del célebre personaje de Melville: "Preferiría no hacerlo").

La cosa arrancó con Ustrell en Madrid, visitando el Parlamento en compañía del corresponsal de TV3 y poniendo cara de que se aburría soberanamente. Luego pasamos a un panel de analistas femeninas compuesto por las directoras de Ara, Nació Digital y Público (una mujer especialmente avinagrada, por cierto) y una redactora de El Español. Dada la actitud discreta y convivencial de Ustrell, no hubo manera de que las tres primeras lincharan a la última, que salió viva del envite. Las procesistas estuvieron de un amable y educado que decía mucho a su favor, pero afectaba a la calidad del espectáculo y al espíritu de la casa, que intentó salvar la podemita con algunos comentarios venenosos.

Rahola 'salva' el programa

A continuación, el ausente Ustrell se sentó con Pepe Domingo y Antonio Baños y yo confié en que empezaran las bofetadas. Baños lo intentó, pues se toma muy en serio su última personalidad, la de indepe antimonárquico (“ese chico que hace de rey”, dijo refiriéndose a Felipe VI), que parece la definitiva, aunque con él nunca se sabe (cuando lo conocí, hace un montón de años, iba de periodista moderniqui, y luego pasó por una fase de economista alternativo), pero Domingo no entraba al trapo, hablaba sin alterarse ni levantar la voz y se dedicaba, simplemente, a contradecir a su oponente. De vez en cuando, algún comentario del moderador totalmente inofensivo.

Después de ver discutir correctamente al abogado de Puigdemont, Alonso-Cuevillas, y un constitucionalista cuyo nombre no pillé, llegué a la conclusión de que aquello no lo levantaba nadie. Afortunadamente, la aparición de Pilar Rahola, recién llegada de Jerusalén, subió la temperatura. Pilar no necesita que le den conversación, pues ella ya trae el monólogo preparado de casa, así que Ustrell, instalado en su galbana, la dejó largar. Y así nos cayó un cursillo acelerado de sionismo y una muestra de santa indignación ante el inminente expolio de las obras de Sijena (tema por el que Ustrell no le preguntó, pero que ella abordó porque, si no, reventaba). Ahí se interrumpió el tono letárgico del programa, lo cual hizo que un servidor de ustedes, que se estaba quedando apaciblemente dormido en el sofá, se desvelara con el contundente discurso de Rahola y le costara luego coger el sueño. No le aconsejo a nadie que se vaya a la cama con las palabras de Rahola resonando en su cerebro. Quedan advertidos.