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La coordinadora del PDeCAT Marta Pascal junto Carles Puigdemont y el exconsejero de Interior, Joaqum Forn, en una imagen de archivo/ EFE

El PDeCAT mantiene los puentes con Moncloa a espaldas de Puigdemont y Junqueras

Fuentes del Gobierno español admiten conversaciones con los convergentes, quienes preparan su futuro sin Artur Mas y sin la radicalidad del presidente catalán

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No todos los puentes entre el independentismo y el Gobierno de Mariano Rajoy están rotos. Dirigentes de PDeCAT han mantenido el contacto con Moncloa con la finalidad de explorar una posible salida al embrollo del referéndum del 1 de octubre. Lo hacen con suma prudencia, casi a escondidas, pues el pulso entre Gobierno y Generalitat ha llegado a un punto tan extremo que a ninguna de las dos partes conviene divulgar que no pierden la esperanza de una solución pactada.

Según ha podido saber Crónica Global de fuentes próximas al Ejecutivo español, existen conversaciones con dirigentes convergentes, especialmente a través del grupo parlamentario del PDeCAT en Las Cortes. Por parte de los convergentes, se admiten esos contactos, pero niegan que se trate de una negociación.

¿Aplazar el referéndum?

Sectores de Junts pel Sí aseguran que incluso se había llegado a plantear un aplazamiento del referéndum, algo que la ejecutiva convergente niega. Pero lo cierto es que, a diferencia del presidente Carles Puigdemont, y del vicepresidente Oriol Junqueras, el PDeCAT no quiere cortocircuitar del todo su canal de comunicación con Moncloa. El objetivo: preparar su futuro, posiblemente “autonomista”, más allá del 1-O.

“Junqueras, con el plácet de Puigdemont, se reunió con Pablo Iglesias en casa de Jaume Roures. Aquí cada uno mira por sus intereses”, explican a este diario fuentes conocedoras de estas dinámicas internas del PDeCAT, así como de los enfrentamientos con ERC.

La purga de Puigdemont

En efecto, son varios los dirigentes convergentes que han planteado públicamente la posibilidad de que el referéndum no se lleve a cabo en la fecha prevista. Algunos pagaron por ello, como el exconsejero de Empresa, Jordi Baiget, que abrió la purga de miembros del Ejecutivo de Puigdemont, todos ellos de CDC, llevada a cabo el pasado julio. Otros se mantienen fieles a la causa secesionista, aunque con un sentido pragmático, como la alcaldesa de Sant Cugat del Vallès, Mercè Conesa, o el consejero de Cultura, Santi Vila.

Si de ahí salen futuros líderes del partido y candidatos a la presidencia de la Generalitat, es algo que los procesos judiciales abiertos por la organización del 1-O deberán determinar. Pero lo cierto es que la radicalidad que hasta ahora ha demostrado Puigdemont y Junqueras dista mucho de la de PDeCAT, un partido que, además, afronta esta semana la publicación de la sentencia del caso Palau, sobre la financiación irregular de CDC mediante el cobro de comisiones procedentes de la adjudicación de obra pública.

Para los nuevos dirigentes de Convergència, se hace cada vez más perentorio pasar página de la etapa liderada por Artur Mas, que todavía es presidente del PDeCAT. Cómo propiciar que el expresidente catalán dé un paso al lado de la forma menos traumática posible –su entorno todavía da mucha guerra, aseguran estas fuentes— es el gran reto que en las próximas semanas tendrá que afrontar Marta Pascal, actual coordinadora del partido.

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