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Puigdemont y Torra exigen al Estado "anular todas las causas judiciales" por el 1-O

Las verdaderas razones por las que Puigdemont y Torra temen los acuerdos con Sánchez

El expresidente, activo desde Bruselas, necesita mantener la tensión con el Gobierno español, mientras el Gobierno catalán se ve interpelado para solucionar el día a día

05.08.2018 00:00 h.
6 min

El conflicto es notable. El Gobierno catalán no sabe qué dirección tomar. Los consejeros están divididos, porque obedecen a disciplinas distintas. Mientras los de Esquerra Republicana quieren iniciar una nueva etapa, y son objeto de las acciones de los CDR, los fieles a Puigdemont tratan de controlar sus impulsos. Es el miedo de Carles Puigdemont y de su delegado en la Generalitat, Quim Torra, para llegar a acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez. No se debe llegar a esa situación, se entiende, porque entonces todo el proyecto independentista caería por su propio peso.

El Ejecutivo de Torra actúa con cierta ambigüedad. No ha participado en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. El argumento es que las autonomías no pueden decidir, porque, a la hora de contar los votos, quien tiene la última palabra es el Ejecutivo central. Y porque ese Consejo es lo más parecido a un organismo netamente federal, donde los consejeros de Economía discuten sobre objetivos de déficit y las posibilidades para mejorar la financiación de sus respectivas deudas autonómicas. En ese caso, por tanto, se entraría de lleno en una senda que el independentismo más puro no puede permitirse.

Presencia en comisiones

Pero en las diferentes comisiones y conferencias sectoriales que ha organizado el Gobierno de Pedro Sánchez, sus ministros han comprobado la asistencia de delegados de la Generalitat. De segunda fila, sin la presencia de los consejeros, pero con atribuciones de directores generales. Ha ocurrido en Educación, en Vivienda y en Igualdad, con medidas, como en el caso de Vivienda, que han supuesto para la Generalitat hasta 200 millones de euros adicionales. Es lo que destaca la delegada del Ejecutivo español en Cataluña, Teresa Cunillera, que no puede entender que “este tipo de mejoras se menosprecien, o no se tengan en cuenta”.

El miedo de Puigdemont y de Torra es grande, porque esas aproximaciones suponen que, poco a poco, se vaya tomando conciencia de que el proyecto independentista no iba a ninguna parte, y que, de hecho, ha provocado un enorme terremoto en la sociedad catalana, con políticos presos y otros políticos independentistas que decidieron salir de España para no ser juzgados bajo los parámetros del juez Pablo Llarena.

Elecciones a la vista

El problema para el independentismo es ahora Puigdemont, crecido por la decisión de la justicia alemana de no extraditarlo bajo el delito de rebelión, y que desea llegar hasta el final, con el impulso del movimiento Crida Nacional per la República, que ya cuenta con 50.000 adheridos. Puigdemont necesita agitación, mantener viva la llama independentista, y para ello arrastra al Govern de Torra, según las fuentes consultadas, que admiten las enormes dudas que se han creado en el seno del Ejecutivo catalán.

Por ello, por esa presión de Puigdemont, Torra ya ha comenzado a preparar el terreno. Si no se aprueban los presupuestos, aseguró el pasado viernes, se verá en la tesitura de convocar elecciones. Eso sólo lo podrá ejecutar tras el 27 de octubre, cuando se cumplirá un año de la convocatoria de los últimos comicios. A partir de ese momento, tendrá potestad para poder llamar a los catalanes, otra vez, a las urnas.

Proyectos conjuntos

¿Por qué? Porque se prefiere seguir adelante, huir de los acuerdos, de las reuniones con los representantes del Gobierno.

La prueba de ello fue la reunión de la Comisión Bilateral Estado-Generalitat del pasado miércoles. El Gobierno no tenía grandes pretensiones, pero sí las de iniciar proyectos conjuntos y analizar todas las cuestiones pendientes. Aunque el encuentro fue bien, con un buen clima, y con entendimiento por las dos partes, se quiso afirmar que había sido un desastre, que el Ejecutivo no tenía ninguna pretensión de cambiar nada.

¿Cita en diciembre?

Y ese es el problema de fondo. Puigdemont busca una salida personal, pero también un salto adelante, que comporte dejar atrás la etapa autonómica. Y el Gobierno de Pedro Sánchez, como él mismo aseguró el viernes en su valoración de sus dos primeros meses como jefe en la Moncloa, se ha armado de “paciencia”. Poco a poco, como si fuera una envolvente, los socialistas buscarán acuerdos, orillando un referéndum de autodeterminación. Y ante eso, ante la palabra ‘acuerdo’, el Govern de Torra cierra los ojos. Para nada. ‘No me quiera usted tanto mal’, vendría a decir Torra.

Quien más sufre esa situación es Esquerra Republicana, pero presenta, todavía, una retórica rupturista, aunque sus dirigentes sean ‘quemados’ en las redes sociales por decir que lo primero es “ampliar la base social del independentismo”, como sostiene el diputado en el Congreso, Joan Tardà.

Mientras, Pedro Sánchez sigue cabalgando. ¿Próxima estación? En diciembre, en Madrid, se deberá reunir otra vez la Comisión Bilateral Estado-Generalitat. Tal vez ya no asistirá nadie del Gobierno catalán, sea por un nuevo choque institucional o porque hay elecciones convocadas.

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