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Pedro Sánchez ante un panel informativo de la Bolsa española, que muestra la respuesta de los mercados / CG

Los mercados normalizan la inestabilidad política en España

Ni la prima de riesgo ni los inversores ni las autoridades europeas se inquietan por la convocatoria electoral de Sánchez, a la espera de cómo evolucionen los socios de la UE

16.02.2019 00:00 h.
9 min

España ha logrado una extraña característica: la inestabilidad política comienza a ser severa, con elecciones generales, una vez más, convocadas para el 28 de abril. Los comicios se añaden a los de 2015 y 2016, tras una repetición electoral. Sin embargo, eso no se traduce en una crisis de nervios por la situación económica. Los mercados han normalizado esa inestabilidad política, en gran medida por el anclaje de la economía española a las directrices de la Comisión Europea. Otra cosa es, y eso sí preocupa, la evolución posterior, y no tanto por España como por la situación de los principales socios comerciales: Francia, Alemania e Italia, que pasan por un momento de turbulencias.

La agencia Moody’s difundió este viernes un primer informe al conocer la convocatoria electoral del presidente Pedro Sánchez. Y la respuesta fue clara: “impacto económico limitado”. La previsión de la agencia de medición de riesgos es que la economía española crezca un 2% a lo largo de este año, algo menos del 2,2% que prevé el Ejecutivo de Sánchez. Lo que se vislumbra a medio plazo es que España puede sufrir, pero no debido a esa inestabilidad, sino por la desaceleración del sector exterior, por el descenso de la demanda de mercados como el alemán o el francés, y también el italiano. Se trata de los principales socios comerciales de España, que pasan por un mal momento. Hasta el 34% de las exportaciones españolas se dirigen a esos países.

Sede central de Moody's / EFE

La agencia de medición de riesgos, Moody's

El anclaje con el BCE

A diferencia de hace sólo unos años, antes de que el Banco Central Europeo decidiera tomar las riendas para domar la crisis del euro, por la determinación de Mario Draghi, en contra de la ortodoxia alemana, la prima de riesgo española ni se inmuta. Este viernes subió un mínimo 0,44%, hasta 115,30 puntos. Esa es la diferencia respecto al bono alemán a diez años. El riesgo, por tanto, es imperceptible.

Todo eso en año en el que España sale al mercado para lograr 209.526 millones de euros, en emisiones brutas, según las previsiones del Tesoro español. En términos netos, se trata de 35.000 millones de euros, una cifra casi igual a la del año pasado. Eso implica que España tiene una dificultad, al margen de todo y de la situación política, y es que reduce poco su deuda, aunque el PIB crezca a buen ritmo. La válvula de seguridad la tiene el Banco Central Europeo, que tiene en su balance unos 210.000 millones de euros de deuda española, lo que significa el 22% del total.

El presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi / EFE

Mario Draghi, el guardián de la política monetaria europea, como presidente del BCE

Ahora bien, ¿eso demuestra que la política ha comenzado a tener un papel residual en la vida económica, y que el vigor empresarial puede compensar la inestabilidad institucional? No incide si la dinámica es de crecimiento. Pero sí podría mejorar las cosas, y eso es lo que indican las agencias de riesgo. Moody’s señala que si de las elecciones surge un gobierno estable se podrían implementar las reformas necesarias, como la reforma de las pensiones o la atención a las grietas macroeconómicas, es decir, a la reducción del gasto estructural, que asegure una reducción efectiva del déficit, y, por tanto, de la deuda. Todo ello lleva a los países a entrar en un círculo virtuoso en el que no está ahora España, aunque haya salido del pozo que supuso la crisis económica que se inició entre 2007 y 2008. Sólo en 2017 se recuperó el PIB de antes de la crisis, con lo que, en la práctica, la economía española estuvo lastrada durante diez años.

Una idea de que esos factores externos son los que importan, al margen de la inestabilidad política, la indica el vicepresidente de DBRS y analista de rating soberano para España, Javier Rouillet. Asegura que las elecciones no auguran cambios bruscos en la política económica, y que la economía española se “ralentizará en 2019”, pero “la incertidumbre política, probablemente, no tendrá un impacto negativo”.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia en la Moncloa / EFE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el anuncio de las elecciones

Podemos ya no asusta

La situación política también ha cambiado de forma significativa. Si en 2015, había una fuerza política disruptiva, como era Podemos, que había logrado cinco eurodiputados en las elecciones al Parlamento europeo un año antes, y si en 2016 también mantenía una proyección de crecimiento, ahora las cosas son muy distintas. Ni Podemos, el partido de Pablo Iglesias, es ahora la fuerza que quería replantear las políticas de la Comisión Europea, con una reorientación, incluso, sobre el papel de España en el euro, ni tiene en 2019 un papel determinante o la posibilidad de gobernar. Ha cambiado Podemos, ha descendido su papel y también la Comisión Europea ha modificado sus políticas de austeridad.

La ascensión de Vox preocupa en la esfera política europea, pero no incide en el área económica. Para la agencia Moody’s existe un posible escenario político, tras las elecciones del 28 de abril, y es una coalición entre PP, Ciudadanos y “el socialmente conservado” Vox. Es decir, se amortiza una posible influencia del partido de extrema derecha que dirige Santiago Abascal.

Mejorar con un Gobierno estable

Y, de hecho, lo que ha supuesto un alivio, porque nunca se acabaron de ver claras las previsiones de ingresos, por parte de la Comisión Europea, es la no tramitación de los presupuestos del Estado para 2019. Moody’s se hace eco de esa cuestión. Por una parte se trata de un factor positivo, porque, mientras los gastos se mantienen al nivel de las cuentas prorrogadas de 2018, los ingresos aumentan por el crecimiento económico. Pero, por otro lado, las nuevas medidas de gasto, aprobadas por decretos leyes, como la subida de las pensiones o del salario para los funcionarios pueden lastrar las cuentas, porque, en paralelo, tampoco se han podido aprobar las medidas que iban a permitir la subida de ingresos, como los cambios en el impuesto de sociedades.

La economía va sola. Pero, por eso mismo, será sensible a lo que ocurra con los socios europeos de España. Y si saliera de las elecciones un gobierno con capacidad de gobernar, entonces la política podría ayudar a crecer con vigor y a disminuir los problemas de las finanzas públicas. Pero eso llegará, si ocurre, tras las elecciones del 28 de abril, pero en función de lo que ocurra el 26 de mayo, con las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Con todos los resultados en la mesa, los distintos partidos optarán a pactos y coaliciones, con todo el poder pendiente, en la Moncloa, en las Comunidades Autónomas y en los municipios.

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