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Manifestación de Plataforma per la Llengua en defensa de la inmersión en lengua catalana / CG

Los castellanohablantes, ese oscuro objeto del deseo del independentismo

Los partidos independentistas se desmarcan de un manifiesto promovido por lingüistas y escritores que aboga por suprimir la cooficialidad del castellano en una hipotética Cataluña independiente

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El nacionalismo catalán más radical se ha reivindicado esta semana con la reclamación de la supresión del castellano como lengua cooficial en Cataluña. Así lo recoge el manifiesto titulado 'Por un verdadero proceso de normalización lingüística en la Cataluña independiente' que este jueves hicieron público cerca de dos centenares de lingüistas, escritores y académicos del Grup Koiné y de la asociación Llengua i República.

Los firmantes argumentan que el bilingüismo está acabando con la lengua catalana y reclaman que solo esta sea oficial en un hipotético futuro Estado catalán. El texto califica el castellano como "lengua de dominación" y de "imposición", y considera que los "inmigrantes" castellanohablantes fueron utilizados como "instrumento involuntario de colonización lingüística".

Entre los impulsores se encuentran Joaquim Arenas i Sampera ('padre' de la inmersión lingüística), Joan-Pere Le Bihan Rullan, Diana Coromines i Calders, Lluís de Yzaguirre i Maura, Josep Ferrer i Ferrer, Àngels Folch i Borràs, Enric Larreula i Vidal, Mercè Lorente i Casafont, Margarida Muset i Adel, Dolors Requena Bernal, Silvia Senz Bueno, Blanca Serra i Puig, Pau Vidal i Gavilán (autor del libro 'El bilingüismo mata') y Josep M. Virgili i Ortiga.

Sin embargo, el objetivo de desposeer al castellano del estatus de lengua oficial en Cataluña no es una novedad. En realidad es una vieja reclamación que se remonta varias décadas atrás y que, de vez en cuando, recupera un cierto vigor, aunque sin el éxito que sus promotores desearían.

Una vieja y recurrente reclamación

Una de las primeras organizaciones que exigió la supresión de la cooficialidad del castellano en Cataluña fue la 'Crida a la solidaritat en defensa de la llengua, la cultura i la nació catalanes'. Esta entidad nació en 1981 y estuvo activa durante doce años. Uno de sus principales promotores fue Jordi Sànchez, actual presidente de la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

A mediados de los años noventa del siglo pasado, otra entidad, la Coordinadora d’Associacions per la Llengua Catalana (CAL) --muchos de cuyos miembros provenían de La Crida-- hizo suya la bandera de la reivindicación del catalán como única lengua oficial, en este caso, no solo en Cataluña sino en lo que los nacionalistas denominan Países Catalanes, esto es, Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Andorra, una parte de Aragón (conocida como La Franja) y de Murcia (la zona de El Carche), el Rosellón (en Francia) y el Alguer (en Italia).

Posteriormente, numerosas entidades --capitaneadas por Òmnium Cultural y Plataforma per la Llengua-- se fueron sumando a esa reclamación. Y, más recientemente, destaca la asunción de esa reivindicación por parte del Institut d’Estudis Catalans (IEC), una suerte de academia de la lengua catalana.

Los castellanohablantes, necesarios

Los principales partidos nacionalistas e independentistas, en cambio, no han hecho suya esta demanda. Con la intensificación del proyecto independentista, el estatus del castellano en la futura 'República catalana' se puso sobre la mesa, y los principales diseñadores de la hoja de ruta secesionista lo tuvieron claro: el castellano debería seguir siendo oficial.

Tanto los primeros espadas del 'procés' --Artur Mas y Oriol Junqueras-- como buena parte de sus ideólogos de cabecera --Jordi Pujol, Eduard Voltas, Carles Capdevila, Joan Vila i Triadú, Sebastià Alzamora y el juez Santiago Vidal, entre otros--- no han dudado en subrayar en los últimos años que el castellano debería ser oficial en una Cataluña independiente (aunque no con el mismo grado que el catalán).

Si bien, algunos de ellos admitieron que esa defensa de la cooficialidad del castellano respondía a intereses partidistas. Su teoría era bien sencilla: sin sumar a los castellanohablantes, el independentismo no será nunca mayoritario en Cataluña. El caso de Súmate, formada por castellanohablantes independentistas e impulsada por ERC, fue un intento --fallido-- de implementar esa estrategia.

50,7% de los catalanes

Tras conocerse el manifiesto de este jueves los partidos independentistas se han puesto de perfil (como es el caso de CDC, que se remite al programa electoral de Junts pel Sí, en el que se propugna la cooficialidad del castellano en una Cataluña independiente), lo han rechazado tímidamente (en el caso de ERC, con unos tuits de Joan Tardà y de Gabriel Rufián), o han guardado silencio (la CUP prefieren no posicionarse al respecto). Solo algunas figuras retiradas --como Josep-Lluís Carod-Rovira-- o en el ocaso de su carrera política --como la ex consejera de Enseñanza Irene Rigau-- han mostrado su apoyo público al manifiesto.

Y es que ninguno de los partidos quiere renunciar al 50,7% de los catalanes que, según el Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat), tienen el castellano como lengua habitual.