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Los fieles de Puigdemont tapan el nombre de las sedes del PDeCAT, como esta en Tarragona, con las de Junts per Catalunya /CG

El desprecio de los afines a Puigdemont al PDeCAT abre el cisma convergente

Borràs protagoniza una campaña “caótica” con pocos asesores y pendiente de las indicaciones del expresidente

20.04.2019 23:30 h. Actualizado: 20.04.2019 22:26 h.
5 min

Es una imagen que ilustra el menosprecio al partido. Así lo creen los que todavía se mantienen en el PDeCAT, que esperan los resultados de las elecciones generales y de las municipales para acometer una reflexión profunda que les lleve a una escisión, un auténtico cisma en el mundo exconvergente. Los afines a Carles Puigdemont, como la candidata al Congreso, Laura Borràs, desprecian lo que queda de ese mundo. Y son capaces de tapar las siglas del partido, como se ilustra en esta información, (en Tarragona), para dejar claro que el PDeCAT “no existe”.

Lo que existe es Junts per Catalunya. ¿Pero qué es exactamente? Esta semana dimitió el jefe de comunicación del PDeCAT, Josep (Pep) Rius, que era, también la pieza fundamental de la campaña en las elecciones generales. Aunque oficialmente el jefe de campaña es Josep Luís Cleries, el senador del PDeCAT protagoniza diferentes mítines por todo el territorio y no se dedica. Cleries ha cruzado la frontera: de ser un clásico convertente, --un hombre de parroquia, de los sectores católicos de la vieja Convergència—ha pasado a ser uno de los fundadores de La Crida, ferviente independentista a las órdenes de Puigdemont.

Cuatro o cinco diputados en el Congreso

La salida de Rius no ha sido una sorpresa entre los cuadros del partido. Se lo había advertido a David Bonvehí, el presidente del PDeCAT. Este lunes tiene previsto dejar el cargo Joel Codina, jefe de imagen del partido, otra pieza importante, con lo que Bonvehí se queda en cuadro. La sensación es que “esto se acaba”, señalan fuentes internas. Se acaba, ¿pero en qué se transforma?

Laura Borràs y Míriam Nogueras, durante el acto de Junts Per Catalunya / EUROPAPRESS

Laura Borràs y Míriam Nogueras

Esa imagen de la sede del PDeCAT en Tarragona, cubierta por los carteles de Junts per Catalunya, se difundió en los grupos de whatsapp internos, con gran alboroto y alegría. Junts, sin embargo, sólo es una marca electoral, al servicio de Puigdemont, sin que La Crida haya fructificado. Con los malos resultados que marcan las encuestas, entre cuatro y cinco escaños, por los doce o trece que se asignan a Esquerra Republicana, los movimientos llegarán luego, tras las municipales. Los alcaldes convergentes no quieren saber nada hasta ese momento. Pero tomarán decisiones, al margen de si Puigdemont es elegido o no eurodiputado en las elecciones del 26 de mayo.

Un núcleo de afines

Borràs ha prescindido de la vieja guardia. Tiene a su lado, todavía, a un veterano, Josep Pagès, secretario del grupo parlamentario durante años, que le asesora en alguna medida del programa electoral. Pero se basa en sus amigos: Francesc de Dalmases, diputado en el Parlament; Albert Batet, y el propio Cleries, y Míriam Nogueras. Poco más. Borràs lee las notas que le pasan, pero no se pronuncia, porque es ajena a todo ese mundo, sobre políticas económicas, sociales o de ámbitos concretos como el sanitario. No sabe ni le interesa. Lee y recita.

Los cuadros del PDeCAT muestran su malestar. Los afines de Puigdemont ignoran por completo al partido, y su labor no se valora.

Josep Costa (i), Francesc de Dalmases, Laura Borràs y Jaume Alonso-Cuevillas (d) en el avión de regreso de Bruselas, a donde acudieron a escuchar la conferencia de Quim Torra y Carles Puigdemont / TWITTER

Josep Costa, Dalmases, Borràs y Cuevillas, en un viaje hacia Bruselas

Pero, ¿la reacción cuándo y cómo?

¿En qué medida podrá haber una reacción? La marcará los resultados que se produzcan en los próximos comicios. El PDeCAT es consciente de que ya no se aguanta, de que perderá alcaldías importantes, pero intentará salvar la estructura, y reconducir un cisma que será inminente.

El objetivo es organizar una fuerza política de cara las elecciones autonómicas y establecer contactos con todos los movimientos que se han generado, desde Convergents, que se presenta al Congreso, con Sílvia Requena como cabeza de lista, hasta Lliures, el partido que dirige Antoni Fernández Teixidó o otros independientes que reclamen una nueva fuerza política de centro.

El paso lo ha dado Marta Pascal, al distanciarse de Puigdemont. Sin embargo, no se concreta nada. Todavía. Lo que se tiene claro es que entre Borràs o Dalmases y la vieja Convergència “no hay color”, y que es urgente una reacción.