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El abogado de Joaquim Forn , Javier Melero (i), y el letrado Andreu Van den Eynde, que defiende a dos de los acusados, Oriol Junqueras y Raül Romeva / EFE

Las defensas buscan alejar la violencia de los días clave del 'procés'

En la jornada 35 del juicio a los líderes independentistas resucitan las divergencias con los Mossos d'Esquadra

24.04.2019 19:46 h.
8 min

Tras la comparecencia de los más de 200 testigos propuestos por las acusaciones en el juicio del procés ha comenzado el desfile de los planteados por las defensas, que ya han comenzado a buscar entre los primeros interrogados elementos que les permitan corroborar que sus patrocinados no incitaron a la violencia en el marco de la celebración del referéndum ilegal del 1-O. Pero para cuando por la tarde han arrancado estas declaraciones ya habían resucitado, por la mañana, las discrepancias mostradas en su día por los Mossos d'Esquadra ante la inflexible disposición de la Generalitat de llevar a cabo la consulta pese a las advertencias de un posible escenario de hostilidad y revuelta.

Ha sido una sesión, la trigésimo quinta, marcada además por la resolución que, a escasos metros del Tribunal Supremo, salía a la luz en la Audiencia Nacional: la absolución del expresidente del FC Barcelona Sandro Rosell de los delitos de blanqueo de capitales y pertenencia a grupo criminal por los que el pasado mes de marzo se sentó en el banquillo de los acusados tras casi dos años en prisión provisional.

Disquisiciones sobre la absolución de Rosell

Los pasillos del edificio de la Plaza de la Villa de París en el que se celebra la vista oral contra los 12 líderes independentistas se han convertido en escenario de múltiples disquisiciones sobre el fallo mientras varios de los acusados proclamaban en Twitter la “arbitrariedad” producida con el encarcelamiento del exmandatario blaugrana --a quien el expresidente de la ANC Jordi Sànchez se refería como “el primer preso de las cloacas del Estado contra Cataluña”--, y la portavoz del Govern, Meritxell Budó, equiparaba las circunstancias de Rosell con las de los nueve inculpados del procés que se encuentran en prisión preventiva.

Dentro del salón de plenos, los primeros interpelados a petición de las defensas articulaban un discurso pacifista palmariamente antagónico a las acusaciones vertidas a lo largo de las últimas semanas por parte de agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil que intervinieron en las concentraciones registradas en los días previos al 1-O así como a lo largo de la jornada clave del procés. El eurodiputado de ERC Jordi Solé y la exjefa de Protocolo de la Consejería de Economía, entonces dirigida por Oriol Junqueras, Anna Teixidó, han negado que se produjese un ambiente de tensión durante los registros llevados a cabo en este departamento el 20 de septiembre de 2017.

Reticencias de Marchena

Los abogados de los inculpados han aprovechado la coyuntura para exprimir a su favor las declaraciones, aunque también se han encontrado con las reticencias del presidente del tribunal, Manuel Marchena, al planteamiento formulado por uno de los letrados, Jordi Pina, representante legal de los exconsejeros Jordi Turull y Josep Rull y de Sànchez. En su intervención tras la comparecencia de Solé, Pina ha solicitado que, una vez interrogue el abogado que haya propuesto al testigo de turno, interpelen las acusaciones y, en último lugar, el resto de las defensas. Pese a las reservas iniciales, Marchena ha señalado que la sala se pronunciará al respecto en la próxima sesión.

También el parlamentario europeo se ha topado con la contumacia del magistrado, quien, como ha hecho en otras ocasiones, ha frenado al testigo cuando éste ha comenzado a conducir su declaración por derroteros de cariz político más allá de su presencia en la concentración del 20 de septiembre, en la que Marchena le ha instado a que centrase sus respuestas.

Empujones fuera de Economía

Solé, cuya declaración ha sido propuesta por el abogado de Junqueras, Andreu van den Eynde, ha reconocido en un momento de su interrogatorio que varios guardias civiles se vieron impelidos a apartar a la multitud que comenzaba a agolparse a las afueras de la consejería y cómo durante la concentración se produjeron algunos “empujones”. Se trata de una manifestación que ha realizado después de que las defensas le hubiesen interrogado y la Fiscalía hiciese uso de la palabra, lo que ha motivado que Pina pidiese al tribunal, al término de la comparecencia, que los letrados de los acusados puedan preguntar en último lugar, amparándose para ello en el artículo 701 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LeCrim).

Teixidó, por su parte, también estuvo presente en la concentración y, en su declaración ante el tribunal, ha asegurado que colaboró en todo momento con los agentes del Instituto Armado y que, ante el tumulto que comenzó a formarse, comentó con Sànchez y con el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, la necesidad de desconvocar la concentración, aunque para ello “debían asegurarse de que eran representativos para toda la gente; tenían la percepción de que no lo eran”.

Batlle echa un capote a los Mossos

Antes de que ambos testigos accedieran a la sala ya lo había hecho el ex director general de los Mossos d’Esquadra Albert Batlle, cuyo interrogatorio se esperaba con expectación. Era, además, el último de los testimonios propuestos por las acusaciones. Batlle dimitió de su cargo dos meses antes de la celebración del referéndum y, en su comparecencia, ha aseverado tajante que desde el momento en que tomó posesión del cargo, en junio de 2014, hasta su cese siempre dijo “que los Mossos se debían al cumplimiento de la Ley y al servicio de la seguridad ciudadana”.

No sólo ha echado un capote a la actuación de la policía autonómica catalana, sino también al que fue su responsable durante los hechos, el mayor Josep Trapero, quien se encuentra a la espera de ser juzgado por un presunto delito de rebelión en la Audiencia Nacional. El testigo ha manifestado que Trapero era “muy celoso de las competencias que tenía”, motivo por el que “no habría aceptado injerencias del poder político” y, algo más explícito en sus explicaciones que los exconsejeros que ayer comparecieron por su dimisión al frente de la Generalitat, ha reconocido que cómodo no se sentía, “sobre todo por cómo podían evolucionar las cosas” en relación a la deriva secesionista.

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