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Imagen de archivo del impulsor de Lliga Democràtica, Josep Ramon Bosch / LENA PRIETO

El constitucionalismo catalán se fracciona por la irrupción del proyecto de la Lliga Democràtica

Grupos políticos y mediáticos vinculados a Vox, PP y a sectores católicos cargan contra Mon Bosch y la actual cúpula de Sociedad Civil Catalana

11.08.2019 00:00 h.
10 min

El constitucionalismo catalán se fracciona casi a la misma velocidad que el nacionalismo. En el caso de los independentistas, el enfrentamiento procede de la disputa por el espacio electoral entre los neoconvergentes y ERC, además de los ritmos: unilateralidad, y asumir las consecuencias, o negociación, y buscar espacios de entendimiento con el Gobierno central.

En el lado del constitucionalismo, tanto en su dimensión mediática como en la política, la disputa gira en torno a cómo lograr un Govern de la Generalitat no soberanista. La fractura más clara se aprecia en el seno de Societat Civil Catalana (SCC) y en sus satélites periodísticos. Uno de sus fundadores, Josep Ramon Mon Bosch, ha dejado su segundo mandato en la presidencia de la entidad para impulsar la Lliga Democràtica, un partido que aspira a ocupar el espacio del catalanismo moderado y que en teoría tiene unas reservas de 300.000 votos potenciales huérfanos de proyecto partidario.

Los dos millones de la discordia

Aunque el activo de la nueva formación no es SCC, una parte de sus propios asociados se ha lanzado en plancha contra Fernando Sánchez Costa, el presidente actual. Procede del PP, como Bosch, y ha defendido públicamente la necesidad de dar una respuesta a los “dos millones de catalanes que están luchando por la independencia desde hace seis años, (…) no les puedes decir no”.

La respuesta coral no tardó en producirse y se vehiculó primero desde un medio digital de Madrid. Xavier Marín, vicepresidente de SCC, al que VozPopuli le publicó una entrevista de tono contrario, fue el encargado de abrir fuego. En ella defendía la conveniencia de impedir que los partidos independentistas concurran a las elecciones, como ocurre en Alemania con los defensores de postulados nazis. O sea, absolutamente lo contrario de lo que defendía su presidente.

Una formación a la navarra

Dos días después, el mismo digital madrileño de Jesús Cacho que intenta desde hace años abrir un espacio propio en Cataluña, publicaba un artículo de Francesc Moreno, miembro de la junta de SCC que, como Marín, procede del ámbito de los socialistas catalanes. Sostenía la tesis de que la Lliga no logrará recoger los votos que va a perder Ciudadanos por la política errática de Albert Rivera con Cataluña.

Aunque Moreno solo se centraba en ese espacio electoral, en el 1,1 millón de votos que obtuvo Inés Arrimadas en las elecciones autonómicas de 2017, evocaba sin citarlo el plan que apadrina Josep Bou, concejal del PP por Barcelona, que se llama Catalunya Suma, a imagen y semejanza de la fórmula navarra. Consiste en aglutinar bajo ese nombre a una serie de pequeñas asociaciones que se unirían en torno a las siglas del PP y de Ciudadanos.

Los medios también median

El jueves, otro diario madrileño, en este caso Ok Diario, publicaba un artículo de Sergio Fidalgo, editor de El Catalán y presidente de la asociación de periodistas Pi i Margall (nacida del seno de SCC), en el que cargaba directamente contra esa entidad al considerar que ya “no sirve para sus fines fundacionales”. En su columna, además criticaba que Societat Civil esté ahora en manos de personas que votan a ERC en las elecciones de su localidad. Se refería a Mon Bosch, que en su día confesó que en las municipales votó a su primo, que es republicano, como alcalde del pueblo donde ambos viven. El rejón a la nueva etapa de SCC no tenía lugar en el blog periodístico que explota Fidalgo, sino a través también de un medio editado en Madrid, donde Bosch y su partido buscan el respaldo y los apoyos necesarios para afrontar con éxito su futuro.

Antonio Robles, filósofo y activista en defensa del castellano en Cataluña desde la primera hora del pujolismo, también escribía el jueves en un medio madrileño, LibertadDigital, contra SCC. Robles, fundador y diputado de Ciudadanos, que pasó luego por UPyD y que hace tres años fundó el Centro Izquierda Nacional (CINC), hablaba de "traición" para referirse a las palabras de Sánchez Costa y cuestionar la existencia de la entidad.

Captura de una intervención de Miriam Tey en una tertulia televisiva
Captura de una intervención de Miriam Tey en una tertulia televisiva

Miriam Tey, que fue directora del Instituto de la Mujer en el Gobierno de José María Aznar y el nexo más directo entre SCC y la Moncloa por razones familiares, ocupó hasta la crisis interna una vicepresidenta de SCC. Se emplea a fondo en la difusión a través de las redes sociales de los artículos y las informaciones contrarias al nuevo partido de Bosch, así como las críticas a las palabras de su propio presidente, Sánchez Costa.

Bosch en el ojo del huracán

Bosch se ha convertido en el centro de los ataques desde este sector del constitucionalismo purista que oscila entre las tesis más extremistas de Vox y alguna facción del PP más radical. Tras sobrevivir a los momentos más duros y a la persecución inmisericorde del brazo mediático del procés (incluida alguna presencia en los juzgados), los ataques le llueven al ser considerado el verdadero promotor del nuevo partido catalanista. Eso, incluso, pese a que mantenga un protagonismo discreto.

Por si esos elementos fueran insuficientes, cuando dio los primeros pasos para incubar el proyecto jamás se privó de explicar los apoyos económicos con los que cuenta; en síntesis, los mismos que un día se volcaron con SCC. De hecho, una de las grandes aportaciones de Bosch al éxito de SCC como respuesta al soberanismo --reconocida incluso por sus oponentes-- radicó en su capacidad comercial para implicar a empresas e instituciones de Madrid, sobre todo, en la financiación de la entidad civil. Nucleado, eso sí, a través de la Fundación Joan Boscà, que actuó como plataforma económica.

Bosch es un hombre capacitado y muy temido en el mundo del constitucionalismo: saben que es un mal enemigo. Por eso solo los más ingenuos se atreven a atacarle directamente. Uno de los golpes más recientes tuvo lugar en el seno de la entidad, cuando grupos críticos intentaron tomar el control de la dirección a propósito de la colaboración de SCC con la agencia de publicidad y comunicación Manifiesto, en la que Bosch mantenía actividad. Las cuentas y su control administrativo fueron el detonante, pero apartar a Bosch y a sus fieles de la organización eran el subyacente de una crisis que acabó saldándose paradójicamente con una nueva presidencia de Bosch.

“¿Debemos rendirnos?”

Los críticos menos atrevidos hacen alusiones indirectas, como una reciente del político y empresario de comunicación Joan López Alegre, que fue segundo en la lista del PP por Barcelona encabezada por Cayetana Álvarez de Toledo y es asesor de Bou. El tertuliano, que se quedó sin escaño por la estrepitosa caída del PP en la demarcación de Barcelona, difundía a través de su perfil de Twitter una pseudoencuesta del portal de internet vinculado a grupos católicos Dolça Catalunya que laminaba el proyecto de la Lliga también cargando contra SCC. La pregunta era: “¿Debemos rendirnos?”, como hace la dirección de Societat Civil Catalana. Para despejar dudas, lo dejaba claro: no.

En paralelo, Lliga Democràtica sufre sus propios avatares en el proceso fundacional. Aunque ha logrado una buena proyección mediática incluso antes de que se constituyera como partido, son decenas las organizaciones, plataformas, partidos que aspiran a hacerse con una porción significativa del espacio electoral de la antigua CiU. Un contingente de votos que puede ser la clave de bóveda para frenar un nuevo gobierno nacionalista al frente de la Generalitat en las elecciones autonómicas. Por si todo eso fuera poco, además, la formación política nace con sus propias incompatibilidades personales (Manuel Valls, Fernández Teixidó, Eva Parera, Santi Vila, Germà Gordó…) entre algunos de los líderes que han decidido aproximarse a la iniciativa.

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