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Imágenes del interior del Restaurante Bo di Napoli de Barcelona / CG

El boicot 'indepe' a la pizzería Bo di Napoli les sale por la culata

El restaurante acosado por los activistas del separatismo recibe la solidaridad silenciosa de los catalanes que no comulgan con el nuevo movimiento nacional

31.12.2018 21:00 h.
7 min

Una activista del independentismo decidió anunciar en las redes sociales que pondría una denuncia contra un restaurante de Barcelona al que acusaba de no disponer de una carta en catalán.

El anuncio dio lugar a una ola de acusaciones, sobre todo en Twitter, contra el propietario del local, al que se atribuía haber invocado la figura del general Franco para responder a las exigencias lingüísticas de la denunciante.

El disimulo

La campaña, lógicamente, no podía hacerse contra la inexistencia de la carta en catalán, lo que hubiera constituido a todas luces una caza de brujas o denuncia barriobajera de medio pelo. Lo que los cedeerres trataron de arrastrar por el barro era la respuesta defensiva de Dror Cohen, el propietario de la pizzería Bo di Napoli, cuando la stasi de la "República Democrática de Cataluña" le montaba un pollo en su local.

Pero el tiro les ha salido por la culata. A mediodía del lunes, 31 de diciembre, primer laborable desde que estallara el asunto, la respuesta del público fue la contraria a lo que buscaban los acosadores.

Cuadro de chapas de refresco en el Bo di Napoli / CG

Cuadro de chapas de refresco en el Bo di Napoli / CG

Algunos barceloneses habían reaccionado al boicot acudiendo a comer al Bo di Napoli, precisamente para contestar de forma discreta, sin publicidades y sin levantar la voz, al intento de hundir el negocio por parte del activismo independentista.

Una redactora de Crónica Global ha comido este mediodía en el local de la calle Valencia. Cuando abandonaba la pizzería preguntó a sus vecinos de mesa:

--¿Han oído algo de la polémica en torno a este restaurante?

--Precisamente por eso estamos aquí, para demostrar nuestro apoyo a las gentes que son víctimas de este tipo de campañas.

--Les estaba oyendo, y me ha parecido que no hablaban entre ustedes del caso.

--Porque lo tenemos muy asumido. Es un acto reflejo de respaldo a las víctimas de esta inquisición supuestamente democrática.

--Pues no tengo claro que a los boicoteadores les vaya a salir bien.

--Ya le puedo decir yo que esto es un boomerang. También hemos visitado el restaurante de Blanes que intentaron hundir, y el propietario nos dijo que desde aquel suceso factura más que nunca.

Imágenes del interior del Bo di Napoli

Ya delante de la caja, a punto de pagar la nota, un comensal que había oído la conversación anterior, se ha acercado a la periodista para decir: “Nosotros también hemos venido por la campaña. No somos militantes de nada, pero como teníamos que elegir un restaurante para comer, nos hemos decidido por éste; para apoyarles”. Efectivamente, había visto al matrimonio con los dos niños, pero no había reparado demasiado en ellos, tampoco en el idioma que utilizaban. Habían sido tan discretos como la pareja vecina.

Bo di Napoli recuerda aquellas primeras pizzerías de Barcelona situadas en la parte sur de la entonces llamada plaza Calvo Sotelo, hoy Francesc Macià. Una oferta gastronómica nueva para la época con producto popular y barato que exhibía en su entrada un horno auténtico de ladrillo donde se cocinaban las pizzas.

Lo italiano como marketing

En este local, casi todo es italiano. Los camareros saludan en italiano y responden a los clientes en un castellano pespunteado de palabras de su tierra, tratando de acentuar el carácter sureño de su cocina. No hay un solo vino español, como tampoco hay licores españoles. Solo tiene tienen la cerveza Ambar, barril y botella, como bebida local. La carta que ponen a cualquier comensal está en italiano --todos los platos están escritos en ese idioma, y además no hay más que especialidades italianas--, aunque incluye una traducción en minúscula al castellano y al inglés.

El local es una mezcla de evocación napolitana, con fotografías de la capital de la Campania de distintas décadas, con el aire de almacén que dan los ladrillos tipo tochana a la vista y las conducciones desnudas del aire acondicionado del techo. Un mobiliario funcional que contrasta con la inscripción de la serigrafía del cristal que separa los fogones de la sala: “La cucina è poesía”.

Cocina popular

En lo que se refiere a los platos, el local es normal, más bien popular. De primero, una provoleta bañada en tomate sherry con algo de orégano. Creo que la salsa no le sienta bien. Ni en Nápoles ni en Palermo había probado el provolone guisado así. Me gusta más el estilo argentino, tirando a parrilla. Después, un tagliatelle con gamba y pesto con demasiada presencia, otra vez, del tomate. Hubiera preferido una pasta simple con un pesto o incluso con ajo, aceite y queso rallado; pero no estaba en la carta. Pedí un postre poco habitual para mi: panna cotta. Muy correcto.

Postres italianos del Bo di Napoli / CG

Postres italianos del Bo di Napoli / CG

El café, también correcto, y las dos copas del siciliano Branciforte tinto --la grapa no me la cobraron-- sumó 48 euros, lo que tampoco cuadra con los precios populares. En definitiva, y salvadas las distancias de los acosos y la persecución inhumana de su hijo pequeño, no saben los indepes el favor que han hecho al señor Cohen.

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