Todo por la audiencia

Ramón de España
4 min

Desde que la Junta Electoral Central prohibió a TV3 utilizar términos como “presos políticos” y “exiliados”, en cada Telenotícies aparece un texto en el que se informa a la audiencia de que tales términos no pueden soltarse con la impunidad de antes. Hasta ahí, nada que objetar. El problema es que, cuando estás acostumbrado a manipular, no es fácil dejar de hacerlo de un día para otro. De ahí que TV3 asegure en el textito de marras que su manera de hablar se debía a “criterios periodísticos”.

Vamos a ver, ¿desde cuándo rigen en TV3 los criterios periodísticos, que algunos no nos habíamos dado cuenta de ello? ¿Qué criterio periodístico te obliga a llamar “presos políticos” a los políticos presos y “exiliados” a los fugitivos de la justicia? El único criterio que impera en TV3 es el político, pues para algo es el principal exponente del agit prop nacionalista.

Pero, claro, TV3, como todos los que nos dedicamos al noble oficio del periodismo, se debe a su público. Y su público está que trina por no poder oír las bonitas descripciones “presos políticos” y “exiliados”. El textito, pues, obedece a las ganas de quedar bien con los hooligans de la patria que componen la selecta audiencia de la cadena que les pagamos todos los catalanes, queramos o no. Dichos hooligans también están muy cabreados con Jordi Évole por haber dedicado un Salvados a un careo entre Ada Colau y Manuel Valls, ya que, según ellos, se trata de un par de desgraciados que no representan a nadie --o sea, que no son nacionalistas de pata negra-- y la obligación de Évole era montar un debate con candidatos separatistas a la alcaldía de Barcelona.

Olvidan que Évole, como TV3, también se debe a su audiencia. Y, dado que trabaja en una televisión privada, se debe asimismo a sus jefes. Y el hombre sabe que si organiza un debate entre Laura Borràs y el Tete Maragall, su programa experimenta un incremento preocupante de espectadores que cambian de canal porque se aburren como una ostra --¿y quién no?-- con semejantes muermos (por no destacar que Borràs no sabe castellano y el Tete farfulla más que habla) y puede que García Ferreras le pique la cresta. Salvados, no lo olvidemos, se emite para toda España, y fuera de Cataluña hay mucha gente que no sabe quienes son el Tete y la Borràs. Para interesar a su público, Évole tuvo que recurrir a dos políticos que, por lo menos, le suenan a todo el mundo en el resto de España: la una, por ser la primera alcaldesa bisexual del universo y el otro por haber sido primer ministro de la república francesa. Maragall y Borràs ya encontrarán su sitio en TV3 o en BTV, pero en el resto del país son veneno para la taquilla.

TV3 se debe a su público. Jordi Évole se debe a su público. Hasta yo me debo a mi público, pues si no me leyera nadie, me echarían de este admirable diario digital. Lo puede entender cualquiera. Menos los nacionalistas, claro

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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