Laura Vilagrà y la mesa de Putin

Ramón de España
7 min

En política, cuando necesitas para poder gobernar a alguien que, por regla general, te cae mal, corres el peligro de que tu socio oportunista no te deje pasar ni una, pues considera que te hace un favor apoyándote, aunque habitualmente se lo está haciendo a sí mismo para esquivar la irrelevancia.

Fijémonos en lo que le acaba de pasar a Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, con sus molestos socios de ERC por un quítame allá esas escuchas telefónicas: los tiene francamente cabreados y no pierden la ocasión de mostrarse muy contrariados e indignados. Y como lo que mejor se le da al lazismo es la pantomima, ahí tenemos la reunión entre Laura Vilagrà y Félix Bolaños, que se podrían haber sentado tranquilamente en sillones contiguos para hablar de sus cosas y han acabado, por obra y gracia de la anfitriona, situados en los extremos de una larga mesa como esas que tiene Vladimir Putin para recibir a los líderes mundiales que le caen mal (y que son casi todos).

Como no he visto micros en las fotos del evento, deduzco que la consejera y el ministro han debido comunicarse a gritos, lo cual, probablemente, era lo que pretendía nuestro gobiernillo para que quedara bien clarito que no está el horno para bollos y que hasta aquí podíamos llegar.

Si Pedro Sánchez no dependiera de ERC (tú te lo buscaste, presidente, que con tal de mandar eres capaz de pactar hasta con Jack el Destripador), Bolaños se hubiese ahorrado el viaje a Barcelona y el papelón subsiguiente. Es más, nadie tendría que haber dado explicaciones de ningún tipo a los de ERC. O, a lo sumo, Sánchez podría haberse plantado en desafiantes jarras (a lo Miguel Ligero en Nobleza baturra) y espetarle al Petitó de Pineda algo parecido a esto:

--Pues claro que os espiamos, chiquitín. ¿O es que te has olvidado de la que liasteis hace cinco años? Con los indultos de vuestros presidiarios, vais que chutáis. No sois de fiar y lo demostráis constantemente. Por eso hay que teneros vigilados, para prevenir posibles chaladuras y evitar que acabemos haciendo el ridículo, como cuando no conseguimos localizar las urnas del maldito referéndum. De paso, te recuerdo que los lazis intentasteis comprar hace un tiempo un programa parecido al Pegasus y que los Mossos d'Esquadra se dedicaron durante una época a espiar a políticos y periodistas desafectos al régimen. Y no me hagas hablar del fin de la separación de poderes que tenía pensado Puchi para la republiqueta, que me enciendo. Sois una chusma quimérica y desleal que debería estar entre rejas por el bien de España. Así pues, os espiamos y os seguiremos espiando hasta que aprendáis a comportaros. Para eso tenemos unos servicios secretos cuyas actividades, como indica su nombre, son secretas; así que, como decían en la mili, a reclamar al maestro armero.

Algo parecido podría haber declarado Sánchez ante la indignación del lazismo si no pactara con el primero que se le pone a tiro, aunque se trate de un enemigo del Estado (como es el caso). Pero como depende de Rufián y su pandilla para hacer como que gobierna, pues no le queda más remedio que hacerse el sorprendido ante la situación y enviar a su fiel Bolaños a Barcelona a comerse el marrón y a que lo sienten en la mesa de Putin. Suerte tiene de que la indignación de ERC es, principalmente, puro teatro, como casi todo en la política catalana.

Desde Waterloo, donde se desarrolla la parte más cómica del vodevil catalán, Puigdemont exige el corte de relaciones con el Estado español, pero lo hace con esa tranquilidad que le confiere estar al frente de un gobierno falso que ni pincha ni corta ni tiene que pechar con la realidad: mientras siga llegando el dinerito para mejillones y para la sobrasada de Valtònyc, allá penas. Pero es poco probable que Aragonès le haga el menor caso: primero, porque lo detesta; y segundo, porque él sí está al frente de un gobierno que mantiene una relación con la realidad, por oblicua que sea.

¿Qué gana ERC retirándole el apoyo al PSOE? Yo diría que nada. A lo sumo, unas nuevas elecciones que podrían ganar el PP y Vox. Por consiguiente, todo lo que se puede esperar de él en el caso Pegasus son amenazas, rabietas y exigencias de no obligado cumplimiento. Ante sus alharacas, no descarto que Sánchez haya podido decir algo en esta línea:

--Bolaños, coge las cuentas de colores y el agua de fuego, que te vas para Barcelona a parlamentar con nuestros indios. Y llévate un megáfono, que creo que te van a colocar en una mesa que le regaló Putin a Alay para quitárselo de encima. Ya te conoces el repertorio: comisiones, investigaciones internas, el Defensor del Pueblo, las engañifas de costumbre... Al principio te pondrán mala cara, pero acabarán tragando, que me los conozco como si los hubiera parido...

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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