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En manos de un gañán

Ramón de España
5 min

Pese a sus loables y meritorios esfuerzos por dejar de comportarse como un energúmeno y adoptar aires de estadista, al pobre Gabriel Rufián todavía le sale de vez en cuando el gañán que lleva dentro y que tantos problemas tendría para encontrar un trabajo fuera de la política. Lo pudimos comprobar el otro día, cuando le preguntó al presidente Sánchez en cuánto valoraba la contribución de ERC a la gobernabilidad de España y qué pensaba hacer para asegurársela, dado que él en persona, o eso se desprendía de su tono chulesco, le podía buscar la ruina y enviar la legislatura a hacer puñetas si no se mostraba más receptivo a las sugerencias catalanas relativas al coronavirus. Tal vez no lo pretendía el estadista Rufián, pero lo suyo sonó a amenaza tabernaria, a ¿A que te meto con el mechero?, a Hazme más caso o te jodo la vida, a Tú no sabes con quien te estás jugando los cuartos. Cuando Sánchez despertó, el gañán seguía allí.

 

 

 

ERC amenaza a Sánchez con cargarse la legislatura / EP

Yo creo que, cada dos por tres, Sánchez se da cuenta de lo lamentables que son los compañeros de viaje que se ha buscado para atornillarse al sillón presidencial, pero no tiene otros y, como dice el refrán, Estos bueyes tenemos, con estos bueyes aramos. Si Rivera no lo hubiese enviado al carajo en su momento (enviándose a sí mismo, de paso, a un sitio similar)…Ahora hay que bregar con los Ceaucescu de Galapagar y con el cani de Rufián, mientras Casado resucita el mítico Váyase, señor González de su maestro Aznar y Abascal, prácticamente, exige que se le envíe a galeras por felón y por inútil. ¿Se habrá enterado de que Lluís Llach lo ha tildado de “burro de solemnidad” en uno de esos tuits suyos que tanto contribuyen a la armonía y a la fraternidad entre todos los españoles? Puede que no, ya que bastante tiene con lo que tiene en Madrid para preocuparse, además, de las ocurrencias de los procesistas.

Ese mundo es una mina. Quim Torra ha anunciado su decisión de intercambiar información privilegiada sobre el coronavirus con el presidente de Flandes, Jan Jambon, a quien supongo que ya le habrá enviado el panegírico en forma de programa de televisión que TV3 dedicó el martes a Oriol Mitjà, el Trapero de los virus (por cierto, Oriol, tú sigue diciendo que el plan de desconfinamiento del Gobierno central se te antoja bastante razonable y prepárate para el cese o la regañina: ¿aún no te has enterado de que todo lo que hace el Gobierno de España está mal?). La cosa suena a rabieta del vicario: “Como Sánchez no me hace caso, me voy con el flamenco”.

Joan Canadell, por su parte, acaba de facturar un nuevo concepto, la mascarilla catalana, que ha bautizado como MasCat y de la que pronto nos dará más datos: tú sí que vas bien, Canadell, no como el de los virus. Si Sergi Sebrià, portavoz de ERC en el Parlament, ya dijo que los niños saldrían a la calle a la manera catalana, es normal que el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona implemente esa medida con la MasCat, que aún no sabemos cómo será --¿con estelada, con una reproducción de la mitad inferior del careto de Puigdemont?--, pero intuimos que ni mejor ni peor que las españolas, sino diferente (o sea, mejor).

Dada la eficacia del Govern con aquellos 14 millones de mascarillas que nos prometió y que no llegan nunca --ahora parece que, como a los españoles, los chinos también nos han colado de matute unas remesas chungas--, igual acabamos salvando el pellejo gracias a las mascarillas de Canadell. Me muero de ganas de verlas y doy por sentado que ustedes también. ¡Chincha y rabia, Pedro Sánchez! Y pórtate bien si no quieres que Rufi te meta con el mechero.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.