El blues del autobús

Ramón de España
3 min

Si los venezolanos logran librarse de Nicolás Maduro algún día --a ser posible, antes de que se vean obligados a importar petróleo gracias a la brillantez de ese pedazo de economista bolivariano--, ¿volverá el líder a su trabajo anterior como conductor de autobuses? Dudo mucho que él este por la labor, pues sin duda preferirá instalarse en la leal oposición y ponerse a maquinar golpes de Estado, pero también me extrañaría que el gremio de autobuseros le recibiera con los brazos abiertos: hay gente que le da un mal nombre a tu oficio y preferirías que se dedicaran a otra cosa.

Quiero creer que la presencia al volante de fenómenos como Maduro, Garganté y los radicales islamistas parisinos es pura coincidencia

Pensemos que aunque conducir un autobús es un trabajo tan digno como cualquier otro, últimamente se han producido unas casualidades muy preocupantes relacionadas con dicha ocupación. Pensemos en París, donde la policía detectó una nutrida y alarmante presencia de radicales islámicos al volante de los autobuses de la ciudad. Fieles a sí mismos, los autobuseros de Alá daban el coñazo a más no poder: exigían comida halal en la cantina, donde no compartían mesa con los infieles, y a más de uno le daba por interrumpir el trayecto de su vehículo cuando le salía del níspero; es decir, cuando tocaba extender la esterilla en pleno bulevar Saint Germain y ponerse a rezar con el culo en pompa mientras el pasaje se moría de asco y llegaba tarde a su destino. ¿Qué hacía tanto islamista radical en el transporte público urbano? Misterio.

En Barcelona contamos con otro caso preocupante, el de Josep Garganté, concejal de la CUP en el ayuntamiento que también pertenece al gremio de los autobuseros. Seguro que le conocen: es ese calvo con barba que luce un retrato del Che Guevara en el antebrazo y la palabra ODIO tatuada en los nudillos, el mismo que un día le partió la cámara a uno de TV3 porque le debió ver una cara de fascista de aquí te espero y que arrojó al aire billetes falsos de 500 euros en un pleno municipal, para sorpresa y consternación de sus sufridos compañeros de trabajo.

Un autobús es una máquina inocente, sin duda alguna. Y quiero creer que la presencia al volante de fenómenos como Maduro, Garganté y los radicales islamistas parisinos es pura coincidencia. De todos modos, no vendría mal un comunicado conjunto de los autobuseros de Barcelona, París y Caracas desvinculando al colectivo de ciertos integrantes del mismo.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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Marino 09/12/2015 - 13:24h
¿Un chófer de autobús que se para a rezar? Había oido que un taxista hizo lo propio pero en El Cairo. ¿Que dirán los que se sienten molestos por el sonido de las campanas, los belenes o las procesiones? Es muy fácil defender el laicismo contra el catolicismo. Como aquella señorita que entró a una capilla sin que nadie la invitara y se despechugó amenazando con futuros incendios. Saben con quien se meten.
tobermory 09/12/2015 - 13:24h
En todo gremio siempre habrá quienes no pararán de dar el coñazo hasta poner el culo en alguna poltrona. Está en la naturaleza de los gremios y en la de los agremiados mas espabilados. Lo de Maduro es de Aurora Boreal, el acabose de su loca carrera de autobusero bolivariano chalado metido en camisa de once varas aunque ahora no le llegue la ídem al cuerpo con el resultado de las elecciones. Aterriza como Puedas, zoquete. Atentos los venezolanos a la secuela del Insulto Final. Mucho mejor lo tiene el concejal Garganté, que tiene toda una legislatura por delante para odiar a mansalva y seguir con sus payasadas a cargo del presupuesto municipal. Los pelos como escarpias, oiga. Menos mal que dentro de lo malo los venezolanos le están dando boleto al líder, y que la posibilidad de que un autobusero parisino acabe en el Palacio del Elíseo sin pasar por el Instituto de Estudios Políticos de Paris la veo muy remota. Elitistas que son. Un saludo, y gracias por las risas. Chapó.
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