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Se armó el belén

Ramón de España
4 min

Un año más, Ada & The Pisarellos nos han plantificado en la plaza de Sant Jaumea guisa de belén, una onerosa birria seudo conceptual que demuestra, además de que a la administración Colau se la pela la tradición --cosa que, en principio, no es censurable--, que no hay nadie en el ayuntamiento que sepa nada de arte contemporáneo.

Como ya viene siendo costumbre, la derecha se ha cogido un berrinche del quince y la izquierda ha guardado su habitual silencio sepulcral. La verdad es que a mí me da lo mismo lo del belén, tanto si lo ponen como si no lo ponen. Lo que me revienta es que no haya narices para acabar de una vez por todas con el pesebre municipal, pero se le intente aplicar a esa entrañable antigualla un tratamiento en teoría moderno y progresista que, en la práctica, es un truño que indigna por igual a los creyentes y a los aficionados al arte.

Los comunes tienen un problema con el arte. Disimulan, pero les parece una cosa elitista que no atiende a las necesidades del pueblo. No hay más que ver cómo han entorpecido la instalación en Barcelona de una delegación del Hermitage, concebida por el difunto Jorge Wagensberg --que, si no era un sabio, le faltaba poco-- y diseñada por el arquitecto japonés Toyo Ito, uno de los nombres punteros de su oficio a nivel internacional. O la obsesión por impedir la expansión del MACBA, que contaba, por escrito, con la capilla de la Misericordia para ganar espacio: dice el ayuntamiento, seguramente con razón, que hace falta un CAP en el barrio, ¿pero tiene que abrirse precisamente donde el amigo Barenblit pensaba ampliar su cuartel general? El hombre ya vive asediado en su fortaleza por un ejército de skaters que disfrutan haciendo ruido y pasando a toda castaña a un centímetro del paseante; seguro que le hacía ilusión disponer de una capilla en la que refugiarse de vez en cuando; a él y a los devotos del arte contemporáneo. Pero lo más probable es que el ayuntamiento lo considere otro señorito elitista de los que abundan en Barcelona y sienta más simpatía por los skaters que por esos esnobs que deben esquivarlos para acceder al MACBA.

Todo lo que remita a los conceptos de ambición y grandeza causa urticaria en el actual equipo municipal. Ya consiguieron que el hotel Four Seasons --que iba a dar trabajo a unas seiscientas personas-- se fuese a Madrid ante la actitud tan sostenible de Ada & The Pisarellos (tranquilos, que los manteros y los narcos se quedan en Barcelona). Ahora les ha dado por torpedear el Hermitage e impedir la expansión del MACBA, equipamientos que son una ofensa para el pueblo. El pueblo, a todo esto, preferiría que se llevaran a la gentuza que infesta sus barrios --de la Diagonal para arriba no hay narco que se aclimate, a no ser que tenga una clientela tan selecta como discreta--, pero suele quedarse con las ganas.

Y en cuanto al belén, que dejen de colocarlo o que se lo encarguen a la Asociación Catalana de Pesebristas. Hace un tiempo visité su cuartel general y hablé con sus responsables: atesoran piezas bellísimas y cuentan con buenos escenógrafos capaces de instalar en la plaza de Sant Jaume una magnífica antigualla que haga felices a los creyentes y no irrite a los interesados en el arte contemporáneo. 

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.