Imagen de la miniserie 'La noche que Logan despertó' / FILMIN

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Letras

Otra familia infeliz (a su manera)

La miniserie 'La noche que Logan despertó', con actores quebequeses impecables, retrata las capacidades destructivas de la institución familiar

30 junio, 2023 20:47

Como decía Tostoi al principio de Ana Karenina, todas las familias felices se parecen, pero entre las infelices, cada una lo es a su manera. La primera miniserie (cinco episodios) de televisión del niño prodigio del cine canadiense francófono, Xavier Dolan (Montreal, 1989), La nuit ou Laurier Gaudreault s´este reveillé (La noche que Logan despertó, en traducción de Filmin), es la historia de una familia que es muy desdichada a su particular manera por culpa de un incidente adolescente que la marcó para siempre y con las peores consecuencias posibles. Basada en la obra de teatro homónima de Michel Marc Bouchard (ya adaptado por Dolan en el 2013, en el largometraje Tom en la granja), La noche que Logan despertó es, aparentemente, un thriller del subgénero del secreto asesino, pero, en la práctica, constituye el retrato de una familia marcada por la fuerte personalidad de la madre, Madeleine Larouche, alias Mado (Anne Dorval), cuyos planes de llegar a alcaldesa de su pueblo se fueron al traste a causa del mencionado incidente adolescente y cuya prole, por decirlo suavemente, se las trae: Dénis (Eric Bruneau) es un divorciado catastrófico que vive en un apartamento digno de una víctima del síndrome de Diógenes y constituye una vergüenza permanente para su ex mujer y sus hijas; Julien (Patrick Hivon) es un toxicómano (aparentemente) recuperado que no sabe cómo tratar ni a su mujer ni a su hija; Elliott (Xavier Dolan), entra y sale del rehab como si viviera en él; Mireille, que detesta que la llamen Mimi, es una tanatopráctica que protagonizó de adolescente la tragedia familiar sobre la que bascula la serie y que perdió voluntariamente el contacto con los suyos, que solo recupera cuando vuelve al pueblo desde Montreal porque mamá dejó escrito en el testamento que deseaba ser embalsamada por ella.

Estamos ante una colección de seres humanos muy dañados por algo que sucedió a principios de los años 90. Mimi, que era una cría muy especial, tenía la costumbre de colarse de noche en las casas de los vecinos para observarlos mientras dormían. En cierta ocasión, asaltó el domicilio del mejor amigo de su hermano Julien, el tal Logan (Pier-Gabriel Lajoie), y éste intentó violarla, cosa que impidió Julien, quien, al parecer, había seguido a su hermana pequeña para evitar que se metiera en líos. Esa historia, que es falsa, como descubriremos en el último episodio de la miniserie, es la responsable de las desgracias irresolubles de la familia, que se acabarán aclarando con la aparición de la perdida Mireille (una estupenda Julie Le Breton). En el ínterin, asistiremos a los dimes y diretes (con flashbacks incluidos) de una familia desastrosa en la que todos sus miembros están, de una manera u otra, profundamente tarados.

Imagen de la miniserie 'La noche que Logan despertó' / FILMIN

Imagen de la miniserie 'La noche que Logan despertó' / FILMIN

Xavier Dolan es un icono del cine gay desde que rodó en el 2008, a los diecinueve años de edad, J´ai tué ma mere (He matado a mi madre), con la que obtuvo tres premios en Cannes en el 2009. Insistió en el tema con Les amours imaginaires (Los amores imaginarios, 2010), Laurence Anyways (2012, sobre una mujer trans) o Matthias et Maxime (2019), colando por en medio un largometraje sobre el otro tema que más le interpela, las madres, Mommy (2014). En La noche que Logan despertó, sus dos temas se unen, aunque la cuestión homosexual resulta aquí menos relevante que de costumbre, centrándose la trama en el retrato (algo incompleto para disponer de cinco horas de metraje: se echa a faltar información sobre los hermanos dañados y hay una excesiva insistencia en lo que ya ha quedado claro desde un buen principio) de una familia maldita y desdichada a su particular manera.

El resultado, pese a esas lagunas aparentemente voluntarias, es positivo. El guion funciona como un reloj suizo, la dirección del señor Dolan es vibrante y eficaz y los desconocidos actores quebequeses son impecables. La resolución del enigma familiar resulta ligeramente banal y previsible, pero nadie nos quita uno de los mejores retratos jamás filmados de las capacidades destructivas de la institución familiar, ésa que dicen que es la base de nuestra sociedad: debe ser cierto, pues no hay más que ver el nivel lamentable de dicha sociedad, en el Quebec y en el mundo en general.