La serie 'El velo'

La serie 'El velo'

Cine & Teatro

Las bonitas historias del tío Boris

La oferta de Prime Video permite verla como fue concebida, es decir, como una serie de televisión que nunca se emitió en su momento: con 68 años de retraso, ya podemos disfrutar de 'El velo'

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El espectador agobiado con tanta modernidad puede encontrar, agazapada entre la ingente oferta de Prime Video, una serie de 1958 que tiene su miga. Se trata de The veil (El velo), protagonizada y presentada -a la manera de Alfred Hitchcock en su show semanal o Rod Serling en The twilight zone- por el gran actor británico Boris Karloff (William Henry Pratt, 1887 – 1969), que aparece al inicio de cada episodio en un siniestro salón y al amor de la lumbre, para informarnos de que vamos a presenciar una historia que nos va a poner los pelos de punta (y teóricamente basada en hechos reales, aunque fuese mentira, adelantándose así varias décadas a los hermanos Coen de Fargo).

La serie 'El velo'

La serie 'El velo'

The veil no tuvo suerte en su momento. De los once capítulos rodados, solo se emitió el piloto. En parte, porque no tuvo ningún éxito. Y en parte, porque el productor, Hal Roach, atravesaba serios problemas financieros y le costaba encontrar un distribuidor.

Elementos sobrenaturales

Toda la serie fue reciclada, a finales de los 60, en tres largometrajes de episodios, The veil, Jack the Ripper y Destination nightmare. A principios de los 90, The veil se publicó en VHS, y en 2008, en DVD. Pero la oferta de Prime Video permite verla como fue concebida, es decir, como una serie de televisión que nunca se emitió en su momento: con 68 años de retraso, ya podemos disfrutar de El velo.

Evidentemente, la cosa es una antigualla (tirando a reliquia) con decorados de cartón piedra y un presupuesto, digamos, modesto (el señor Roach no atravesaba sus mejores momentos, como ya hemos dicho), pero tiene su encanto, sobre todo si uno es fan de Boris Karloff (como es mi caso) y tiene curiosidad por saber cómo era la televisión en blanco y negro de los inicios.

Miedo, lo que se dice miedo, no da, pero los elementos sobrenaturales están bien colocados, los actores cumplen (en general, algunos recuerdan a Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte), aunque ninguno haya pasado a la historia, a excepción del inglés Patrick McNee, el John Steed de la serie Los vengadores, los guionistas hacen lo que pueden con el dinero que hay y el creador de la serie, Frank P. Bibas (1917 – 1997), productor, director y guionista de medio pelo que ganó en 1962 el Oscar por un documental de treinta minutos de duración titulado Project hope, se esfuerza por dotar de cierta coherencia al invento.

Encanto de lo rancio

Puede que lo más interesante de The veil sea la presencia de Boris Karloff, una estrella en decadencia que se empeña en prestar una cierta gravitas a esa serie que nunca se emitió en televisión y que, en algunos capítulos, remite al cochambroso, pero fascinante mundo de Ed Wood. Resulta entrañable verle hacer de policía, de médico, de abuelo paralítico, de marino adúltero y criminal y de lo que haga falta mientras camina con precaución para no llevarse el decorado por delante.

Evidentemente, El velo no tiene nada que hacer frente a la producción contemporánea de series, pero puede encontrar gracia a ojos del espectador interesado en el celuloide rancio de campanillas y del admirador del gran Boris Karloff, quien se despediría del cine por la puerta grande en 1968, al protagonizar la primera película de Peter Bogdanovich, Targets (El héroe anda suelto).

Aunque se trate, prácticamente, de teatro filmado, The veil tiene ese encanto de lo rancio con fundamento y resulta de agradable consumo. Y el hecho de que todos los que participaron en ella estén muertos le otorga un elemento fantasmal, melancólico y hasta filosófico que su seguro servidor ha disfrutado mucho. Prometo volver la semana que viene a la más rabiosa actualidad.