'Pueblo' (1942), lienzo de Rufino Martos Ortiz que retrata una localidad olivarera de Jaén / ACADEMIA DE SAN FERNANDO

'Pueblo' (1942), lienzo de Rufino Martos Ortiz que retrata una localidad olivarera de Jaén / ACADEMIA DE SAN FERNANDO

Letras

La España vacía de Olga Merino

La periodista y escritora barcelonesa deslumbra con su cuarta novela, 'La forastera', un ‘thriller’ de ambientación rural

28 abril, 2020 00:00

“Cuando lo has perdido todo, no hay nada que puedan arrebatarte”. De todas las frases en las que se puede concentrar la esencia narrativa de La forastera (Alfaguara, 2020), esta es, en mi opinión, la más precisa. De la cuarta novela de la periodista y escritora barcelonesa Olga Merino se ha dicho –lo ha dicho la propia autora– que es un western contemporáneo o un thriller rural.

Aunque el libro tiene muchos de los elementos característicos del western, los paisajes ásperos y crepusculares, los buscavidas, la cantina, el reverendo, el forastero –en este caso forastera–, me parece más próxima al thriller rural, un Puerto Hurraco en el que los asesinatos son sustituidos por los suicidios, empezando por el del principal terrateniente de la zona, innominada, pero que bien pudiera ser la serranía de Jaén. La violencia está siempre presente, como lo estaba también en Intemperie (Seix Barral), una novela tan dura y tan bien escrita como La forastera, que recuerda en cierto modo el relato de Jesús Carrasco.

La escritora y periodista Olga Merino / TWITTER

La escritora y periodista Olga Merino / TWITTER

Angie (Àngela), la forastera, es una mujer cincuentona que se ha retirado a un pueblo olivarero del Sur después de una juventud hedonista en el Londres destruido por Margaret Thatcher, el de las orillas industriales del Támesis convertidas en pisos de lujo. La dureza y la soledad de la vida actual de Angie está pespunteada por los recuerdos de ese Londres en el que tuvo relaciones sentimentales con un pintor inglés al que le hizo de modelo y que también acabó suicidándose.

El presente y el pasado se entremezclan constantemente en un relato estremecedor, primorosamente escrito y con un vocabulario rural, de la España vacía, que para entender en todos sus matices los urbanitas no tenemos más remedio que recurrir muchas veces al diccionario. Palabras como zahúrda, gañanía, zalagarda, gubia, túrdiga o támara no son frecuentes en la literatura y están elegidas con una precisión milimétrica.

laforastera

laforastera

La forastera, a la que los vecinos llaman la loca, vive en una antigua casa de la familia en un pueblo andaluz en el que la única diversión consiste en pegar la hebra en el bar. Acompañada a ratos por dos inmigrantes que trabajan de temporeros y por dos perros, se relaciona con personajes del pueblo mientras investiga aspectos ocultos de su pasado familiar y se enfrenta a las hijas del cacique, de las que acaba vengándose.

Salvando la distancia de la edad, su forma de vida recuerda a una de las dos protagonistas de la serie El embarcadero. Por cierto, acaba de reponerse una serie titulada La forastera, que no tiene nada que ver con la novela, pero en la que, curiosamente, la actriz principal, María Maroto, lleva el mismo apellido que la protagonista de la novela.

El desarraigo, la soledad, la resistencia, la rabia, la muerte, el suicidio, la procedencia rural de la generación que creció en las ciudades en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, la influencia de la familia y el desorden del que lo ha perdido todo y ya no puede perder nada son los componentes de este relato extenuante y conmovedor.