El historiador Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global'

El historiador Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

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Gutmaro Gómez: "Los franquistas en 1939 a la sociedad civil no la aplastan: la dividen, la envuelven y la rinden”

El historiador, autor de 'Cómo terminó la Guerra Civil española', señala que el franquismo hizo suyos los servicios de inteligencia, con hombres como el coronel Ungría, con el objetivo de acortar la guerra y preparar el inicio del nuevo régimen

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Gutmaro Gómez Bravo (Madrid, 1975) ofrece luz a un periodo que ha sido objeto de la propaganda, por los dos bandos. El final de la Guerra Civil estuvo controlado, fue cómo había preparado el bando franquista. Es la aportación de este historiador, doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, profesor del Departamento de Historia Moderna e Historia Contemporánea en la misma universidad.

Acaba de publicar Cómo terminó la Guerra Civil española (Crítica), un libro en el que el protagonista es el coronel José Ungría Jiménez, el cerebro de los servicios de inteligencia franquistas, que busca un objetivo: crear división entre los altos dirigentes republicanos, acortar la guerra y poner en marcha un nuevo régimen, dominado por completo por el Ejército llamado nacional.

En esta entrevista con Letra Global, Gutmaro Gómez señala que Franco delegó en “especialistas, como Ungría”, y que el franquismo tenía un plan: “A la sociedad civil no la aplastan: la dividen, la envuelven y la rinden”. Sobre los altos mandos republicanos, el historiador señala que no sabían a quienes tenían delante. “Los republicanos piensan que están negociando con políticos y delante tenían otra cosa”.

La investigación de Gutmaro Gómez rompe los esquemas difundidos sobre el final de la Guerra Civil. La guerra se acaba no por una victoria militar aplastante, sino gracias a una sofisticada operación de inteligencia y de diplomacia dirigida por una élite militar profesional que ya estaba diseñando las bases del Estado franquista antes de que callaran los cañones.

¿Franco un militar anticuado que lo domina todo y que cometió graves errores durante el conflicto?

“Esa es la imagen, pero no fue así, porque supo delegar en gente como el Coronel Ungría, un militar nacido en Barcelona, formado en la prestigiosa Escuela de Guerra de París y con experiencia en las embajadas europeas más importantes. Es la antítesis del ‘africanista’”, señala Gómez Bravo.

Ungría, explica el historiador, fue el arquitecto de una red de espionaje que no solo operaba desde Burgos, sino que tenía a la mitad de sus agentes infiltrados en la zona republicana. Franco delega en Ungría esa función, que se complementa con las conspiraciones de una élite católica que se infiltra, desde Madrid, en los aparatos del estado todavía en manos republicanas.

Pero, ¿qué otras maniobras franquistas pudieron precipitar el final de la guerra, y con ella el fin de la República? Gómez Bravo se refiere al hambre como arma de guerra. “El hambre se gestiona, capturando o impidiendo suministros. Y se utiliza la radio, como propaganda. A la sociedad civil no la aplastan, la dividen, la envuelven y la rinden mediante una asfixia controlada”.

Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global'

Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

El final se precipita con maniobras que afectan a los propios dirigentes republicanos. El socialista Julián Besteiro llega a creer que puede negociar un final más o menos pactado, y apoya el golpe de estado de Casado dentro de la República para buscar ese objetivo, frente a Negrín.

“El engaño está presente en todo momento. El franquismo, con hombres como Ungría, manipula las expectativas de paz de dirigentes como Besteiro, enfrentado a Negrín, que desea esperar más tiempo para ver cómo puede pactar el final con unas mejores condiciones".

Pero no habrá concesiones para nadie, y eso sí es algo nuevo. "El asunto de no amnistiar a nadie está decidido de antemano, no es una consecuencia del final de la guerra, forma parte de la concepción que tiene Franco sobre qué hacer con España. Los republicanos piensan que están negociando con políticos y delante tienen otra cosa, tienen militares con un plan muy determinado”.

Portada del libro de Gutmaro Gómez Bravo

Portada del libro de Gutmaro Gómez Bravo

Esa es la gran tragedia de la Guerra Civil española. Un bando, el golpista, gana la guerra. Pero sin pensar en el conjunto de España, pone en marcha una represión despiadada sobre el bando perdedor, y ya con las bases de un nuevo Estado, que tuvo siempre un pilar. “Sin lugar a dudas, la columna vertebral del franquismo siempre fue el Ejército, los militares”.

Lo que pone de manifiesto Gómez Bravo es que hombres como Ungría posibilitan algo vital para el nuevo régimen. Los servicios de inteligencia trabajan, de forma progresiva, para los franquistas. Hay un plan trazado, que pasa por “el fin de la política”.

Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global'

Gutmaro Gómez Bravo, en la entrevista con 'Letra Global' SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

¿Qué se jugaba? “Hay un plan de Franco para ganar la guerra y asegurar la victoria sin amnistías”, sentencia el historiador.

Ungría, por tanto, como figura clave, pero también como icono de profesionales que se ponen al servicio del nuevo régimen, y que no tienen los perfiles de militares toscos que se han presentado en muchas ocasiones en la larga historiografía sobre el conflicto.

Ungría, explica Gómez Bravo, es el arquitecto del SIPM: Servicio de Información y Policía Militar. El gran logro fue “la profesionalización del espionaje”, y es que la mitad de su red de agentes operó en territorio enemigo, llegando, incluso, a absorber y “dar la vuelta” a los servicios de información republicanos al final de la contienda.

Y hubo más. Porque el sistema de fichaje y de clasificación de Ungría sería el embrión del aparato represivo de la posguerra, demostrando que la inteligencia militar fue el verdadero pilar sobre el que se edificó el Estado franquista.

Ese sistema, para controlar el interior del Estado, habría llegado hasta los albores de la democracia, a juicio de este historiador, que ve una línea de continuidad, con la idea de que la inteligencia debe estar por encima de la política y que su misión es la supervivencia del Estado, que estuvo militarizado por completo en su origen, el que se crea a partir de 1939.

¿Posibilidad de que hubiera sido de otro modo, de que se hubiera aplicado clemencia o un acuerdo para rehacer la convivencia tras la guerra?

“La represión no fue una consecuencia imprevista del final de la guerra, sino un plan decidido de antemano. Ya en noviembre de 1938 se había determinado que los combatientes republicanos serían juzgados por la justicia militar, negándoles cualquier estatus de combatiente legítimo. Con ello, los militares de Franco no sólo engañaron a sus enemigos, sino también a los sectores católicos o monárquicos que esperaban una transición menos sangrienta”, asevera Gutmaro Gómez Bravo.