Por qué es imprescindible el nuevo libro de Pla

Por qué es imprescindible el nuevo libro de Pla

Letras

Por qué es imprescindible el nuevo libro de Pla

Ignacio Vidal-Folch muestra su impaciencia ante la anunciada publicación de un nuevo libro con textos inéditos del genial escritor catalán

16 julio, 2017 00:00

Se me va a hacer muy largo el tiempo hasta noviembre, que es cuando se publicará el nuevo libro de Josep Pla, bajo el título, tomado de uno de sus aforismos, de Fer-se totes les il·lusions possibles i altres notes disperses, según anunció ayer Emili Rosales. Dice el director de Destino que se trata de un libro de unas doscientas páginas que, a diferencia de las notas de diario fragmentarias, casi taquigráficas, publicadas recientemente bajo el título de La vida lenta, las de Fer-se totes les il·lusions están perfectamente redactadas y son de temática diversa entre el aforismo, el ensayo, el retrato de contemporáneos, la anotación más personal.

Pero aquellos dietarios, o más bien apuntes, no pensados para publicar, de La vida lenta, aquellos residuos del fondo del cajón de un escritor que además escribió demasiado y publicó demasiado, eran ya una lectura magnífica para todos los que estamos bajo el hechizo de Pla --un hechizo desparejo en el que la admiración extática se junta, por qué no decirlo, con el hastío y hasta el rechazo--. Recuerdo que en una de la anotaciones de esos diarios de los años 56, 57 y 64, el autor se encuentra, una noche de fin de año, en Nápoles, adonde ha llegado, según su ahorrativa costumbre, viajando en barco mercante, y está solo y deprimido; ya es sesentón, la vida que lleva le parece grotesca y se hace unas resoluciones de año nuevo a poner en práctica de inmediato, en cuanto vuelva a casa, resoluciones que son estas dos: casarse y ponerse el râtelier, o sea la dentadura postiza (pues siempre había sido descuidado con los dientes, los había perdido casi todos y, sin ellos, la boca arrugada y vacía le hacía parecer más viejo de lo que era, además de que le dificultaba el goce de los placeres de la mesa; contra esos inconvenientes, el râtelier).

No recuerdo el orden en que consignaba estos buenos propósitos de redención, aquella noche triste de año nuevo en Nápoles: si lo primero era casarse, y luego colocarse la dentadura postiza, o, como parece más lógico, primero los dientes y luego buscar novia. Lo que sí recuerdo es que en el propósito de contraer matrimonio no mencionaba a ninguna candidata concreta; pues no se trataba, en absoluto, de una cuestión romántica sino de orden práctico, de cara a que su vida fuese más ordenada, más suave y sensata. Tenía Pla en la consideración de la mujer estos rasgos de hombre decimonónico.

Impaciencia

No sé cómo aguantaré hasta noviembre, cómo aguantaré a que aparezcan estas nuevas "notas dispersas". ¿Por qué no se han publicado hasta ahora, si murió hace casi cuarenta años? ¿No serán descartes que a él le parecieran desdeñables? No tengo manera de saberlo, tendré que esperar a noviembre. Espero que entre ellas no abunden las de periodismo de tipo historicista, donde su pluma ha envejecido mucho. Pla se metía en cama, leía unos libros de su época sobre Bismarck o las ciudades hanseáticas o sobre Talleyrand, y al día siguiente escribía un ensayo de veinte páginas, más anecdóticas que rigurosas, y que han quedado, como los Momentos estelares de la Humanidad, de Zweig, algo anacrónicas. Su fuerte está en la observación de los fenómenos y de la gente más cercana, y en la evocación del pasado, en su misma vida.

Creo que a sus obras completas le sobra la mitad. Más compactas, de veinte volúmenes, o treinta si me apuras, sería continuamente formidable. Y también creo que cuando un autor no ha dado por concluido un libro en el que trabajaba, ese libro no debería publicarse. Kundera da buenos argumentos sobre ello en Los testamentos traicionados. Pero aún así, en cuanto aparezca el nuevo libro seré el primero (o el segundo) en leerlo.

¿Por qué? Porque lo que constituye el grueso de la experiencia del lector con la literatura es el encuentro con algunos personajes "más fuertes que la vida", gente que se aleja del ideal apolíneo, gente que a lo mejor si los tratásemos en la vida real serían insoportables, pero esos excesos le sientan muy bien a la literatura; esos tipos excesivos son los más interesantes y estableces con ellos un trato de lealtad de por vida, no sólo en agradecimiento a aquello en que son una inspiración iluminadora, un pensamiento excelso o un estilo de una musicalidad deliciosa, sino también, precisamente, por sus excesos, por sus defectos, por su demasía, por su rareza, porque son alternativas a ti mismo que incorporas en la lectura, como el caníbal que se come el corazón del enemigo abatido para absorber su energía. Pla es uno de ellos, desde luego.