Imagen extraída de la película ´La Odisea´

Imagen extraída de la película ´La Odisea´ Universal

Cine & Teatro

Diez consideraciones sobre 'La Odisea' de Christopher Nolan (y la de Homero)

Desde la tecnología de las cámaras IMAX hasta la complejización y modernización del héroe a través del trauma, estos son diez apuntes sobre ´La Odisea´ que se estrena en cines este 17 de julio

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1. Nolan compite con Nolan

¿Aspira Christopher Nolan a ser el Stanley Kubrick de nuestro tiempo? Ambos generan con cada nuevo estreno un acontecimiento, ambos conciben cada nuevo proyecto como un reto. No son cineastas que repitan ni temáticas ni planteamientos formales. Cada película tiene un enfoque muy distinto a las anteriores. Hay una aplaudible ambición y también algo de pirueta circense en la obsesión de Nolan por competir consigo mismo, en un constante más difícil todavía.

Desde la narración amnésica de Memento, el cineasta ha reinventado el cine de superhéroes (trilogía de Batman), distorsionado el mundo real a través de los sueños (Origen), explorado la metafísica a través de la ciencia ficción (Interstellar), contado una historia al revés (Tenet), narrado una derrota épica (Dunkerque) y la vida del hombre que se convirtió en destructor de mundos (Oppenheimer)…

Adaptar ahora la obra seminal sobre la que se construye toda la literatura occidental, el clásico entre los clásicos, es un reto a la altura de sus ambiciones. Sus proyectos tienen una dimensión faraónica. Si un día le entran ganas de rodar una película intimista va a tener que firmarla con seudónimo para no decepcionar a sus fans… y no decepcionarse a sí mismo.

2. Cómo llevar ´La Odisea´ a la gran pantalla

La Odisea de Nolan dura casi tres horas, pese a lo cual ha tenido que sintetizar el poema homérico y por el camino se ha perdido también la esencia de lo literario, es decir la creación de un mundo a través de la palabra, la potencia evocadora de los versos. En una época en la que todo el mundo se irrita por todo, supongo que los helenistas se tirarán de los pelos porque se ha olvidado de este o aquel episodio, pero el camino elegido se me antoja sensato.

Recupera el final de la guerra de Troya para incorporar unas espectaculares escenas con el caballo; sintetiza y reubica la Telemaquia (que ocupa los primeros cantos del poema homérico); prescinde del encuentro con Nausícaa y la llegada al palacio de Alcínoo y Arete, del episodio de los cicones y el de los lotófagos.

Otros se sintetizan mucho: la lucha con los lestrigones, o el encuentro con Circe y la conversión de sus hombres en cerdos, que sucede en un único día (en el original homérico Odiseo pasa un año con ella). El resultado es una película espectacular y disfrutable; más vistosa y aventurera que profunda, aunque gana gravitas en el tramo final.

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3. Los logros de ´La Odisea´ de Nolan

Los dos primeros tercios de la película, centrados en las aventuras fantásticas de Odiseo durante el largo periplo de regreso a Ítaca funcionan como una versión realizada con todas las posibilidades técnicas actuales de esas añejas películas de aventuras con monstruos en stop-motion a cargo del maestro Ray Harryhausen.

Hay que elogiar a Nolan que no abuse de los efectos digitales (gracias a Dios, esto no es una película de superhéroes con pátina cultureta). Y también que demuestre imaginación y virtuosismo en la resolución de las escenas fantásticas más estrambóticas.

La secuencia de la cueva del cíclope Polifemo es portentosa; la visualización de cómo la hechicera Circe convierte en cerdos a los soldados es brillante (y por momentos hace pensar en Jan Švankmajer); el encuentro con las sirenas, Escila y Caribdis está bien resuelto, y convierte el viaje al Hades en una secuencia sobrecogedora. También sale airoso de la representación de los dioses, que se limita a la Atenea protectora que acompaña fugazmente a Odiseo y es introducida con convincente naturalidad.

4. Odiseo en el cine

No ha sido Nolan el primero en atreverse con La Odisea. Ya en los albores del cine, en 1905, Georges Méliès rodó un corto de cuatro minutos sobre el encuentro del héroe —al que interpretaba él mismo— con el gigante Polifemo. Y todavía en el periodo mudo, en 1911, con motivo de la Exposición Internacional de Turín, el pionero del cine italiano Giuseppe de Liguoro protagonizó y codirigió una L’Odissea de 43 minutos.

La versión clásica por excelencia es el Ulises dirigido en 1954 por Mario Camerini, con Kirk Douglas y una sensual Silvana Mangano como la hechicera Circe, cuyo rostro aparece virado a verde por la iluminación, lo que le da un aire de bruja de El mago de Oz. Es esta una versión aventurera, bastante plana y muy abreviada, con aires de peplum y aromas camp.

Llegaron después dos series televisivas —la italiana Las aventuras de Ulises, de 1968, y la estadounidense La Odisea, producida por Coppola, de 1997— cuya duración permitía no podar el original. Y el verano pasado se estrenó El regreso de Ulises, de Umberto Pasolini, con Ralph Fiennes y Juliette Binoche, centrada en el tercio final de La Odisea, a partir de la llegada del héroe a Ítaca. Borraba toda presencia de dioses y convertía a Odiseo/Ulises en un hombre atormentado por la culpa de la larga ausencia y traumatizado por lo que vio e hizo en la guerra de Troya.

5. Odiseo, un héroe imperfecto

Pese a la enorme distancia entre esa película y la de Nolan —la distancia que media entre lo intimista y lo épico— ambas comparten un punto en común: la complejización y modernización del héroe a través del trauma por las atrocidades cometidas en la destrucción de Troya. En la cinta de Nolan se hace referencia al temor a los ataques de “los pueblos del mar”, que era como los griegos de la edad del bronce se referían a las tribus bárbaras que practicaban saqueos, matanzas y violaciones.

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Imagen extraída de la película ´La Odisea´ Universal

Y un desolado Odiseo, al reencontrarse con Penélope y recordar la destrucción de Troya, admite que entonces ellos fueron los bárbaros. Estos matices no están en el original homérico, pero cada época reinterpreta a los clásicos a su manera. Lo que sí está en Homero es que Odiseo dista de ser un héroe perfecto, y esta fisura abre la vía para complejizarlo.

“El astuto”, como lo denomina Homero de forma reiterada, comete el pecado de hybris cuando, tras huir de la cueva de Polifemo, no puede evitar revelarle quién es para darse ínfulas y al hacerlo atrae sobre él la ira de Poseidón. Por otro lado, Odiseo es un líder inepto que pierde por el camino a toda su tripulación y llega solo a Ítaca como un náufrago.

6. El doble viaje de Odiseo

La Ilíada es una obra centrada en la muerte y la guerra, mientras que La Odisea explora la vida y la experiencia humana a través del doble viaje, físico y espiritual, de Odiseo. Por eso es La Odisea —y no la La Ilíada— la obra fundacional de la literatura occidental. Los ecos del periplo de Odiseo son rastreables en narraciones variopintas, desde El mago de Oz a El señor de los anillos.

El viaje del héroe, como sabe cualquiera que haya leído el célebre libro de Joseph Campbell, está presente en otras tradiciones culturales. Es una suerte de motor narrativo universal, como sabe cualquiera que haya leído alguno de los muchos manuales para guionistas hollywoodienses.

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7. Las reverberaciones de la Odisea

Los episodios de la Odisea se han plasmado en la pintura —hay, por ejemplo, unas cuantas maravillas de Waterhouse y un espléndido Ulises y Calipso de Böcklin— y hay abundantes referencias en la literatura. Desde el malévolo guiño de Joyce titulando Ulises a las andanzas cotidianas del anodino Leopold Bloom, hasta el poema sobre Ítaca de Kavafis.

Pasando por el poema Mapa del nuevo mundo: Archipiélagos de Derek Walcott, que arranca evocando el barco de Ulises que zarpa: “Al final de esta frase, empezará a llover. /Y al filo de la lluvia, una vela.//Lentamente la vela perderá de vista las islas; la creencia en los puertos de toda una raza/se perderá entre la niebla”, y concluye desvelándonos que Homero “tañe el primer verso de La Odisea”.

En el cine varias películas han jugado con La Odisea: en El desprecio de Jean-Luc Godard, Brigitte Bardot está filmando en la espectacular Villa Malaparte de Capri una versión de la obra de Homero, que dirige Fritz Lang, interpretándose a sí mismo.

No es casual que el clásico de ciencia ficción de Kubrick se titule 2001: una odisea del espacio, y está repleta de referencias homéricas La mirada de Ulises de Theo Angelopoulos, en la que Harvey Keitel interpreta a un cineasta que parte en un viaje en busca de tres bobinas de pioneros del cine griego. Y en O Brother! los hermanos Coen elaboran un genial pastiche homérico —con su cíclope y sus sirenas— ambientado en la Gran Depresión y con banda sonora de blues.

8. Anacronismos y despropósitos

Como era de prever, la película de Nolan provocará algún soponcio a los eruditos helenistas más sensibles. Les esbozo parte del memorial de agravios: el casco que lleva Odiseo no corresponde a la edad de bronce micénica (el de la época, qué le vamos a hacer, es mucho menos fotogénico); el barco en el que navega ha sido acusado de parecer más vikingo que griego; resulta chocante que Telémaco se refiera a Odiseo y Penélope como “dad” y “mom” y no como “Father” y “Mother”, que sonaría un poco más homérico; la coraza y el casco que luce el rey Agamenón se parecen demasiado al disfraz de Batman.

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Y lo peor de todo: a Helena de Troya y a su hermana Clitemnestra las interpreta la actriz negra Lupita Nyong’o. Esto último ha sulfurado especialmente a algunos amantes de las guerras culturales, que lo han visto como la materialización del infierno woke, y en efecto lo es. Ahora bien, no sé si vale la pena ponerse muy quisquillosos con el rigor histórico de una película basada en un poema épico escrito cuatro siglos después de la época en la que se sitúa la acción.

Compuesto por un poeta ciego que probablemente ni existió y en el que aparecen cíclopes, sirenas, monstruos de seis cabezas y dioses reunidos en asamblea para decidir a qué juegan con los seres humanos. Sí, es cierto que gracias a Shliemann, que descubrió sus ruinas, sabemos que Troya existió. Pero La Ilíada y La Odisea no dejan de ser evocaciones fantasiosas de la lejana Edad del Bronce micénica, a la que siguió la llamada Edad Oscura, que se extendió a lo largo de cinco siglos.

Fue después de esos siglos de decadencia cuando suponemos que uno o varios autores a los que consignamos como Homero recrearon, a partir de tradiciones orales, ese remoto pasado esplendoroso transformándolo en mito.

9. Reparto coral y algunas virtudes

A Odiseo lo interpreta Matt Damon; la longitud y el color de la barba permiten al espectador situar los saltos temporales. Al personaje lo encontramos con la ninfa Calipso (Charlize Theron), con la que en el original homérico pasa diez años de amor embrujado. Mientras, en Ítaca esperan Penélope tejiendo y destejiendo (Anne Hathaway, muy convincente en el precario equilibrio entre la firmeza y las flaquezas) y su hijo Telémaco (Tom Holland), que no ha conocido a su padre.

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En el reparto también destacan un sinuoso Robert Pattinson como Antinoo, un sólido John Leguizamo como el ciego Eumeo, Himesh Patel como el lugarteniente de Odiseo y Samantha Morton como Circe. Mención especial merecen la espectacular fotografía del suizo Hoyte van Hoytema y sobre todo la espléndida banda sonora del sueco Ludwig Göransson, ganador de tres Oscars por Black Panther, Oppenheimer y Sinners.

10. La tecnología y el futuro del cine

La Odisea de Nolan es el primer largometraje de ficción rodado por completo con cámaras IMAX de 70mm. Un hito que luce en la pantalla. Lograrlo ha obligado a afrontar varios retos técnicos: se ha rodado con celuloide y la película es de tal tamaño que en la bobina que se coloca en la cámara caben apenas dos minutos y medio.

Por otro lado, estas cámaras son muy ruidosas; no dan problemas en escenas de batallas, pero son problemáticas para las escenas íntimas, lo que obligó a crear una carcasa especial que redujera el ruido. Lo de volver a lo analógico y filmar en celuloide lo han hecho también cineastas como Brady Corbet (The Brutalist) y Paul Thomas Anderson (Una batalla tras otra), que además recuperaron la VistaVision, un formato de los años cincuenta del pasado siglo, que después cayó en desuso y proporciona una calidad de imagen excepcional.

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Ojalá que el futuro del cine como espectáculo sea el que va en la dirección que señalan estos directores y no en la que ha intentado marcar James Cameron con su saga Avatar, apostando por el 3D, los efectos digitales, las imágenes generadas por ordenador y la experiencia inmersiva (además de por unas tramas infantiles, cursis y ramplonas, y unos personajes azules ridículos con pinta pitufos gigantes). Lo de Cameron es más propio de un show hortera de Las Vegas, y el cine puede ser espectáculo, pero no olvidemos que también es arte.