Fotograma de 'Maigret y la muerte del embajador'

Fotograma de 'Maigret y la muerte del embajador' SBS Productions

Cine & Teatro

El (eterno) retorno de Maigret

Disponible en Filmin la última incursión en el cine francés del personaje creado por el escritor belga Georges Simenon: 'Maigret et le mort amoureux'

También: Nicole Trope y su 'Domestic Noir'

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Filmin ha colgado recientemente la última incursión en el cine francés (por el momento) del comisario Maigret, personaje creado por el escritor belga Georges Simenon en 1931 y cuyas aventuras se prolongaron hasta 1972, legando a la posteridad 75 novelas y 28 relatos breves. Se trata de Maigret et le mort amoureux, aquí titulada Maigret y la muerte del embajador, basada en la novela Maigret et les vieillards (Maigret y los ancianos), publicada en 1960. Es, lamentablemente, una adaptación correcta y poco más. Situar la historia en época actual, con sus teléfonos móviles y demás modernidades, no le ha sentado muy bien a nuestro querido comisario, que, con su gabardina un pelín astrosa, su sombrero y su pipa colgando de la comisura, acaba pareciendo un anacronismo con patas.

El actor elegido para interpretarlo, Denis Podalydes, resulta excesivamente tirillas para reconocer en él a un personaje descrito por su autor como corpulento y grandote. No digo que el señor Podalydes (que pertenece a la Comedie Française) sea un mal actor, pero lo suyo es un miscasting en toda regla. Y el director, Pascal Bonitzer, no se mata precisamente a la hora de encontrarle el ritmo a la historia. Mucho mejores resultados obtuvo hace cuatro años Patrice Leconte con su Maigret, protagonizado por un imponente Gerard Depardieu (hay dos roles ideales para Depardieu, o tres, si contamos al Dominique Strauss Kahn de Abel Ferrara: el comisario Maigret y el galo Obélix). Leconte ya había adaptado previamente El noviazgo del señor Hire, de Simenon (incluida en las novelas llamadas psicológicas: las del comisario Maigret se las pulía en una semana; las psicológicas, que requerían algo más de tiempo, en dos) y demostrado que sabía acceder al alma de Simenon a la hora de reproducir no solo sus ficciones, sino el tono general del autor y sus cuestiones morales.

En cualquier caso, los fans de Maigret agradecemos cualquier aventura cinematográfica de nuestro héroe, aunque confiamos en que la próxima, que llegará, tarde o temprano, esté un poco mejor que Maigret y la muerte del embajador, a la que le pasa lo mismo que a la pizza congelada: están todos los elementos, pero no sabe a nada. Y los añadidos no vienen a cuento: la constante presencia de la señora Maigret (Irene Jacob), que en las novelas aparece muy de uvas a peras y siempre unos momentos, entorpece la trama más de lo que la ayuda a desarrollarse (la mujer de Maigret es como la del teniente Colombo: se habla de ella, pero no se la ve prácticamente nunca).

Los devotos de Maigret que se hayan quedado con ganas de más y mejores aventuras siempre pueden bucear en plataformas y videoclubs (caso de que quede alguno abierto, aparte del mítico Video Instan barcelonés) en busca de previas incursiones en su universo. Son fundamentales las películas en blanco y negro protagonizadas por el gran Jean Gabin, que no es que interpretara al comisario Maigret, sino que era el comisario Maigret tal y como lo había imaginado Simenon. Fieles a la letra y el espíritu de la novela, se benefician ahora del momento en que fueron rodadas (años 40 y 50), como también les sucede a las adaptaciones de las historias de la señorita Marple de Agatha Christie, donde Margaret Rutherford encarnaba al personaje como no ha vuelto a suceder desde principios de los 60. El toque antañón le sienta bien a Maigret y yo aún no he superado el trauma de ver a Denis Podalydes sosteniendo un teléfono móvil.

Otra adaptación interesante, aunque en esta ocasión para la televisión, es la que tuvo lugar en los años 80 con Bruno Cremer en el papel protagonista. Cremer, un grandullón corpulento como su antecesor Gabin, componía un Maigret muy creíble y eficaz. En cuanto a la versión inglesa de las aventuras de Maigret, protagonizada por Michael Gambon (inolvidable en la miniserie El detective cantante, de Dennis Potter), era tan pulcra y correcta como cualquier producción de la BBC, pero el idioma jugaba en su contra, hasta el punto de que era mejor verla doblada antes que escuchar a una pandilla de británicos hablando su idioma en historias ambientadas en París.

No es que quiera ponerles deberes, pero cuando acaben con Maigret, pueden pasarse a la infinidad de largometrajes adaptados de las novelas psicológicas de Simenon (empezando por El noviazgo del señor Hire, con un Michel Blanc impresionante en el papel protagonista). La misión implica un nuevo buceo en plataformas y videotecas, pero merece la pena. En el caso de Maigret y la muerte del embajador, recuerden el refrán: a falta de pan, buenas son tortas.