Imagen extraída de la serie ´Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad´

Imagen extraída de la serie ´Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad´ IMDb

Cine & Teatro

La historia de Norteamérica (según Larry David)

´Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad´, la miniserie de HBO protagonizada por Larry David, una manera muy especial de celebrar el 250 cumpleaños de los Estados Unidos de América

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En su faceta de productores audiovisuales, Barack y Michelle Obama querían una miniserie para festejar los 250 años de los Estados Unidos en clave de humor, pero un humor tirando a blanco. Estaban en su derecho. Pero, entonces, ¿por qué se la encargaron a ese humorista cínico, cruel y cascarrabias que es Larry David?

El expresidente acabó reconociendo que trabajar con Larry era peor que un dolor de muelas, pero —zapatero a tus zapatos— acabó dejándole hacer prácticamente todo lo que quiso, para alegría de los fans del creador de Seinfeld y Curb your enthusiasm, dos series señeras de eso que ha dado en denominarse post humor y que juegan taimadamente con la incomodidad del espectador, que no sabe dónde meterse ante según que gags y según qué ocurrencias.

Life, Larry and the pursuit of unhappiness (Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad) —HBO va colgando los siete capítulos de uno en uno; solo duran media hora, por lo que aconsejo esperar a que los cuelguen todos para poder darse un atracón— constituye una manera muy especial de celebrar el 250 cumpleaños de los Estados Unidos de América, centrándose en los episodios más chuscos de la historia del país y con el gran Larry David protagonizando todos y cada uno de los sketches que componen cada episodio.

Cartel de la serie ´Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad´

Cartel de la serie ´Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad´ HBO

La estupidez de EEUU

Se trata de fijarse en un momento concreto de la historia de la nación y aplicarle el mismo tratamiento de choque que el bueno de Larry administraba a sus compañeros de reparto en Curb your enthusiasm. Para los que desconozcan esta serie fundamental de la comedia cruel contemporánea —solo comparable con Extras, de los británicos Ricky Gervais y Stephen Merchant—, hay que decir que Larry cambia a lo largo de la serie.

Al principio, es un buen tipo que no puede más con todo el bullshit circundante y le hace frente como buenamente puede. La estupidez ajena le irrita, y es una sustancia que se expende a granel, sobre todo en Los Ángeles, ciudad de neuróticos acomodados, gente trufada de ideas de bombero, devotos de la New Age y de las dietas adelgazantes y todo tipo de atorrantes con pretensiones que no piden un café con leche, sino un latte, que no es más que un café con leche.

Monólogos desquiciantes

Hacia la cuarta temporada, Larry ya se ha convertido en un psicópata que disfruta chinchando a la gente y sacando de quicio a todo el mundo con sus extravagancias. Si al principio se defendía, ahora se venga. Y es precisamente ese Larry el que se mete en la piel de toda clase de pelmazos insufribles que alteran los hechos históricos con su extraña manera de ir por la vida.

Mi personaje favorito de Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad es un sujeto que se sube al autobús, se sienta al lado de Rosa Parks —que se acaba de sublevar ante el blanco racista que la quería enviar al fondo del autobús con los suyos— y le da tal tabarra que la pobre, en vez de reivindicarse y pasar a la historia, se larga sola a la parte trasera del autobús para no tener que aguantar la chapa que le está pegando Larry.

Este sketch resume a la perfección el tono de Vida, Larry y la búsqueda de la infelicidad, serie en la que aparecen varios amigos de Larry David, como Jon Hamm o el mismísimo Jerry Seinfeld y que, por lo menos en mi caso, se presta a la carcajada (sobre todo, si uno comparte el particular sentido del humor de su autor).

Larry ya tiene una edad (Brooklyn, Nueva York, 1947) y esta puede ser una de las últimas oportunidades de disfrutar de su delirante acercamiento al guion y la actuación. Yo de ustedes no la dejaría pasar.