Imagen de la película ´Reflejo en un diamante muerto´

Imagen de la película ´Reflejo en un diamante muerto´

Cine & Teatro

´Reflejo en un diamante muerto´ y los hijos bastardos de James Bond

´Reflejo en un diamante muerto´, la nueva película de Hélène Cattet y Bruno Forzaniestrenada en Movistar +, que evoca el popular cine de espías de los sesenta

También: Diez consideraciones sobre 'La Odisea' de Christopher Nolan (y la de Homero)

Leer en Castellano
Publicada

Los géneros cinematográficos se cincelan con tramas y personajes, pero también con texturas y estéticas (es lo que los pedantes denominan estilemas). Así, por ejemplo, el cine negro se define por la figura del detective y la persecución del criminal, pero también por sus climas urbanos y su manejo del claroscuro. La pareja de cineastas franceses formada por Hélène Cattet y Bruno Forzani han centrado su carrera en recrear los géneros y subgéneros que fueron populares del cine europeo de los años sesenta y setenta del siglo pasado.

Reescritura de los géneros clásicos

Dedicaron dos películas a evocar la estética del giallo (Amer y El extraño color de las lágrimas de tu cuerpo) y otra a rescatar la del spaghetti western, trasladándolo al mundo contemporáneo (Dejad que los cadáveres se bronceen). Ahora han hecho lo propio con el cine de espías que se puso de moda a partir del fenómeno 007. El resultado es Reflejo en un diamante muerto, que acaba de estrenarse directamente en Movistar+.

Cartel de la película ´Reflejo en un diamante muerto´

Cartel de la película ´Reflejo en un diamante muerto´

Estos géneros, subgéneros y refritos que nutrieron los cines de barrio, reestreno y doble programa de toda Europa, casi siempre en copias desgastadas, llenas de ralladuras y cortes, fueron algo más que un simple entretenimiento popular. En sus títulos más relevantes, llegaron a ser propuestas visuales de una osadía y una libertad inauditos.

Los italianos fueron los reyes indiscutibles de este tipo de calcos europeos baratos de géneros estadounidenses, que reelaboraron con tal virtuosismo que los acabaron reinventando. El ejemplo paradigmático es Sergio Leone y el spaghetti western. Tomó el género estadounidense por antonomasia y en lugar de hacer una mala copia, optó por la hipérbole.

La genialidad es inaudita: el imitador italiano acaba dando una lección a sus maestros y reorienta la fuente original. Después de él, el western americano ya no volverá a ser el mismo, porque absorbe su estilo operístico y su exacerbación de la violencia.

En el caso del giallo, es una estetización del thriller hitchcockiano, que ejercerá una influencia crucial en el cine de terror posterior. De este género italiano surgirá el slasher estadounidense que arranca a finales de los setenta. Es cierto que el giallo suele tener un componente sádico que se despliega fundamentalmente sobre el cuerpo femenino. Pero más allá de este sesgo misógino, las virtuosas y radicales decisiones visuales de cineastas como Mario Bava y Dario Argento llevan sus películas hasta los lindes de la vanguardia artística, aunque sea de forma inconsciente.

En el caso del cine de espías, que inaugura la saga de James Bond, tiene múltiples conexiones con el arte pop y op. En él también está muy presente lo que la ensayista feminista británica Laura Mulvey denominó male gaze. En Bond la cosificación femenina alcanza extremos disparatados. Por ello, su interés sociológico es indudable, sobre todo por la pervivencia del personaje a lo largo de varias décadas.

En los sesenta, el Bond de Sean Connery es una suerte de alarmada vindicación viril en pleno apogeo de la ola feminista de esa época. Sin embargo, con Roger Moore —sobre todo a partir de La espía que me amó y los títulos que seguirán en los ochenta— la virilidad peligrosa de pelo en pecho de Connery (solo apta para mayores de 18 años) muta hacia la autoparodia (y la edad permitida se rebaja a los 14).

Con los actores posteriores, la saga se convertirá en un pastiche de sí misma, para finalmente reinventar el mito con Daniel Craig, que perfila a un Bond crepuscular, en un mundo nuevo en el que ya no encaja.

Estas claves están presentes en Reflejo en un diamante muerto, pero Cattet y Forzani juegan sobre todo a recrear las innumerables imitaciones de Bond producidas por toda Europa que llenaron los cines de barrio. Es lo que se suele denominar Eurospy, un género en el que también hubo aportación española. El ínclito Jesús Franco rodó un montón, algunas infumables y otras deliciosamente disparatadas, y el gran Isasi Isasmendi filmó, en parte en Barcelona, Estambul 65.

Para quienes vivimos la adolescencia a finales de los años setenta, este tipo de cine de serie B y explotación tiene mucho de magdalena proustiana. De ahí el homenaje de Tarantino y Robert Rodríguez en el proyecto Grindhouse (Death Proof + Planet Terror). De ese cine sesentero y setentero denostado por los pedantes y los miopes surge de hecho toda la obra de Tarantino (basten como ejemplo esa enciclopedia del cine de artes marciales que es Kill Bill, o su homenaje al spaghetti western en Django).

Otro director, menos conocido, que también transita estos territorios es el británico Peter Strickland, autor del neogiallo Berberian Sound Studio, y del exquisito homenaje al erotismo softcore europeo setentero en The Duke of Burgundy.

El fondo que justifica la forma

A diferencia de estos cineastas, que se inspiran en la estética del cine de esa época, pero construyen personajes y tramas con fuerza propia, yendo más allá de la mera recreación nostálgica, en las propuestas de Cattet y Forzani se invierten los términos. Su planteamiento es esencialmente formal, esteticista; sus tramas y personajes son apenas una excusa para desplegar una propuesta visual que evoca las texturas y los códigos de los géneros homenajeados. Su cine es mucho más arty que el de Tarantino y por eso sus películas difícilmente generarán el fervor masivo que provoca el estadounidense.

Imagen extraída de ´Reflejo en un diamante muerto´

Imagen extraída de ´Reflejo en un diamante muerto´

Con todo, Reflejo en un diamante muerto probablemente sea su título más accesible, pese a que a ratos el hilo argumental puede resultar un poco confuso. La cinta arranca con una escena que parece sacada de La muerte en Venecia de Visconti, en versión heterosexual.

Un anciano vestido de blanco contempla con melancolía, desde la terraza de un hotel de la Costa Azul, a una joven con biquini rojo. De pronto la chica se saca el top y el destello producido por el diamante del piercing que lleva en el pezón, trae al mirón un recuerdo de su pasado de agente secreto. O tal vez le provoca una ensoñación puramente imaginaria de una ficticia juventud aventurera.

Al anciano lo interpreta Fabio Testi —que fue estrella de spaghetti westerns, giallos y poliziescos— y al joven agente John Dimas le da vida Yannick Renier. Toda la película es un continuo vaivén entre el presente y el pasado, y está repleta de guiños y referencias: a las secuencias pop de los títulos de crédito de la saga Bond que diseñaron genios como Maurice Binder y Robert Brownjohn, a los lienzos pintados con cuerpos femeninos de Yves Klein, al op art, al surrealismo de Magritte...

John Dimas tiene una némesis femenina. Su archienemiga, la enigmática y letal Serpentik, con sus uñas de acero, sus tacones estiletes, sus desgarradores anzuelos camuflados en el cabello, su anillo con punta venenosa y sobre todo su traje negro de látex... Y aquí entra en escena el otro gran referente de la película: el Diabolik creado por las hermanas Giussani, hito indiscutible del fumetto nero italiano (que Mario Bava llevó al cine).

Imagen de ´Reflejo en un diamante muerto´

Imagen de ´Reflejo en un diamante muerto´

Y tirando de este hilo, Reflejo en un diamante muerto incorpora viñetas de cómic y hasta imágenes de fotonovela. Serpentik es una asesina de mil rostros y mil máscaras (que en su vejez tiene la cara de Maria de Medeiros). De este modo, el viril espía persigue —y al mismo tiempo teme— un ideal femenino en permanente mutación, que nunca consigue atrapar.

La película tiene un par de escenas que son auténticos morceaux de bravoure. En una, una espía negra luce un vestido metálico estilo Paco Rabanne, consistente en círculos cosidos. Al verse rodeada, pulsa un botón y los círculos metálicos se convierten en letales estrellas ninja que salen disparadas. Liquida a todos sus perseguidores y ella queda completamente desnuda. La otra secuencia es un ataque de Serpentik a un grupo de matones en un bar con futbolín, muy gore y con una coreografía tan espeluznante como fascinante.

Imagen extraída de ´Reflejo en un diamante muerto´

Imagen extraída de ´Reflejo en un diamante muerto´

¿Fue John Dimas en su juventud un agente secreto, o tan solo un personaje de novelitas pulp y películas? ¿Fue real o es el fruto de la fantasía de un anciano aburrido? Reflejos en un diamante muerto está repleta de ojos y espejos, y hay en ella continuas referencias a la escenificación y la representación. Es metacinematográfica y posmoderna. Es un homenaje y un pastiche, la deconstrucción de un género y su reelaboración esteticista. Y para algunos, un bocado de la magdalena de Proust, que nos permite ser de nuevo, por un rato, espectadores adolescentes en la butaca de un cine de barrio.