Baile en una Rave en el desierto, imagen de 'Sirât'

Baile en una Rave en el desierto, imagen de 'Sirât' SIRAT

Cine & Teatro

'Sirât' y el desierto sonoro

El cruce de la sonoridad del desierto con la cultura impuesta no es más que una forma de sobreponer el sonido repetitivo del techno al silencio imaginario y sobrecogedor del desierto. Laxe y Kangding Ray documentan este movimiento sonoro desde una mirada que recorta, estiliza y abstrae la experiencia rave en el Sáhara

También: Música e identidades líquidas

Llegir en Català
Publicada

"Nunca confíes en un escritor para que documente un movimiento". En el preámbulo que escribió en 2003 para Rave Culture and Religion, editado por Graham St John, Douglas Rushkoff confesó su fracaso como observador neutral-periodístico de una rave y su cambio a un participante total, inmerso en la escena para poder narrar lo que ocurría en estas fiestas.

A pesar de no mencionar explícitamente el sonido, Rushkoff hablaba de una experiencia fractal, grupal y espiritual, pero principalmente corporal: "al fin y al cabo, una rave no sucede en el espacio, sino en el tiempo, extendiéndose bien hacia el pasado y hacia el futuro. Sabíamos entonces que hablábamos a otros a través de nuestros movimientos".

La corporalidad grupal que caracteriza estas fiestas está fuertemente vinculada al sonido de las mismas. Las estructuras repetitivas, el volumen elevado o el uso de las frecuencias graves son rituales sensoriales dentro de una lógica propia, individual y/o colectiva, pero siempre con correspondencia imaginaria, preguntándonos cómo suenan entonces los espacios que habitan. Dejando de lado los lugares propiamente específicos de la cultura rave, llenos de gente, ¿cómo sonarían espacios aparentemente estáticos, donde el centro no es el movimiento, sino la quietud? ¿Es posible mover estos puntos geográficos?

Imagen de la película 'Sirât'

Imagen de la película 'Sirât'

En este sentido, la propuesta de Oliver Laxe (París, 1982) con Sirât, nominada a once Goyas y dos Oscars, intenta resolver esta tensión espacio-movimiento-sonido que se mantiene en vilo durante todo el largometraje. La historia de padre e hijo que buscan a una hija y hermana perdida en una rave (“hacia el sur, cerca de Mauritania”, elección plagada de polémica) y sus posteriores peripecias quedan totalmente relegadas al propio desierto como ente sonoro protagonista. Son ellos -actores, director, espectadores- los que se sirven de este concepto “desértico” para amoldarlo a sus intereses y dejar de lado el espacio geográfico para priorizar el espacio sonoro.

Simbolismo espiritual

No son excepcionales las raves situadas en entornos áridos. Aunque el término rave ya apareció en los años 50-60 para designar las fiestas británicas en espacios no convencionales (warehouse parties) y con carácter clandestino, las primeras raves desérticas surgieron en los años 90 en California, con el colectivo Moontribe insertando música influenciada por el house y el techno de Chicago, y el grupo Burning Man en Nevada, que integraba coches con DJs pinchando en un ambiente autosuficiente y prácticamente ritual.

Más allá de querer aislarse de las ciudades, estas raves insertas en contextos de conflicto (véase el festival de música de Re’im, asaltado el 7 de octubre de 2023) aparecieron por una combinación de aislamiento geográfico, simbolismo espiritual y resistencia cultural. Popularizadas a partir de 2010 en internet, ofrecían espacios remotos, lejos de controles policiales.

En el caso de Sirât, además, para los jóvenes turistas de Rabat, Casablanca o Nouakchott, es una forma de acercarse a la espiritualidad del Sáhara ancestral. Realmente, la imagen rave que nos da Laxe es marginal, limitada a eventos transfronterizos o turísticos, anteponiendo la idea del desierto al lugar dónde ha sido grabada.

Sistema nervioso

Estos eventos buscaban trasladar la lógica rave británica, donde la clandestinidad y la colectividad eran primordiales, a paisajes abiertos y libres de estructura. La clandestinidad estaba a la orden del día. Evans, apoyándose en Jacques Attali, señala que la música rave se organiza más en torno al espacio que al tiempo lineal, es decir, en lugar de relatar algo, construye un entorno sonoro en el que el oyente-espectador-personaje se mueve.

La elección del desierto como protagonista de la película reside en su espacialidad sonora, y es aquí donde la banda sonora brilla por su capacidad narrativa: el desierto supera a cualquier personaje, cualquier trama y cualquier historia, porque el desierto, entendido como sonido y espacio, es el que nos cuenta y nos acompaña.

El compositor de la banda sonora, Kangding Ray, de nombre real David Letellier (Francia, 1978), pretendía que se viese el sonido y se oyese la imagen, creando así una experiencia estática y en movimiento a la misma vez. Galardonado en la pasada edición de Cannes por la Mejor Música Original y el Premio del Jurado, su trabajo en el film es a la vez notable e invisible, permanente e incierto. Es el sistema nervioso de todo lo que vemos y nos educa en la escucha que ejercemos para tratar de entender que está ocurriendo.

El cineasta Oliver Laxe

El cineasta Oliver Laxe Alejandro Martínez Vélez Europa Press

La fusión entre techno industrial y texturas ambient genera un mismo sonido, sin cortes abruptos y con una progresión natural que imita el espacio al que se adapta. Más que ilustrar, el sonido profana su alrededor, permite que el desierto sea el centro y deja al espectador mirar hacia dentro, buscar respuestas sin éxito y permanecer expectante a lo que sucede en la imagen.

Vivencia casi física

Como si de un fantasma sonoro se tratase, la música está latente, silenciosamente sumergida bajo la narrativa, pero con un constante movimiento que finalmente sale a flote durante la última secuencia, aterradora para el espectador, pero deleitosa para los oídos.

Para aquellos amantes del techno y de la cultura rave, es el propio sonido el que ayuda a introducirse en la historia, con un inicio enérgico que puede evocar a fiestas pasadas. Y, sin embargo, en el desarrollo narrativo de este thriller, las capas no paran de surgir: solo producen más sorpresas y suspiros que colapsan en ese final casi ritual que estremece y sacude. Más que una experiencia cinematográfica al uso, se trata de una vivencia casi física.

Imagen de 'Sirat'

Imagen de 'Sirat' SIRAT

Nominada a Mejor Sonido en los premios Oscars por su innovador diseño sonoro -haciendo historia con tres mujeres en cabeza-, la película prácticamente mezcla música y sonido y hace incierta su separación. La cultura que esta música crea también ejerce de narración: personas que, para escapar de su vida actual (o reinventarse en una nueva), usan la rave como forma individual de conexión espiritual.

No solo es trasfondo, acompañamiento o escritura sonora, sino una forma cultural de describir la película: por encima de todo, está la supervivencia de la comunidad en la que uno decide inscribirse, ya sea por elección propia o porque no tiene otra opción.

Sin embargo, ¿cómo suena realmente este espacio geográfico? Tradicionalmente son la musique mauritanienne, interpretada por la casta de los iggawin y profundamente arraigada en la cultura árabe-bereber, y la música nómada del Sáhara occidental, territorio ocupado por Marruecos desde 1975 con fuertes tensiones y éxodos masivos.

Habitar espacios narrativos

Nada de esto aparece en la película, pues se trata de una apropiación del espacio -como escenario- para imponer una sonoridad específica y foránea. Más allá del uso de la cultura rave, ¿hasta qué punto no hay una colonización occidental del desierto como espacio sonoro?

El cruce de la sonoridad del desierto con la cultura impuesta no es más que una forma de sobreponer el sonido repetitivo del techno al silencio imaginario y sobrecogedor del desierto. Laxe y Kangding Ray documentan este movimiento sonoro desde una mirada que recorta, estiliza y abstrae la experiencia rave en el Sáhara, transformándola en un paisaje desértico más cercano a la metáfora que a la crónica.

A la misma vez, se dota de una extraordinaria narración al sonido. Quizás no se trate de documentar el movimiento ni el sonido, sino de ser conscientes de cómo habitar estos espacios narrativos, culturales y sonoros.