El académico José Manuel Blecua
José Manuel Blecua, un estilo
Blecua destacó por su afabilidad liberal, que era un poco un aire de familia compartido con su hermano Alberto, también filólogo muy reconocido, y con su célebre padre, José Manuel Blecua Teijeiro; y su afán detallista, que le llevaba a examinar con enorme paciencia y atención cualquier texto antiguo en busca de certezas científicas
Ya van siendo menos. Los referentes académicos que eran nombres habituales cuando yo estudiaba Filología Hispánica, hacia el año 2000. Francisco Rico murió hace dos años; el gran Jordi Castellanos, que dejó una disciplina entera realmente huérfana, se marchó incomprensiblemente en 2012. Se van académicos que sentaron las bases de nuestra cultura humanística, recuperaron textos imprescindibles, y pudieron transmitir sus conocimientos con mayor intensidad durante los años noventa y primeros dosmiles, en general.
José Manuel Blecua publicó Atlas de literatura española en 1972, Lingüística y significación en 1973, y muchísimos diccionarios y gramáticas. Sus innumerables artículos versan sobre temas de Lexicografía, Lope de Vega, Miguel de Cervantes, Baltasar Gracián, Fray Luis de León, Jorge Guillén o Pedro Salinas, entre muchos otros.
En 1998 coeditó Estudios de grafemática en el dominio hispánico junto a Lidia Sala y Juan Gutiérrez (Universidad de Salamanca). Juan Gutiérrez fue mi profesor de Historia de la Lingüística Histórica, y era un hombre con un humor muy peculiar, simpatiquísimo, que se enfadaba conmigo porque siempre me encontraba leyendo novelas de Pío Baroja, y decía que aquello eran chorradas, que el “trabajo” tenía que versar sobre “cosas serias”; y esas “cosas serias” eran las de la lengua antigua: trazos, preposiciones, regímenes verbales en desuso, pensamiento lingüístico medieval… Juan Gutiérrez no consiguió que me interesaran mucho Duns Escoto ni la fonología, pero sí consiguió que leyera algo de lingüística diacrónica.
José Manuel Blecua, en 2023 Europa Press
José Manuel Blecua ingresó en la Real Academia Española en el año 2003, y en la institución llegó a ocupar los cargos de secretario y director. Su discurso de ingreso fue publicado en 2006 y se tituló Principios del Diccionario de Autoridades.
Profesor en el Menéndez Pelayo
Cuando se redactó la Nueva Gramática de la Lengua Española, fue el responsable de la Fonética y la Fonología. Trabajando en estas cuestiones y clasificando neologismos vivía en Madrid, aunque el mayor período de su vida lo había pasado en Barcelona, enseñando lengua en el Instituto Menéndez Pelayo y, durante veinticinco años, impartiendo la asignatura Comentario Lingüístico de textos literarios en la Universitat Autònoma de Barcelona.
Allí dejó una huella profunda, porque fundó un Laboratorio de Fonética y fue decano, vicedecano, vicerrector director de Publicaciones y secretario. Entre sus discípulas pueden citarse a Carme Riera, Dolors Poch o Glòria Clavería.
Libro de José Manuel Blecua, sobre el Barroco
Quienes lo conocían bien destacan dos rasgos de su personalidad: su afabilidad liberal (digámoslo así), que era un poco un aire de familia compartido con su hermano Alberto, también filólogo muy reconocido, y con su célebre padre, José Manuel Blecua Teijeiro; y su afán detallista, que le llevaba a examinar con enorme paciencia y atención cualquier texto antiguo a la busca de certezas científicas.
Encaja con lo que mi director de tesis, Adolfo Sotelo, me contaba en su despacho hace un cuarto de siglo: los Blecua, procedentes de Aragón, eran los epígonos de la Institución Libre de Enseñanza.
Cómics y novelas
Cuando Sotelo me encarriló un poco (yo empezaba a obsesionarme con la década de 1890, pero me dispersaba irremediablemente), él seguía obsesionado con Rafael Altamira, el krausopositivismo y los estudios de Juan López-Morillas.
Me enseñó que el institucionismo no era una nube pasajera e informe en un cielo inestable, o una cosa de abuelos demasiado moderados, sino una auténtica forma de ver el mundo basada en la tolerancia y la curiosidad científica.
El académico José Manuel Blecua
Blecua creció leyendo cómics y novelas de kiosco. Y ese amor a los estamentos populares, ese amor que atraviesa a Galdós y alcanza, por ejemplo, las literaturas de Unamuno, Lorca, Marsé o Pérez Andújar, es otro rasgo peculiar de un determinado estilo.
Y en este sentido, que falten hombres como José Manuel Blecua (o Francisco Caudet, fallecido en 2021, que abrió mucho camino en mi campo específico de investigación) hace el mundo académico menos vivible y menos respirable.
El propio José Manuel Blecua tuvo que escribir la necrológica de Manuel Alvar, hace cinco años. Todo esto es realmente preocupante. Hace poco, precisamente en un aula de la Universitat Autònoma de Barcelona, me presentaron a una de estas leyendas de la filología, Manuel Aznar Soler, autor de cientos de estudios jugosos, siempre actuales.
Hombre sencillo
Y de leyenda no tenía nada, porque es un hombre de trato muy sencillo. Y este es el estilo que se echa de menos: si hemos caído en las garras del transhumanismo es porque van faltando humanistas, sabios tolerantes y atentos a la instrucción básica, y la gimnasia burocrática actual que ha sustituido a ese mundo de curiosidades mutuas es bastante más aburrido y antipático.
Si nos arrancan la pasión por conocer y la ciencia base, muchos nos quedamos sin aire y boqueamos patéticamente como un pez fuera del agua. Esta podría ser un poco la conclusión: ante desapariciones como la de José Manuel Blecua Perdices (1939-2026) una especie de estupor y de miedo al vacío sustituye todo un mundo de resonancias estructuradas e interés por compartir saber de una forma abierta, perdurable y oxigenada.