Imagen de 'LaRoy, Texas'

Imagen de 'LaRoy, Texas'

Cine & Teatro

Shane Atkinson y el enredo criminal

'LaRoy, Texas' es un crescendo permanente hacia el delirio, las muertes y un sindiós de primer orden que lo deja a uno tan satisfecho como exhausto

También: ‘Euphoria’: ¡Se acabó el colegio!

Leer en Castellano
Publicada
Actualizada

Mezclar géneros no es fácil y no suele salir bien. Pero cuando todo encaja, te encuentras con películas como Fargo, de los hermanos Coen, donde una resiliente policía embarazada (Frances McDormand) conseguía llevarse por delante a unos criminales de la peor especie (y luego fingir interés por la colección de sellos de su marido/felpudo).

Es una lástima que esa mezcla de thriller y comedia no se de con mayor frecuencia en el cine actual. Por eso es de agradecer una película tan brillante como LaRoy, Texas, escrita y dirigida por el novel (solo tres cortos en su haber) Shane Atkinson, que si no es el alumno más aventajado de los Coen, que baje Dios y lo vea.

Cartel de 'LaRoy Texas'

Cartel de 'LaRoy Texas'

Quien se anime a internarse en el catálogo de Filmin y rascar un poco (tampoco mucho), la encontrará fácilmente (el largometraje ha llegado directamente a la plataforma sin pasar por los cines, algo que, lamentablemente, cada día es más frecuente).

Reloj suizo

Todo en Laroy, Texas remite a los hermanitos de Minesota: la comedia de enredo con perspectiva criminal, los personajes de escasas luces, el entorno churroso de la América profunda, la banda sonora de tonos country, el humor salvaje…Pero eso no constituye en absoluto un lastre para la propuesta del señor Atkinson, principalmente, porque su guion funciona como un reloj suizo y no tiene ni un agujero. Evidentemente, todo sucede en un pueblo de mierda llamado LaRoy.

Ray (John Magaro) regenta una ferretería a medias con su hermano mayor, quien, incongruentemente, atiende por Junior. Ray se huele que su mujer, Stacey-Lynn (Megan Stevenson), le pone los cuernos con alguien en el costroso motel del pueblo, así que se compra una pistola para poner orden, aunque nunca ha matado ni una mosca.

Imagen de 'LaRoy, Texas'

Imagen de 'LaRoy, Texas'

Mientras está aparcado ante el motel, dándole vueltas a lo suyo, se materializa un tipo que le encarga un asesinato y le pasa unos miles de dólares de adelanto. Como era de temer, el muy idiota se ha equivocado de persona, al confundir a Ray con un peligroso asesino por encargo llamado Harry (Dylan Baker, ese hombre con cara de personaje de Daniel Clowes al que recordamos en la espléndida -y deprimente- Happiness, de Todd Solondz), que era quien tenía que llevar a cabo el encargo.

Enredo criminal

A partir de aquí, se va mascando la ridícula tragedia rural, propiciada por un aprendiz de detective privado al que nadie toma en serio, Skip (Steve Zahn), quien resulta ser un liante de primer orden que, para colmo, va siempre vestido de cowboy. Me ahorro el resto para no incurrir en el spoiler, pero les aseguro que LaRoy, Texas es un crescendo permanente hacia el delirio, las muertes y un sindiós de primer orden que lo deja a uno tan satisfecho como exhausto.

Puestos a ahondar un poco más en la teoría del enredo criminal (y a encontrar otra posible influencia del señor Atkinson), convendría citar al casi olvidado John Dahl, responsable de tres largometrajes estupendos: Kill me again (1989), Red Rock West (1993) y The last seduction (1994). Los dos primeros no los fue a ver nadie, pero el tercero cosechó muy buenas críticas y una cierta consideración de película de culto.

Refugio en la televisión

La más cercana al enredo criminal fue Red Rock West, intriga sarcástica ambientada en un pueblucho horrendo del que no había forma humana de escapar, que es lo que le sucedía todo el rato al pobre Nicolas Cage, que, hiciera lo que hiciera al volante, siempre acababa ante el letrero que daba la bienvenida a Red Rock West.

El señor Dahl rodó algunas películas más, pero no acabaron de funcionar, por lo que, tras rodar la última, You kill me (2007), se refugió en la televisión, donde lleva dirigiendo episodios de distintas series desde hace años (en la mejor tradición Leslie Linka Glatter). Estamos ante otro de esos cineastas que no acaban de conseguir hacerse entender por el público, pero si no conocen sus tres primeras obras, se están perdiendo algo serio (y cómico, a la vez).

Espero que no le ocurra lo mismo a Shane Atkinson, cuya primera película es una joyita. Seguiremos informando.