Vista general de la Casa Gomis, edificio diseñado por Antoni Bonet Castellana en La Ricarda / DOCOMOMO

Vista general de la Casa Gomis, edificio diseñado por Antoni Bonet Castellana en La Ricarda / DOCOMOMO

Artes

La Ricarda, paisaje y joyería

El valor ambiental del enclave afectado por la ampliación del Prat debe conciliarse con los proyectos aeroportuarios mediante un debate sobre la cultura urbana de Barcelona

11 noviembre, 2021 00:00

Aún existen lugares excepcionales que hablan de todos nosotros, lugares que se sitúan en centro del universo, de cada universo, como aquellos a los que nos remitía Olga Tokarczuk en Un lugar llamado Antaño con sus personajes –humanos y no humanos– y escenarios diversos, que evocan historias familiares en las que late una llamada para cada uno; espacios donde sus límites territoriales se dibujan de otra manera: “La frontera Oeste de Antaño está jalonada por unos prados húmedos y cercanos al río, algo de bosque y un palacio. (…) El peligro de la frontera Oeste es el pecado de la soberbia. Esta frontera está protegida por el arcángel San Miguel”.

Sí, podemos pensar que alguno de ellos se corresponde con La Ricarda, cerca del Delta del Llobregat. Y es que la prevista ampliación del aeropuerto del Prat, y en concreto la pista 3, ha redefinido o remarcado esas líneas divisorias de competencias y protecciones, de trasiegos de personas y capitales, desencadenando un sinfín de pareceres y reflexiones más o menos científicas que ponen el foco en lo medioambiental, lo económico y lo patrimonial. Algo que ha comprimido en pocos días la historia –mejor, la memoria– de este sitio tan emblemático del Delta del Llobregat para quienes lo viven o lo sienten como suyo en alguna medida. 

REORDENACIÓN PAISAJÍSTICA Y ECOLÓGICA DE LA DESVIACIÓN DEL RÍO LLOBREGAT

Proyecto de reordenación paisajística y ecológica de la desviación del Llobregat / JDVDP ARQUITECTOS 

Posicionamientos sobre una habitabilidad alternativa, que se sustentan en la oportunidad de lo global o en lo singular de lo local para la sostenibilidad de la región, han inundado las redes de comentarios y los quioscos de artículos impresos que ocupan a periódicos, informativos y seminarios. Progreso, hegemonía en los mercados y economías mundo, o una sensibilidad ecológica, atenta al sitio y al desarrollo equilibrado con la tierra y su disfrute, se han situado en polaridades aparentemente  contrapuestas e irreductibles, difíciles de conciliar en un territorio extremadamente frágil; algo que también resulta familiar que acontezca en otras geografías y ante otros problemas similares.

La propuesta de Aena para la ampliación de la pista del Prat y la construcción de una terminal satélite en el aeropuerto, infraestructura que se considera clave para potenciar la región con más vuelos intercontinentales, ha encendido el debate sobre la preservación o aplicación de políticas compensatorias para esta reserva protegida; también sobre la ordenación del territorio y las actuaciones compatibles o conciliadoras que, viniendo de la mano de la arquitectura y de otras técnicas medioambientales, no se limiten a cambiar las cosas –humedales– de sitio o a trasladar el problema al Parc Agrari. Creemos que la salida pasa por activar la memoria de aquel sitio sobre el que se pretende intervenir, pues hay como un decalaje entre las escalas de lo global: infraestructura, turismo, relevancia del nudo Barcelona y lo local, ligado a la cualidad singular del territorio. 

Imagen de las zonas verdes de La Ricarda

Imagen de las zonas verdes de La Ricarda

Se caracterizarían las últimas décadas de la cultura urbana del área metropolitana de Barcelona por un diálogo, más o menos ajustado, en ocasiones brillante, sobre este conflicto característico de la actual época de la globalización. En él se encuentran dos posiciones culturales enfrentadas, pero que se saben obligadas a llegar a un acuerdo. El camino recorrido ya es largo y haríamos bien en aprender de lo anteriormente ensayado, también en este caso: un caso al que en esta ocasión se le añade el comportarse como moneda de cambio frente a una crisis espacial de la política del territorio. Así, de entrada pensemos que estamos en un lugar, La Ricarda, entre el Puerto de Barcelona y el aeropuerto del Prat, no de retiro, para desconectar del trasiego diario de la gran ciudad, sino sustancialmente pro-activo, para reconectar con la tierra y con la vida

Casa Gomis 2 : DOCOMOMO

Interior de la Casa Gomis / DOCOMOMO

Pensando en los hitos patrimoniales que caracterizan esta parte del territorio en el que se quiere intervenir, el que se ha hecho más visible en estos días a propósito de los 500 metros de la pista 3, quizás haya sido la Casa Gomis (1949-63), de Antonio Bonet Castellana, reconocida como bien de interés cultural por su valor arquitectónico y patrimonial y recogida en el catálogo del Docomomo ibérico: sin duda una pieza sobresaliente de la arquitectura racionalista española. Así, recordábamos a bote pronto la publicación de Lluis Domènech que sobre la casa de Antonio Bonet apareció en Arquitecturas Bis (nº 27, 1979) y donde, 41 años atrás, ya se defendía el valor ecológico de este lugar. La Ricarda: un paisaje cultural, una joya para todos.

Emboscada hoy entre los pinos plantados durante su construcción para estabilizar el terreno, a pocos metros de la playa, sus propietarios siempre la vieron como un espacio contenedor de vida en contacto con la naturaleza y de actividades culturales (desde conciertos a tertulias de artistas o, ahora, montaje de exposiciones). Un escenario adecuado para una vida complementaria a la que la alta burguesía desarrollaba en la ciudad, asociada al ocio del litoral o al progreso de la aviación. Eso sí, apostaríamos a que en ninguna de las reuniones del Grupo 49Tàpies, Miró, Brossa– o de los conciertos que allí se dieron, el impacto sonoro de los aviones llevara la magia del lugar a lo violento o prosaico de la actividad aérea.

Club de Golf : DOCOMOMO

Planimetría del edificio del Club de Golf / DOCOMOMO

No insistiremos en el extraordinario interés de esta obra de Bonet para la arquitectura del siglo XX y su permanente actualidad. De ello ya se han encargado los artículos aparecidos recientemente en los medios especializados y de comunicación dentro y fuera de Cataluña, o la propia exposición de los artistas Bea Sarrias y Morlosko Vila-San-Juan que acaba de celebrarse. Porque no es solo esta espléndida casa: también la vecina y fantasmagórica presencia de la sede del Club de Golf de El Prat de Llobregat, obra de José Antonio Coderch de 1955, que permanece abandonada desde el 2000 con motivo de la ampliación del aeropuerto, merecería la escucha de sus numerosos relatos; y no menos atención reclamarían las intervenciones, blandas y extraordinariamente eficaces, del estudio de arquitectura JDVDP (Jansana-De la Villa-De Paauw). De ellas, y de otros personajes que participan del sitio, bien podremos aprender del trato con las cosas, con el medio ambiente y de todo cuanto allí podemos encontrar y conocer a la hora de actuar.

Hace ya tiempo tuvimos la ocasión de pasear por las márgenes del Llobregat de la mano de la arquitecta paisajista, y también diseñadora de joyas, Imma Jansana. Su acreditada labor como profesional (Premios FAD de 1993, 1994 y 2019 y Premio Europeo del espacio público Urbano en 2012) y docente (en el Máster de Paisaje del ETSAB y en la especialidad de Paisaje de la Universidad IUAV de Venecia), nos valió para conocer de primera mano las actuaciones extremadamente cuidadosas que se estaban desarrollando en un entorno natural tan frágil y expuesto, entre el puerto de Barcelona y el aeropuerto del Prat. 

REORDENACIÓN PAISAJÍSTICA Y ECOLÓGICA DE LA DESVIACIÓN DEL RÍO LLOBREGAT2

Imágenes del proyecto de reordenación paisajística de la desviación del Llobregat / JDVDP ARQUITECTOS 

Fue un encuentro clarificador, admirable, sobre cómo intervenir en el sitio por cuanto llevaba todo el conocimiento de los sistemas de lagunas de fitodepuración al diseño de un espacio natural activado con una voluntad pedagógica y un respeto a lo presente. Y, sin duda, didáctico tanto para quienes por primera vez lo visitábamos como para el usuario habitual, pero especialmente para los agentes que algún momento tuviesen que tomar decisiones o intervenir en él en circunstancias similares. 

Lo que se enunciaba y ensayaba era una práctica hábil que, reinventando espacios respetuosos con el territorio, posibilitaban que nos reencontráramos con el paisaje; una manera de proceder significante, en un “lugar situado en el centro del universo”,  cercana a ese estado de ánimo que planteara Søren Kierkegaard en Prólogos: comienzo de un devenir cómplice de la ciudadanía, las grandes infraestructuras y el paisaje cultural y natural. Algo que los arquitectos de JDVDP empezaron a desarrollar en 1997 para la franja litoral y las zonas húmedas protegidas del Delta del Llobregat con las Lagunas y observatorios en las marismas del Remolar (Finalista en la V Biennal de Arquitectura Española de 1999) y que ha continuado con la Reordenación paisajística y ecológica de la desviación del río Llobregat (2009) y con el Passeig Marítim del Prat de Llobregat (2018), formando parte del corredor verde que une las áreas las lagunas de La Ricarda y El Remolar: “una referencia proyectual que permitiera comprender el lugar y mostrar sus características ambientales, asegurando la supervivencia de sus ecosistemas y fortaleciéndolos”.

Un avión en el Prat, cerca del espacio nautural de La Ricarda : E.P.

Un avión en el Prat, cerca del espacio nautural de La Ricarda : E.P.

Parece obvio que la nueva y dilatada ampliación del aeropuerto, tal y como se ha planteado por Aena, llevaría a procesos irreversibles en lo referente a las condiciones medioambientales del sitio; tanto como que la solución no puede venir solo de los requerimientos de la actividad aeroportuaria. Al contrario: territorio e infraestructura tendrán que sentarse a negociar en la misma mesa en aras de la cohesión social y territorial. No basta con aplicar, sobre una imagen finalista, técnicas y políticas compensatorias como si de un acto reparador se tratara; habría que pensar también que en este espacio de escenarios y actores diversos, en este espacio de relaciones humanas y no humanas, deben aparecer otras –políticas y técnicas– concernientes a los cuidados, capaces de conciliar lo productivo con lo ecológico, y viceversa, ligar la memoria social, natural y artística con las expectativas marcadas por la actividad económica. Se recuperarían así otras soluciones, ya formuladas hace tiempo para la deseada –para muchos– pista larga del nuevo aeropuerto, que sin duda tenían menor incidencia en estos espacios protegidos. 

Diríamos que, anticipándose a la incertidumbre de los efectos derivados de la ampliación, habría que plantear la sofisticada programación de un ambiente que funcione realmente como soporte para la habitabilidad de individuos, próximos y distantes, en el que interactúen las distintas actividades que promueven con el medio natural. Y sí, habrá que estar atentos a aquellos suaves susurros en la noche a los que nos remitía el poeta Horacio en su Carmina I, a los pequeños relatos y vestigios que dan forma a la memoria de La Ricarda. Y uno que resuena claro y cercano, el de la intervención en el Parque Litoral del Prat de Llobregat de JDVDP, nos señala que estamos ante un lugar “considerado como contenedor de la diversidad biológica, susceptible de perder sus atributos en el proceso de degradación y que hay que proteger para garantizar la supervivencia de los ecosistemas que lo forman, (…) para integrar todos aquellos elementos definidores del paisaje, (…) para favorecer la conectividad biológica y la diversidad de hábitats existentes”.