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Imagen de la portada de 'Dolça Catalunya'

¿Medios o panfletos?

14.08.2019 20:28 h.
10 min

A los activistas mediáticos de El Catalán y Dolça Catalunya no parece gustarles el ejercicio periodístico. Más ufanos con su habitual interpretación de la información que elaboran el resto de medios de comunicación, los dos blogs contrarios al nacionalismo han reaccionado como un resorte contra una información de Crónica Global que explicaba los problemas de entendimiento entre las diferentes facciones que se han dibujado en la comunidad autónoma contra el independentismo.

La información, que firmaba Carles Ballfugó (un pseudónimo coral que se utiliza en este medio cuando una información es fruto de la elaboración conjunta por un equipo de periodistas en los que varios profesionales aportan datos), ha sido contestada por ambos medios no con un relato factual, sino con una de sus habituales diatribas de opinión en las que, a diferencia de cualquier medio de comunicación profesional y riguroso, es imposible distinguir los géneros periodísticos: información de opinión.

Crónica Global explicó su visión de los acontecimientos que vive el constitucionalismo, primero en su dimensión mediática (donde los blogs que se han ofendido tienen un papel), pero también en los partidos. Sin ir más lejos, esta redacción ha dado cuenta de los problemas internos que vive el partido Ciudadanos por las diferentes visiones que sus integrantes tienen sobre cómo debe enfocarse el nuevo periodo político que vive España y que afecta de igual forma a Cataluña.

El arrebato radical de los dos medios (panfletos), que quieren hacer pasar el análisis informativo de un medio realmente independiente como Crónica Global, como una especie de adhesión a los postulados de los socialistas catalanes da muestra de la visión que ambos blogs tienen de su función social y democrática. Dolça Catalunya, por ejemplo, critica el uso de un pseudónimo coral (que siempre, a efectos legales, lleva la firma de la dirección y, en consecuencia, de la empresa editora), pero ladea que desde hace años su activismo contra el nacionalismo se realiza de forma anónima y sin conocerse quiénes son los propietarios de la web.

Niegan que la genésis de Dolça Catalunya esté en una parte del catolicismo catalán, como si ese pudiera ser un hecho discutible. Es obvio que no se trata de la iglesia catalana nacionalista, seguramente la mayoritaria. Pero aún es más cierto que sus impulsores son personas vinculadas a esas creencias. Basta con repasar los temas publicados en algunas de sus secciones para sustentar esta afirmación. Si el medio ha decidido no dar a conocer quiénes están detrás, cuáles son sus ocupaciones e historial ideológico no tiene mayor importancia, salvo que persistan torticeramente en llamar al boicot de Crónica Global por no coincidir de manera exacta con nuestra línea editorial.

El caso de El Catalán, sin embargo, es más curioso. Sergio Fidalgo, su editor, parece tener una especie de manía persecutoria con este medio desde que lo abandonó hace ya unos años. Lejos de producir informaciones propias, la mayoría de sus contenidos proceden de refritos periodísticos de la competencia y de un papel de pseudoguardia de la pureza del constitucionalismo catalán. La última crítica no ha sido la primera que nos ha dedicado, hasta el punto que se atreve a poner en entredicho el libro de estilo de Crónica Global por lo que se refiere a la toponimia o nomenclátor y hasta el nombre de los pueblos o las calles de Barcelona son objeto de artículos. Su vocación de provocar malestar con respecto a nuestro medio se esconde en la formulación de la pieza publicada, más que un aliño es una reprimenda policial-constitucional. Se alude a la alianza de Crónica Global con El Español de Pedro J. Ramírez, nuestro socio minoritario, para mentir de forma abierta e implicar a otra publicación de intachable reputación constitucional. Este digital no ha criticado a ningún constitucionalista catalán, se ha limitado a relatar con la máxima precisión las diferencias de criterio que se han producido entre ellos y cómo unos y otros juegan diferentes posiciones, en muchos casos cercanas a los partidos a los que se siente más próximos.

elcatalan

Tampoco ninguno de los dos medios supuestamente agraviados por la información profesional de Crónica Global se sirve dar a sus lectores noticia clara de cuál es su influencia en el mundo de internet en términos de capacidad de prescripción o audiencia acumulada. Quizá esa actitud de honestidad profesional les podría privar del gozo de dañar a sus colegas. Sirva como dato menor que Crónica Global obtuvo el pasado julio, el último mes del que pueden obtenerse datos, un total de 5.726.533 visitas por parte de más de tres millones de lectores diferentes. La cifra forma parte de la certificación de la Oficina para la Justificación de la Difusión (OJD)Dolça Catalunya, quien más se aproxima, arrojó en ese mismo mes 1,4 millones de visitas. Los datos no son oficiales, puesto que el blog no se somete a ningún control oficial de audiencias, pero sí extraído de Similar Web, una herramienta de medición extraoficial que permite conocer la evolución de publicaciones en internet que no están auditadas o certificadas por ninguno de los medidores oficiales homologados por el mercado. Algo similar sucede con El Catalán de Sergio Fidalgo, que en julio, registró 566.460 visitas, alrededor del 10% de las cosechadas en el mismo periodo por Crónica.

La ofensiva de ambos contra este digital, referencia ya indiscutible de la información de Cataluña crítica con el nacionalismo y el proceso independentista de los últimos años, una publicación que cuenta con el mejor plantel de columnistas de la Cataluña constitucionalista, parece originada más por una rabieta periodística. Quizá por la dificultad que viven para situarse a idéntico nivel profesional. Dolça Catalunya, que ha demostrado una originalidad y singularidad curiosa en algunas etapas de combate contra el nacionalismo, parece hoy atrincherada en posturas de superioridad moral y ética, tan propias de determinadas actitudes religiosas. El caso de El Catalán, sin embargo, tiene más que ver con el perfil de solución de autoempleo de su editor, que aspira a generar ruido mediático a cualquier costa para darle oxígeno a un chiringuito editorial de corto alcance. No explica su editor en la información sobre Crónica Global que colaboró esporádicamente en este medio hasta que más allá de sus funciones intentó influir en la elaboración de nuestras portadas, con consignas que oscilaban entre el sectarismo menos profesional y la mentira: llegó a decir en un correo al entonces director que el medio le pidió adhesión a la línea editorial, justo cuando toda su participación se limitó a espacios en los que no cabía la propaganda partidaria o ideológica. No le gustó que se hiciera una entrevista a un alto cargo de la CUP. Esa parece ser su visión del periodismo: llegado el caso ningún periódico mundial hubiera entrevistado a un terrorista en activo o arrepentido por su propia condición de delincuente; es decir, el interés humano y periodístico debería siempre estar sometido a la carga ideológica.

El nuevo récord de audiencia que Crónica Global ha obtenido el pasado julio pone de manifiesto la apuesta de sus lectores por un producto riguroso, independiente (de todos los poderes políticos y económicos) y profesional. Alejado, por supuesto, de las actitudes más vitriólicas y gregarias de los partidos políticos o los grupos de presión. La apuesta, además, de nuestros suscriptores que contribuyen a la financiación del proyecto periodístico y que lo prefieren ante otras ofertas editoriales de similar posición, pero sin la garantía de seriedad y equidistancia informativa.

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