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La escritora Lucía Etxebarría / EFE

Lucía Etxebarría: “Si cualquiera es trans, no hay trans y, por lo tanto, lo trans no existe”

La escritora publica un nuevo libro sobre la trata de mujeres y pide prisión permanente revisable para algunos delitos

19 min

Lucía Etxebarría (Valencia, 1966) ha escrito una nueva novela: Selene y los cuatro elementos. Un thriller en toda regla lleno de guiños a la realidad y que retrata una situación muy peligrosa, la trata de mujeres.

El libro ha sido un éxito, al menos la primera edición. La escritora lanzó 3.000 ejemplares de una tirada y se agotaron antes de llegar a las librerías. Ha tenido dificultades para encontrar más papel para la nueva tirada.

Amenazas

No ha sido el único. Ponerse a investigar un mundo tan turbio como la trata le ha causado muchos contratiempos: agresiones, teléfono pinchado… Eso sin contar todo lo que ha vivido tras sus críticas al anteproyecto de la llamada ley trans.

Durante la entrevista con Crónica Directo acerca del libro fue inevitable hablar de ello. El tema surgió solo y es que Etxebarría está harta de las críticas y las amenazas. Y eso que todo empezó con una felicitación porque la obra, realmente, engancha.

Portada libro Lucía Etxebarría
Portada del libro de Lucía Etxebarría

--Respuesta: Gracias por decirlo, porque no me quieren hacer entrevistas en ningún sitio. Con Mujeres extraordinarias se extendió el bulo de que era un plagio y luego no hubo ni una demanda. Puro fake news. Y no he tenido ninguna entrevista por eso. Aun así, he podido lanzar una primera edición de 3.000 libros que se agotaron antes de llegar a las librerías y he tenido serios problemas para encontrar más papel para la segunda edición.

--Pregunta: ¿Por qué cree que sucede todo esto?

--No me parece inocente que El País hable de Elisabeth Duval todos los días y nos boicotee a los demás. Está claro que aquí hay una agenda política detrás 'y si usted toca determinados temas iremos a por usted'.

--Bueno, usted ha abierto el melón, vamos a abordarlo…

--Estoy encantada de hablarlo. La Constitución exige presentar alegaciones ante cualquier anteproyecto de ley. Yo ejercí un derecho democrático que es expresar que una ley tiene fallos [habla de la ley trans]. Lo siguiente fue una ministra de Igualdad aplaudiendo a una persona diciendo que me tenían que lanzar un ladrillo, artículos escritos desde medios de su entorno, diciendo que hubo un plagio, una serie de artículos que decían que hay una denuncia que yo nunca vi, una campaña salvaje solo por cuestionar una ley con datos. Es alucinante. Y esto empaña el libro.

--¿Por qué cree que es contra usted? Más gente ha puesto en cuestión este proyecto de ley.

--No hubo mucha más gente conocida por el gran público que lo dijera. Era la presa fácil y nunca pensé que esto iba a pasar. Y, ahora mismo, existe una demanda por acoso contra una íntima amiga de la ministra, con informes de la brigada policial de investigación y de la fiscalía que acreditan que hay mensajes que salen de la casa de esta persona. En otro país esto significaría la dimisión de la ministra.

--¿Pero qué ve de anticonstitucional en esta ley?

--Por ejemplo: un niño o niña con discapacidad​ debe pasar por un laberinto burocrático y una yincana de pruebas para que esa discapacidad se reconozca, puede tardar años, incluso si es visible. Tú mañana puedes decir que eres una mujer, no te exigen ningún examen. Eso es discriminar. Esa autodeterminación en el sexo registral permite a agresores sexuales de mujeres ingresar en cárceles de mujeres, como ya ha pasado. Y los agresores sexuales siempre reinciden, imagina si los encierras con mujeres. Luego está el tema de los deportes… Venga a llamar a Lia Thomas “nadadora transexual”. No es transexual, no se ha operado, tiene un cuerpo masculino, y así no hay mujer que pueda competir contra ella. Y además es una ley mordaza, que prevé unas sanciones desmedidas a las disidentes. Por no hablar de que diseña un sistema de perpetuación en el poder a través de determinadas asociaciones afines. Errejón mismo afirma en un vídeo que hay que crear infraestructuras que se queden en el poder cuando el poder cambie de manos. Porque estos se van a ir en 2023, todo el mundo lo sabe, y se quieren asegurar sus subvenciones, sus ingresos. Por último, no se puede imponer una creencia, una fe, por decreto ley. Y esto no es una ley para personas transexuales.

--Entiendo la parte de las infraestructuras, pero también se crearon infraestructuras muy necesarias para proteger la discriminación de la mujer…

--Existe una ley trans del 98 que es la mejor de Europa. Cambiarla por una ley con una categoría legal que no existe, como es la autodeterminación, no tiene sentido. La ley anterior era excelente y esta desprotege a muchos, porque si cualquiera es trans, no hay trans y, por lo tanto, lo trans no existe. Cuando la categoría jurídica no se acota, no es solo una ley sin sentido, sino que desprotege. Una ley ha de tener categoría y objeto jurídico y no puede ser una ley mordaza, no puede ser que una ley vaya contra la libertad de expresión y pensamiento. No puede ser que, porque yo piense que Alex, que se dice madre de tres hijes, sea un hombre, que lo es, a mí me caigan 150.000 euros de multa. Eso es volver al fascismo más duro. Yo ya he vivido el fascismo y no lo quiero volver a vivir. Decir que es una ley para proteger a los trans es como decir que el impuesto al sol es una ley a favor del cambio climático.

Luego está el tema de los menores. Lupron, el bloqueador, causa daños irreversibles, y se administra off label. Es decir, en el prospecto nunca se dice que pueda usarse para bloquear la pubertad. De forma que, si hay efectos secundarios, no puedas reclamar. A eso se suma que creas a una persona farmacodependiente, que debe gastarse 200 euros al mes el resto de su vida. Dicen que lo cubrirá la Seguridad Social, pero ¿y si mañana la Seguridad Social se desploma?, ¿qué haces con alguien a quien convertiste en farmacodependiente siendo menor? Qué casualidad que Podemos aceptó pagos con Daana Pharma, un polo biotecnológico iraní. Es un negocio inmenso. Si tú sacas una ley que es menos progresista que la del 98, pero me dices que lo es más, quizá sea porque ocultas unos intereses. Beneficiar a farmacéuticas, implantar una ley mordaza, crear una red clientelar.

La escritora Lucía Etxebarría / INGENIO DE COMUNICACIÓN
La escritora Lucía Etxebarría / INGENIO DE COMUNICACIÓN

--Es curioso eso, porque Podemos apuesta por una farmacéutica pública.

--¡Uy, no! ¡Podemos, que es el colmo de la nobleza y que jamás ha engañado a nadie!

--Vayamos al libro.

--Sí. Pero yo quiero dejar claro que es un derecho democrático presentar alegaciones a una ley. Y si amenazas a alguien que ejerce un derecho democrático, ya estás creando un fascismo o estalinismo o totalitarismo, como lo quieras llamar. Y primero irán a por nosotras, luego a por usted.

--Pues vamos al libro y dejemos el debate.

--Yo agradezco el debate, porque no nos dejan hablar o nos ponen con gente que no sabe de derechos, de farmacología, psicobiología… Bueno, va, que te estoy agobiando.

--No, bueno, solo quería aclarar si Lucía Etxebarría era una persona antitrans.

--Yo estoy en contra de una ley. Y esa ley no beneficia precisamente a las personas transexuales. Las priva de la renta activa de inserción, por ejemplo.

--Una vez aclarado esto, vamos al libro, que además se mete en otro asunto peliagudo: la trata de mujeres.

--España es el mayor consumidor y distribuidor de prostitución de Europa y el segundo en el mundo. La mayoría de personas que se dedican a ella son mujeres de deuda, víctimas de trata. Yo diría que el 100% de las personas prostituidas, entendidas estas como las que se anuncian claramente a cambio de dinero, son víctimas de trata. Se habla de un 10% de prostitutas independientes, pero aclaremos que si yo, como persona, acuerdo de manera individual contigo que me pagues por sexo o compañía, eso es un acuerdo privado, no es prostitución. Además, es muy difícil que una mujer pueda ejercer la prostitución sola, porque lo mínimo que te puede pasar es que te roben y lo máximo que te maten. Veinte mujeres prostituidas han muerto en España en tres años, que se sepa. Por lo tanto, no pueden buscarse la vida solas y caen en redes de trata. Por eso no entiendo que la presunta izquierda hable de prostitución como trabajo. Porque si me voy a la teoría marxista, una mujer prostituida es a la vez fuerza de trabajo, medio de producción y bien. Y un tercero no puede alienarla, no puede convertir a una mujer en mercancía y robarle sus ganancias. Por eso cuando vienen estos señores hablando de trabajo sexual no doy crédito. Pero bueno, la historia que cuento es un caso real de una víctima de trata.

--Y lo curioso, como dice Mabel Lozano, es que han pasado por el Gobierno partidos de todos los colores y no se han puesto de acuerdo en crear una ley de tratas.

--¡Ninguno! Y es fácil corromper con dinero. Lo importante es que la población sepa que, cuando uno va un club, colabora con estas redes.

La escritora Lucía Etxebarría / INSTAGRAM
La escritora Lucía Etxebarría / INSTAGRAM

--O que han llegado aquí porque era su último recurso a una vida cargada de problemas.

--Y a veces no es el caso, como el que cuento en el libro. Acuden a chicas que están en la universidad y las engañan con algunos trabajos que parecen solo de escort. Pero la libertad de elección implica un conocimiento de las consecuencias de esa elección, y la mayoría no saben dónde se meten. Eso no es libre elección. Además, muchas veces, por haber pasado por situaciones muy terribles se vuelven una gente horrible. En la novela, a Selene le pasa eso, se vuelve una sociópata de manual que atrapa a gente para ver qué les puede sacar.

--Eso es uno de los atractivos de la novela, que la protagonista no es una buena absoluta.

--Es que muchas de las prostitutas que he conocido han aprendido a instrumentalizar porque han sido instrumentalizadas antes. Es la lógica del vampiro: quien ha sido mordido, muerde a su vez. Y a algunas las ascienden a captadoras o a mandos intermedios de las redes, que es algo de lo que se habla poco. Si una persona se presenta en un club para trabajar, quien la recibe y la capta suele ser una mujer, no un hombre.

--En la novela se habla de las redes de trata de mujeres, pero también de espionaje, de acoso en redes, en la Iglesia. ¿Cuánto tiempo ha tardado en conseguir tanta documentación?

--Es la novela más difícil que he hecho en mi vida. En la primera en la que he contado con un colaborador para que me diga en qué se falla. ¡Eso no quiere decir que no la haya escrito yo, aclaro! La novela es mía. Pero conté con una chica que trabaja en Mediapro, María Cortés, porque quería una estructura muy clara, para que la gente se fuera enganchando a medida que leía para que le llegara lo que estaba contando. Está hiperplaneada para que no la puedas soltar (bromea). Además, quería que tuviera una prosa poética. Y no sé si venderá mucho o no, pero yo estoy superorgullosa.

--¿Por qué sucede en Argentina?

--Porque esta es una historia real. Me encontré una chica que iba viviendo de mujer millonaria en mujer millonaria. Y me habló de su hermana, que estaba con un tipo muy importante, al que quería dejar, pero no podía porque debía 60.000 dólares. Me decían que la deuda era de la reforma de la casa. Y resulta que era de una deuda que tenía porque era escort. La red le había pagado la cirugía estética y exigía el pago de una deuda. Ella creía que el tipo había pagado, pero lo cierto es que la red le había cedido a ella al tipo, por así decirlo. Quiere huir del país, pero el tipo le retiene el pasaporte. Finalmente, pudo salir porque su hermana tenía contactos de alto nivel. Y pensé mucho tratar temas como los narcos, Colombia, pero no este tema. Y es que tocarlo es extremadamente peligroso. De hecho, la autora de Narcosur, Cecilia González, está amenazada.

--Uno lee el libro e intuye que hay algo muy real en lo que se cuenta. Se ven guiños con la realidad. Y usted decide, al terminar la obra, matizar de dónde sale toda esa información real, ¿era expresamente para alertar de todo lo que sucede?

--Claro, claro, yo quería que disfrutaras del libro, pero que te quedara claro que si entras en un puticlub estás colaborando, que el mundo de las influencers es todo mentira, que sus libros son falsos, que el acoso existe en una carnicería o en una editorial. Y es que estoy harta de que en una novela el asesino siempre se base en algo hallado en el código Calixtino o en un extraño manuscrito perdido. ¡Eso no existe! El asesino serial en España mata a prostitutas y hay varios ejemplos de ello. Quería que fuese real. Lo que pensé fue, con todos los datos que tengo, voy a hacer una novela negra basada en la realidad. ¿Quieres novela negra? Vete a la realidad. Somos un país con poco crimen, pero somos el líder europeo en consumo de prostitución.

--Además, la ficción puede ayudar más que el ensayo.

--Para mí era muy importante seducir y no aburrir al lector. Y que tenga verosimilitud. Los serial killers que hay son bastante más básicos, no son como Hannibal Lecter o el de Seven. Un serial killer suele ser un gañán, como Bernardo Montoya. No se puede permitir que los depredadores sexuales reincidan. A veces, la prisión permanente revisable es necesaria. No es medieval, como dice la supuesta izquierda.

--Bueno, se basan en el concepto de que la prisión debe ser un modelo para la reinserción.

--La concepción humanista de la psicología parte de que todos los seres humanos somos redimibles y en el 90% de los casos es verdad. Pero el 99% de los pedófilos, los depredadores sexuales y los psicópatas no cambian. Para determinados casos no hay reinserción y las cárceles en esos casos deben servir para apartar a esa gente de la sociedad. No puede ser que Joaquín Ferrándiz Ventura, que asesinó a cinco mujeres, y violó a alguna más, pase solo 25 años en la cárcel. A cinco por mujer. Cuando lo liberen en 2023, ¿cómo aseguramos la seguridad de las mujeres? También es cierto que una sociedad se debe basar en un acuerdo de mínimos en el que podamos convivir.