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El actor Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA

Eusebio Poncela: "La idiotez hoy es amplia mayoría"

El actor se sube a las tablas para interpretar a Molina en 'El beso de la mujer araña' junto a Igor Yebra y dirigido por Carlota Ferrer

18 min

A Eusebio Poncela (Madrid, 1945) le hacen falta pocas presentaciones. Es uno de los iconos más radicales del cine español. A él lo de los piropos no le va, "pueden ser casi tan duros como un palo en la espalda", asegura. Lo cierto es que sólo hace falta echar un vistazo a su filmografía para comprobarlo.

Arrebato, Las ley del deseo, Matador, Martín (Hache), Sagitario, son sólo cinco de los títulos de las más de 60 películas que ha rodado a lo largo de toda su trayectoria y que le han hecho saborear las mieles del éxito pasando por el infierno de la heroína, unas sombras que, por suerte, han quedado lejos. Él nunca ha renegado de ellas, lo cuenta a quién lo quiera oír, pero lo cierto es que él ya ha pasado página de todo ello. 

'El beso de la mujer araña'

El actor lleva tiempo que compagina sus apariciones en series de televisión, como Águila Roja o Merlí: sapere aude, con el teatro, lugar donde siente el contacto con el público. Es sobre las tablas donde ahora reaparece para meterse en la piel de Molina, uno de los protagonistas de El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, que se representa en el Teatro Bellas Artes de Madrid a partir del 7 de septiembre.

Eusebio Poncela e Igor Yebra / CARLOTA FERRER
Eusebio Poncela e Igor Yebra / CARLOTA FERRER

La obra de este escritor argentino supuso todo un revulsivo en la literatura latinoamericana de los 70. Los protagonistas son dos presos en la época de la dictadura: uno, Valentín, por guerrillero; el otro, Molina, acusado por corrupción de menores. Ambos están encerrados en una misma celda donde comparten torturas, anécdotas, recuerdos y películas. Sobre todo, películas.

Por las libertades

Poncela, gran conocedor de Argentina tras vivir un tiempo allí, admite que tuvo que volverla a releer cuando Carlota Ferrer --directora a la que ama por su creatividad-- le propuso llevarla a escena. Lo que se ha encontrado esta vez es que las palabras de Puig son tan vigentes ahora como antes. Lamentablemente.

Defensor empedernido de las libertades, el intérprete subraya en esta entrevista a Crónica Global la importancia de defenderlas y enfrentarse a los nostálgicos de unas dictaduras represoras que circulan de nuevo por España. Él lo hace desde los escenarios, sin perder su radicalidad, desde el escenario, un lugar que espera pisar cada vez menos para dedicarse a su pasión, la pintura.

Igor Yebra, Carlota Ferrer y Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA
Igor Yebra, Carlota Ferrer y Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA

--Pregunta: ¿Qué significa para usted, que tuvo tanta relación con Argentina, participar en este montaje de 'El beso de la mujer araña'?

--Respuesta: Más que por mi relación con Argentina, es sobre todo por mi relación con Carlota Ferrer. Yo el texto lo había olvidado, pero recuerdo que me encantó en su momento, como Puig, que fue un hombre que rompió la armadura de los grandes autores latinoamericanos y les dio un aire fresco. De hecho, muchos de ellos son ahora una momias de Tutanjamón por mucho Nobel que tengan y Carlos Puig está más vivo y coleando que nunca. Algunos colegas tuyos me preguntan si no creo que la obra está pasada. ¿Pasada de qué? No tiene nada que ver que sea una relación entre dos hombres, es algo que va más allá.

--¿Qué tiene de especial?

--Es una obra de teatro maravillosamente escrita y que está vivísima. Carlota Ferrer además está en una forma extraordinaria, es una de las creadoras más importantes que hay en este país en este momento. Carlota propone en el montaje nueve cuadros, algunos son naturalistas pero a la vez otras cosas. Ella es una creadora como tiene que ser, su expresión está por encima de todo . A veces los creadores aciertan y otras no, pero en este momento ella está en plena forma. Me gustan los visuales, la música que está haciendo, el trabajo con Igor [Yebra], creo que estoy rodeado de unas joyas. Yo hice con Carlota Esto no es la casa de Bernarda Alba y tenía ganas de volver a repetir a sus órdenes con este texto. Y acerté. Este texto es la pera limonera, disfruto muchísimo, aunque ha sido complicado.

--¿Por qué?

--Porqué Carlos Puig parece que hace historias muy sencillitas y luego son complicadísimas. Los personajes tienen dentro un montón de cosas. Hay que trabajar con eso, con las dificultades que tienes tú como actor y persona. Me ha costado mucho hacer un hombre con una fijación femenina sumisa. Me ha costado horrores hacerlo de verdad e integrarlo en el montaje. 

El actor Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA
El actor Eusebio Poncela MARÍA LACARTELERA

--Mencionó antes algunas críticas a la supuesta vejez de la obra en el aspecto temático, usted niega la mayor. ¿Qué le diría a esos que tienen este pensamiento? ¿Por qué cree, como asegura, que es más actual que nunca?

--Primero, por cómo está escrito. Hay cosas en la escritura de este calibre que transcurre a través de los años y los siglos que hace que el texto esté vivito y coleando. Está pasando lo contrario de lo que dijo el idiota que afirmó que Puig escribía como Corín Tellado, cuando resulta que ahora es él quien es una momia. La escritura es como todas las artes: la que vale, vale y trasciende; y la que no, se queda un poquito plasmada, aplastada y aprisionada en lo que era, básicamente una falsedad. Y es actual porque fíjate todo este aire agresivo que está saliendo contra este tema. Aparentemente, todo cambió. Está el Orgullo y una gran mayoría está por la labor de que dos dos tíos puedan darse un beso por la calle sin que les den una hostia. Pero también cada vez hay más agresiones y una aire de intolerancia palpable, que se ve. ¿De dónde sale eso? Desde luego, creo que por mucho que el montaje esté súper bien hecho, cierta prensa fascistona --¿tengo que darte nombres de los diarios? Son un montón-- no lo va a tratar bien y van a estar siempre en contra. Eso ya lo sabemos. El tema y la obra van a estar allí, ahora y por mucho tiempo. Hemos de atemperar y avanzar en esto. No puede ser que se diga que me esté encasillando por tres papeles de homosexual seguidos que haga yo. ¿Se está encasillando Bardem, por ejemplo, si hace tres papeles de heterosexual? ¡Joder! ¡Avancemos! Que todavía existen esos pingües y esos prejuicios y no podemos decir que eso ya pasó y ya fue. ¡No, no fue, está! Es importante repartir este mensaje, me molesta decir mensaje, pero es necesario transmitir la opción de tolerar, entender y comprender que la gente puede hacer lo que le salga de los cojones sexualmente y no hayan más impedimentos de este tipo. ¡Que ya está! ¡Ya basta! ¡Se acabó!

--De hecho, los datos demuestran que aumentan las agresiones LGTBIfóbicas. Asimismo, la obra también tiene en su trasfondo una dictadura militar, en ese caso la argentina, y ahora parece que muchos también sienten nostalgia por otras.

--¡Un montón! Yo alucino. Cuando veo a toda esta gente pienso: "¿no se dan cuenta de toda esta mentira e impostura que hay detrás?". Pues no. Por suerte, hay gente que ve esta gilipollez. Ya lamento decir estas cosas, pero la idiotez hoy es amplia mayoría, sino no es posible que se den estos discursos. Sino, no es posible.

--¿Cree que obras como esta, o la cultura en general, son útiles para combatir este tipo de ideologías?

--Es un cliché ¡¿pero cómo no va a ser un arma feroz?! Para eso está la cultura y creadoras como Carlota Ferrer, ¡gracias a Dios! No se trata de dar empuje a una cosa tan manida como el naturalismo en el teatro, sino que eso empuje unas ideas más radicales. La postura de este montaje es bastante feroz y radical, no se corta ni un pelo (sonríe). Es un montaje bastante atrevido.

Igor Yebra y Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA
Igor Yebra y Eusebio Poncela MARÍA LACARTELERA

--Bueno, usted siempre ha trabajado con directores bastante radicales, ¿tiene un imán para ellos, lo lleva en la sangre, casualidades, cree que es esa la apuesta?

--No sé, a las obras me remito. Yo lo he intentado desde hace 40 y pico años. Unas veces lo consigo y otras no. En ocasiones he estado con una mano delante y otra detrás y por cojones he tenido que trabajar con un retrasado o retrasada mental que eso le importaba un huevo, pero tenía que salir adelante. Siempre que he podido he elegido muy bien lo que tenía que hacer.

--¿Y por qué cree que este montaje es tan radical?

--Por estos nueve cuadros que hace. Los propone de manera completamente diferente, sin romper nunca el hilo de la trama. Eso ya son palabras mayores para la directora. Luego hay cuadros en los que se ríe de ella, del tema, de todo. Luego recupera la seriedad. Todo sin romper la línea argumental y cuando llegas al último cuadro hay un aire de emotividad, compasión que no se ha perdido en las distintas visiones que aportaba cada cuadro. Es una historia de tolerancia, de amor, de muerte y represión.

--Y de cine. Molina es un hombre que consume mucho cine, lo ama, y le cuenta a Valentín algunas de sus películas favoritas. Usted que ha hecho tanto cine, ¿comparte esa pasión con Molina?

--Sabes que pasa, que la primera vez que leo a Puig en los 70s adoro esa forma familiar y nueva a la vez de narrar. Cuando luego sé de su vida, vi que tenía más cosas en común. Yo también de pequeño quería ser una estrella del cinema, y eso que a los tres años no tenía idea de qué era eso. Mis padres me llevaban al cine y yo continué yendo durante mi adolescencia. Eso me hermanó con él, porque yo también me refugiaba en el cine. Al final, yo soy un marginal profundo, tengo un carné de marginal profesional. Da igual que tenga 114 años, que me conozcan allende los mares, yo sigo siendo un marginal (ríe).

--¿Y nos diría algunas de sus películas favoritas?

--No voy a repasar ahora, pero te digo que tengo una filmoteca en casa que es como la filmoteca de España. Puedo coger títulos de allí y zafar de las gilipolleces de las series que nos ponen porque tengo una filmoteca y una librería estupenda.

Cartel de 'El beso de la mujer araña'
Cartel de 'El beso de la mujer araña'

--Como ha mencionado las series de ahora, ¿cómo ve el panorama audiovisual?

--Tengo poca idea, pero yo echo de menos en esas series una historia como las de una película. Lo que pasa es que las series ahora se alargan como chicle, ves cosas innecesarias, que son historias de la vida misma. Es decir, todo lo contrario de lo que hace Carlota Ferrer en esta obra, que es huir de eso, con naturalismo. Con lo que hacen ahora en las series podemos pasar de verlas y no pasa nada. Noto que hay bastante cosa innecesaria y me da pereza. Ahora estoy con el teatro, luego tengo una película y, ya lo he dicho más veces, yo lo que quiero es pintar, llegar muy lejos en la pintura. Lejos para mí mismo, no hace falta exponer ni tengo necesidad de dinero. Siempre he pintado muy bien y quiero ver hasta dónde llego. Es una pasión. Fíjate la suerte que tengo en la vida, que tengo 76 años y una pasión, pintar. Eso me defiende de hacer cualquier cualquier gilipollez. No me voy a retirar, eso sería ponerse una chepa un poco gilipollas. Haré cosas que sean adecuadas a mi edad.

--¿Y el cine cómo lo ve?

--En vídeo. Es decir, en videoteca. Cada vez me da más pereza meterme en un equipo de 400.000 personas que no conozco. No significa que lo vaya a dejar, pero me apasiona más estar en mi estudio pintando. El teatro tampoco lo dejaré. También las opciones para una persona que tiene más de 75 años se van estrechando paulatinamente y me parece de putísima madre y así debe ser. Elegiré los papeles que correspondan a mi edad, que cada vez se estrecharán más y más y yo estaré feliz y encantado de la vida porque estaré haciendo siempre lo que me salga de los huevos.

Igor Yebra y Eusebio Poncela / MARÍA LACARTELERA
Igor Yebra y Eusebio Poncela MARÍA LACARTELERA

--¿La pintura le da toda esta libertad y le mantiene en la radicalidad?

--Es un oficio complicado pero debe haber una pasión, porque es un desafío, un reto continuo. Me pone de mala hostia, es un acierto... está tan vivo que te hace sentir vivo. Es un mundo que aparté y de pronto apareció y siento esa viveza y lo que me importa. Lo agradezco y me lo agradezco a mí mismo.

--¿De dónde saca esa energía y esa radicalidad?

--Supongo que de mí mismo y con el trabajo. El oficio de actor, que adoro, hace que investigues tanto en personajes que no tienen nada que ver contigo como en ti mismo. Después de todo, el cine es un postureo y uno adquiere ciertas maneras y yo he tratado siempre de quitarme todo amaneramiento, aunque seguramente lo tengo. La parte radical la tengo porque soy una bestia, un gato salvaje. Lo más importante es ser tú mismo: lo que hay es lo que ves. Se trata de no fingir. Esa radicalidad me ha hecho seguramente más raro. He sido raro entre los yonkis, entre los actores y me chupa un huevo, paso (ríe). Yo hago lo que tengo que hacer. Y ahora te tengo que dejar que he de ir a ensayar.