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La Rambla de Barcelona, vacía durante el confinamiento de la primera ola del Covid / David Zorrakino (EP)

La demanda eléctrica está el 2,6% por debajo del trimestre del confinamiento

El mercado energético emite una señal de estancamiento en el crecimiento de la economía, en el contexto de la guerra en Ucrania y con la inflación más elevada en casi cuatro décadas

7 min

El primer trimestre de 2022 llega a su fin y el mercado eléctrico no transmite precisamente las mejores señales sobre el ritmo de la recuperación económica. El balance del periodo enero-marzo en lo que se refiere a la demanda de electricidad refleja una notable caída del 3% respecto al pasado año pero, lo que aún es más llamativo, un descenso del 2,6% en relación con el primer trimestre de 2020, que incluyó dos semanas del primer estado de alarma como consecuencia de la pandemia. Es decir, el elevado precio de la luz ha propiciado que los españoles consuman menos que cuando las grandes industrias estaban paradas porque los trabajadores estaban en sus casas. 

Durante los últimos 15 días del primer trimestre de 2020 la actividad económica se redujo a la mínima expresión. Tan sólo los servicios esenciales mantenían su funcionamiento, el resto permanecían cerrados y los ciudadanos, recluidos en sus domicilios, sin poder salir salvo para comprar alimentos y pasear a las mascotas.

Cifras inéditas en una década 

Aun con ese condicionante, el consumo eléctrico en el primer trimestre de 2022 ha sido netamente inferior. De acuerdo con las cifras de Red Eléctrica, la demanda agregada durante los tres primeros meses del año ha sido de 59.562 gigawatios/hora (Gw/h), cifra inéditamente baja en los últimos años, hasta el punto de que hay que irse a comienzos de la pasada década, en plena crisis financiera, para encontrarse números tan reducidos. 

El consumo de electricidad cae un 3% en la nueva normalidad / EP
El consumo de electricidad cae el 2,6% con la inflación disparada / EP

La comparativa con el mismo periodo de 2019, el ejercicio anterior a la irrupción de la pandemia, resulta también muy llamativa, toda vez que el retroceso de la demanda eléctrica se sitúa en el 5,8%. 

Relación con el PIB

Y eso que los datos de 2019 comenzaban a reflejar, precisamente, algo que meses después sería constatable en las variables macroeconómicas, como fue una desaceleración en el crecimiento de la economía.

En este sentido, la demanda de electricidad en los tres primeros meses de aquel año alcanzó los 63.242 GW/h, un 2,3% por debajo de la registrada en el mismo periodo de 2018. El dato del PIB interanual de aquel primer trimestre de 2019 reflejó un incremento de cinco décimas menos (hasta el 2,4%) que el registrado un año antes. 

Señales de desaceleración

Tras el verano, diversos organismos comenzaron a revisar a la baja sus estimaciones de crecimiento económico en 2019, que terminó por ser, en efecto, menor del previsto. 

Entre enero y marzo de 2018, la demanda eléctrica se elevó un 2,7% respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la evolución del PIB en tasa interanual fue similarmente elevada en ambos periodos (2,9% en 2018 frente al 3% de 2017).

Más rebajas

Los expertos consideran que se trata de un indicador adelantado con un elevado grado de fiabilidad; una circunstancia que justificaría el hecho de que las alarmas sobre un estancamiento de la recuperación económica estén empezando a activarse. 

Un operario revisa los contadores de la luz/ EFE
Un operario revisa los contadores de la luz/ EFE

En las últimas horas ya han sido varios los analistas que han rebajado sus estimaciones de crecimiento para 2022, principalmente como consecuencia de los posibles efectos de la invasión rusa de Ucrania, aunque también por la elevadísima inflación que se estaba registrando en los últimos meses, antes de que se iniciara el conflicto bélico.

Por debajo de lo esperado

La guerra no ha hecho sino agravar la subida de los precios e incrementar a incertidumbre sobre el crecimiento económico, hasta el punto de hacer resucitar el fantasma de la estanflación, un escenario que combina un estancamiento del crecimiento económico con una elevada inflación, del que resulta difícil salir. 

El año 2021 ya concluyó con un crecimiento en tasa interanual del 5,1%, de acuerdo con el último dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE, que revisó al alza una décima su primera estimación, publicada a finales de enero) y del 2,2% en el cuarto trimestre. Ambas estuvieron por debajo de lo esperado, una circunstancia que se achacó a los efectos de la sexta oleada del Covid-19, provocada por la propagación de la variante ómicron, notablemente más contagiosa aunque sus efectos se vieron muy aminorados por el elevado grado de vacunación de la población.

Inflación disparada

Otro de los factores que ha elevado la incertidumbre sobre el ritmo de la recuperación económica es la evolución de los precios, después de que el INE adelantara este miércoles que el IPC de marzo refleja un incremento del 9,8%, inédito desde mediados de la década de los 80. 

Una cifra que el propio Gobierno español ha calificado como negativa y que, además, podría no quedarse ahí, según las propias estimaciones tanto de la vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, como de Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), que auguran más subidas en los próximos meses.