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Alfredo García, operador de la central de Ascó y autor del libro 'La energía nuclear salvará el mundo' / CEDIDA

Alfredo García: "En la izquierda empieza a haber movimientos a favor de la nuclear"

El divulgador científico cree que el Gobierno tendrá que rectificar y alargar algo más la vida de los reactores ante los riesgos que suponen su cierre, programado ahora para 2035

Aleix Mercader / Raúl Pozo
14 min

Los disparados precios de la electricidad, la tensión en los mercados energéticos y la vuelta de tuerca de la Unión Europea en relación a la energía nuclear han convertido a Alfredo García en una de las personas más solicitadas por parte de los medios de comunicación. Más conocido como @OperadorNuclear, su denominación en la red Twitter, que emplea para promover el uso de esta energía, sus ventajas y su extrema seguridad, el libro que publicó hace cerca de dos años (La energía nuclear salvará el mundo, editado por Planeta), está de plena actualidad y ha alcanzado ya la sexta edición. En pleno debate candente sobre el futuro de la energía, Alfredo García comparte su más que autorizada visión con los lectores de Crónica Global.

--La Unión Europea (UE) ha abierto un intenso debate: ¿es la nuclear una energía 'verde'?

--Esto no deja de ser una etiqueta, responde a una determinada taxonomía, en este caso de la UE, que trata de determinar qué energías contribuyen a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y cumplir sus objetivos, sin causar un daño significativo al medioambiente y a la salud de las personas. Lógicamente, en esta lista están todas las renovables que conocemos. Pero luego hay que ver qué energías sirven de soporte porque las renovables son de carácter variable, no constante, y no pueden garantizar el suministro. Ese respaldo tiene que venir de una energía que también sea baja en emisiones y que evite los citados daños. Y ahí entra en juego la nuclear.

Esto está demostrado con estudios científicos. El JRC, el servicio tecnológico y científico de la UE, publicó un informe en el que analiza con diversos estudios los efectos de las distintas energías en la salud de las personas y el medioambiente. El resultado es que la nuclear es tan segura como las renovables, no causa daños y la gestión de sus residuos presenta una solución tecnológica probada, con seguridad garantizada, con un volumen pequeño y sin emisiones a la atmósfera. A partir de aquí, empieza a moverse el tema político porque hay un grupo de hasta 11 países, encabezados por Francia, favorables a la nuclear, con Holanda y Suecia como últimas incorporaciones. Pero, en el lado contrario está Alemania, que cerrará en breve los tres reactores que aun opera y que está sustituyendo la potencia nuclear por renovables y también por gas natural para garantizar el suministro. El gas no puede disfrazarse de verde ni podemos decir que no daña al medioambiente porque todos sabemos que tiene altas emisiones; ahí viene la presión política para meterlo también bajo la taxonomía de energía verde lo que, al contrario que la nuclear, no tiene soporte científico.

--En este terreno, España se ha situado del lado de Alemania y cuenta con un plan para el cierre progresivo de las centrales hasta 2035. ¿Qué perderemos como consecuencia de esta estrategia?

--Muchas cosas. Primero, aumentarán las emisiones de gases de efecto invernadero porque la potencia constante de una central nuclear no la pueden sustituir energías variables como las renovables, sino otra constante o algún tipo de almacenamiento, que aun no existe. Por lo tanto, serán respaldadas por el gas natural, que pasará a producir en torno a un 37%-38% de la electricidad. Como sus precios han aumentado, tendremos electricidad cara durante todo el año. Y además, no cumpliremos los objetivos de emisiones y perderemos independencia energética en favor de países inestables que nos podrían cortar el grifo en cualquier momento.

Nos hemos fijado mucho en Alemania porque es el motor de Europa y ejemplar en muchos aspectos; pero creo que en esto se está equivocando. Salvo España y algún otro país como Bélgica, la mayoría de los Estados que tienen centrales nucleares van a seguir con ellas e incluso van a construir más. De hecho, hay un grupo de unos 30 países que no tenía reactores y que ya los construye o los va a construir. Son casos como los de Turquía, Egipto, Emiratos Árabes o Arabia Saudí.

--¿Y este panorama es irreversible?

--Sinceramente, yo creo que no va a ocurrir. El Gobierno intenta contentar a su electorado diciendo que va a cerrar las nucleares pero creo que, en el fondo, es consciente de que no puede hacerlo porque sería un desastre. En Alemania se va a comprobar y, de hecho, el Gobierno que acaba de entrar ya ha anunciado que no cumplirán el objetivo de emisiones; me sorprende que se hayan enterado ahora porque llevan varios años sin cumplirlos pero siguen cerrando centrales.

En el panorama político todo se va aclarando un poco más que antes. Los partidos de centro derecha, que antes no eran tan firmes, se han posicionado claramente. Vox es rotundamente pronuclear; el PP empieza incluso a hablar de construir nuevas centrales; Ciudadanos, que tiene menos peso político últimamente, también es favorable. Pero además, empieza a haber voces de este tipo en la izquierda. Yo tengo contactos en todos los partidos, sus asesores me hacen algunas consultas, y en el PSOE empieza a haber movimientos a favor de la energía nuclear. E incluso en las bases de partidos como Izquierda Unida, que tradicionalmente no son pronucleares.

Hay que tener en cuenta que el plan de cierre de nucleares es revisable, se establecen varios plazos y el primero vence en 2023. Unas las premisas para mantenerlo es tener potencia firme de sustitución, que se lograría a través de baterías o de más presas reversibles. Éstas ni se han empezado a construir; y aquéllas no están ni se les espera en los próximos años. Por lo tanto, no se va a cumplir el acuerdo. Mi previsión es que no vamos a cerrar las centrales.

--En su libro La energía nuclear salvará el mundo hace hincapié en el factor de la seguridad que, precisamente, es determinante en el rechazo que generan los reactores. En este contexto, el referente es el accidente de la central de Chernóbil. ¿Qué sucedió realmente?

--En primer lugar, hablamos de tecnologías diferentes, que no estaban diseñandas para el mismo fin. Los reactores nucleares actuales fueron diseñados en los años 70 y exclusivamente para la generación de electricidad. El de Chernóbil fue planeado para producir plutonio con fines armamentísticos, aunque finalmente siempre se utilizó para energía porque la URSS ya tenía otras formas de producir plutonio. Sin embargo, ese diseño condicionaba su forma de trabajar porque el hecho de tener que extraer plutonio de manera constante hacía que su funcionamiento fuera muy inestable.

El accidente ocurrió porque tenían que hacer una prueba para garantizar que el reactor era capaz de refrigerarse una vez que había perdido la alimentación eléctrica exterior. Cuando una central nuclear se detiene necesita seguir refrigerándose porque acumula un calor residual que se ha de extraer. Ellos tenían unos refrigeradores diésel de emergencia que arrancaban muy lentamente, tardaban más de un minuto en tomar cargas. Eso es un problema grave de diseño; en todos los reactores que tenemos en España, que son de la misma época que el de Chernóbil, los refrigeradores son capaces de empezar a alimentar a los equipos a los 13 segundos de recibir la señal de arranque.

En Chernóbil querían comprobar si la inercia de la turbina era suficiente para seguir refrigerando mientras arrancaban los generadores diésel. Para eso tenían que hacer una prueba en unas condiciones determinadas, que incluían bloquear sistemas de seguridad. Eso es un mal diseño de la prueba porque para hacer una comprobación de seguridad no puedes ponerte en peores condiciones de las que tienes en una situación normal. Por poner un ejemplo, es como si quitáramos los frenos de un coche para probar si funcionan, tienes que hacerlo de otra forma.

--En una palabra, que fue un experimento que salió mal...

--Sí, y además también tuvieron problemas con la red, que les obligó a hacer una parada intermedia; al bajar la potencia se genera xenón, que un producto de fisión, un potente absorbente de neutrones, que lo que hace es que el reactor se pare más pero en el momento en que se agota, aumenta la potencia del reactor. Cuando ocurrió esto trataron de poner las barras de control, pero sólo pudieron poner las primeras porque el resto estaban muy deformadas... todo parecía predestinado para tener el accidente.

Todos esos problemas no los tienen los reactores actuales, que son mucho más estables, que ante un aumento de la temperatura lo que hacen es bajar la potencia del reactor. Nuestras barras de control son absorbentes neutrónicos, lo que hace que paren la reacción en cadena que se produjo allí. En Chernóbil tardaban más de 20 segundos en hacer efecto, las nuestras tardan 2,7 segundos. Todas las centrales en España cuentan con un edificio de contención, del que Chernóbil carecía. Y nosotros no podemos bloquear los sistemas de seguridad, no hay botones para bloquearlos. Es decir, esos sistemas van a actuar, queramos o no queramos. Para resumirlo, es un accidente irreproducible a día de hoy.

--¿Es cierto que actualmente hay más accidentes e incluso más daños a la naturaleza relacionados con las renovables que con la nuclear?

--Algunos estudios que analizan los efectos de las diferentes energías sitúan a la nuclear por delante de las renovables. En número de muertes por unidad de energía generada, la nuclear es de las que presenta mejores resultados, incluso por encima de la hidráulica. En China hubo una rotura de una presa que provocó 172.000 muertes y 11 millones de desplazados. Las renovables tienen tasas de muerte por unidad generada ligeramente superior a la nuclear por dos motivos: porque necesitan más minerales y porque también presentan una mayor tasa de accidentes laborales. Por ejemplo, en el caso de la energía solar, como consecuencia de caídas a diferentes alturas, sobre todo de tejados; y en el caso de la eólica, desde la góndola de los aerogeneradores.

No obstante, las cifras son parejas, con lo que podría decirse que la nuclear es, al menos, igual de segura tanto para las personas como para el medioambiente. La movilización que se produjo después del accidente de la central Three Mile Island (TMI) (1979) en materia de seguridad fue enorme y afectó a los sistemas de las centrales españolas que se estaban construyendo entonces, como la de Ascó, en la que yo trabajo. Después de Fukushima ocurrió lo mismo. Se han mejorado mucho los sistemas de seguridad en todo el mundo, sobre todo con la incorporación de equipos portátiles, que sean autónomos. En cambio, tras lo de Chernóbil no se incorporó nada porque las centrales ya tenían los sistemas que evitarían un accidente como ese.