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Ex integrante de los Latin King, que llegó a ser "rey" / CG

"Yo fui un rey de los Latin King"

Unos 1.800 jóvenes en Cataluña forman parte de alguna de las cinco principales bandas latinas que se disputan el territorio, pero algunos de ellos son ejemplo de reinserción en la sociedad

25.08.2019 00:00 h.
7 min

“Yo fui un rey de los Latin King”. Este es el testimonio de Jon, uno de los tantos jóvenes hijos de inmigrantes que cada año se integran en las bandas delictivas de latinoamericanos que se forman en las grandes urbes de nuestro país. Y Barcelona es una de ellas.

Jon, sin embargo, es ahora un ejemplo de reinserción. Ha dejado atrás su pasado de delincuente juvenil después de años de entradas y salidas a diferentes centros penitenciarios. A sus 33 años, trabaja como autónomo y no quiere saber nada de esas bandas que, en las puertas del instituto o en las discotecas de la Ciudad Condal que regentan, captan a esos chicos cuando todavía son menores de edad con la idea de encontrar una familia que les proteja, un grupo de pertenencia que les haga sentir especiales en los bajos fondos de Barcelona.

Nueva vida

Como Jon, está el caso de Enrique --ambos nombres ficticios para proteger su identidad--, que tiene 31 años y dejó también la banda de los Latin King tras haber sido detenido varias veces por la policía, sufrir adicción al alcohol y a las drogas y haber protagonizado una pelea con otra banda adversaria de la ciudad en la que uno de sus mejores amigos quedó tocado de por vida.

La suerte de Enrique también cambió. Hace poco más de un año se casó, está esperando un hijo y trabaja como pintor y hace arreglos en domicilios familiares.

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Enrique, antiguo miembro de los Latin King / CG

El pastor 'redentor'

Detrás de estos casos de redención está el pastor Alberto Díaz, del Centro de Ayuda Cristiano de Barcelona. “Todos estos chicos vienen cuando han tocado fondo”, explica.

Díaz es un pastor evangelista que conoce bien el mundo de las bandas latinas y lo extremadamente difícil que es salir de ellas. La primera vez que tuvo contacto con algunos de sus integrantes fue hace mucho tiempo en Estados Unidos, mientras se encontraba haciendo servicios pastorales en una iglesia de California.

1.800 jóvenes en Cataluña

Ha llovido mucho desde entonces. En aquel momento sus integrantes se tatuaban todo el cuerpo y la cara para identificarse y distinguirse de sus enemigos. “¿Has visto alguna vez a alguien con lágrimas dibujadas en el rostro? Son por cada muerto en su haber”, comenta. Ahora, para evitar el control policial, se diferencian del resto de bandas a través de su indumentaria y los colores utilizados.

En Cataluña hay cinco grandes bandas que se disputan el territorio (Trinitarios, Dominicans Don't Play, Ñetas, Latin King y Maras) y, según el Centro de Ayuda Cristiano, unos 1.800 jóvenes pertenecen a ellas.

Pastor Alberto Diaz
El pastor Alberto Díaz / CG

Control territorial por barrios

En Barcelona, los Mara dominan esencialmente Ciutat Vella y los narcopisos del Raval, mientras los Latin King están volviendo a controlar los distritos de Sagrada Familia y Les Corts, el Maresme y el Vallès Oriental.

Los Ñetas, Trinitarios y DDP se disputan “territorio” en L’Hospitalet, Cornellá, Sant Andreu, Sabadell, Terrassa, Manresa, Rubí y Vilafranca del Penedés.

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Principales bandas latinas en Cataluña / CG

Problemas de convivencia y narcopisos

Cada una de estas bandas controla una o varias zonas de la capital catalana, van armados con “cuchillos jamoneros” --según Díaz porque son fáciles de esconder en las mismas calles que están bajo su dominio y si hay una reyerta producen cortes con facilidad-- y llevan a cabo “trapicheos con drogas”, desde marihuana a cocaína. Y es que estas bandas necesitan autofinanciarse y, además de vender droga, obligan a sus miembros a pagar una cuota mensual de unos 20 euros. Esta es otra de las razones por las que resulta tan difícil salir de ellas.

Además, cuando muchos de estos jóvenes se integran en las bandas tienen que robar y superar pruebas para escalar posiciones. “Sus familias no se enteran de que están en una de las bandas hasta que empiezan a tener problemas en el instituto o con las autoridades”, añade. Díaz tiene relación con muchas de las madres de estos chicos, porque frecuentan la iglesia y comparten su preocupación por el porvenir de sus hijos.

La ayuda de la religión

De estas madres preocupadas, y de los coordinadores de la iglesia --que hacen una labor social al margen de los poderes públicos-- salió el grupo Fuerza Joven, que utiliza la religión para ayudar a estos chicos a salir del pozo sin fondo en el que se han metido.

Se trata de jóvenes que a su corta edad han visto muertos o a amigos que han acabado muy mal por culpa de las peleas o las adicciones. Su paso por la cárcel tampoco contribuye a su rehabilitación, ya que se encuentran con miembros de bandas contrarias y los trabajadores no pueden ponerles en las mismas celdas. Es decir, se perpetúa la división entre bandas enfrentadas.

Alejarse de la delincuencia

En este sentido, el caso de Jon es ilustrativo. Pese a vivir en Barcelona le enviaron por última vez a una cárcel en Extremadura y la soledad en la que se halló, sin antiguos compañeros que fueran a visitarle, le hizo abrir los ojos.

Según explica, se encontró con Dios y quiso enderezar el rumbo de su vida. Ahora, tanto él como Enrique, narran sus vivencias a chavales más jóvenes que están siguiendo sus pasos para alejarse de la delincuencia.

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