Turismo para ‘libertinos’, una nueva tendencia de viajes

La industria del ocio para experimentar en el terreno sexual mueve unos 20.000 millones de euros en todo el mundo

'Swingers’ en una fiesta privada
29.06.2018 00:00 h.
6 min

Los veranos de alquilar una casa en la playa y pasar varias semanas tirado en la arena están pasando a la historia. Cada vez más, surgen nuevas formas de viajar adaptadas a los gustos e intereses de los turistas, ya sea a través de la gastronomía, el vino, una aventura en la naturaleza o, también, del deseo y los placeres carnales.

El turismo libertino --también llamado turismo liberal o naughty journey-- es el que se centra en la búsqueda del placer gozoso del cuerpo, básicamente a través de las relaciones sexuales consentidas y sin pagos económicos de por medio. Suele ser practicado por parejas abiertas de mentalidad liberal y comienza a ser una tendencia nada desdeñable desde el punto de vista comercial. El diario francés Le Monde, en un artículo publicado en su sección económica, estima que los turistas del hedonismo mueven alrededor de 20.000 millones de dólares anuales en el ámbito mundial.

La tendencia ‘swinger’

El swing es una de las prácticas que se enmarcan dentro del turismo libertino y consiste en el intercambio de parejas de forma puntual. España cuenta con cierto atractivo para este tipo de turistas: Valencia, Ibiza, Canarias, Madrid y Barcelona son destinos muy demandados entre los swingers, según una agencia especializada en este tipo de viajes consultada por Crónica Global. Sin ir más lejos, Barcelona recibió el pasado verano a los pasajeros del crucero Azamara Quest, que recorría varios puertos del Mediterráneo en busca de enclaves donde practicar intercambios.

Vista del Azamara Quest, un espectacular crucero para los amantes del sexo liberal

Vista del Azamara Quest, un espectacular crucero para los amantes del sexo liberal

Daniel Liviano, profesor de estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) explica que quienes practican este tipo de turismo suelen tener entre 30 y 50 años, un perfil económico medio-alto y son personas “muy desinhibidas y sociables, que buscan lugares de encuentro donde conocer gente”.

Agencias y locales especializados

Las agencias especializadas ofrecen a los swingers diversos paquetes de viaje en los que incluyen desde alojamiento y entradas a clubes hasta fiestas en villas privadas, tours y traslados en coche de alta gama. El precio de estos paquetes “puede variar mucho” dependiendo del tipo de evento y de las “necesidades” de cada pareja. Fuentes de la agencia consultada desde este medio aseguran que se puede vivir un fin de semana swinger en Cap d’Agde --enclave francés conocido como “El Disneyland para adultos”-- por 600 euros y, por otro lado, tienen clientes que han pagado más de 7.000 euros por disfrutar de una experiencia completa de turismo libertino en Málaga o Barcelona.

Varios locales de la capital catalana ofrecen espacios y fiestas exclusivas para realizar intercambios de parejas, según explica Liviano, quien precisa que el atractivo de Barcelona para este turismo reside, entre otras cuestiones, en su marcado carácter internacional y abierto con respecto a la libertad de costumbres. Este tipo de locales suelen contar con varios espacios, unos de perfil más social donde bailar y conocerse “como si fuera una discoteca más” y, por otra parte, salas privadas en las que explorar los placeres físicos, siempre desde el respeto y el consentimiento. La entrada suele estar restringida a parejas, aunque algunas de ellas aceptan tríos y mujeres de forma individual --cosa que no suele ocurrir con los hombres-- y algunas de ellas cuentan con estrictas normas sociales, como por ejemplo un dress code específico o la prohibición de sustancias estupefacientes.

Interior del Oops Barcelona Private Adventures en Barcelona / FACEBOOK

Interior del Oops Barcelona Private Adventures en Barcelona / FACEBOOK

No es turismo sexual

En contra de lo que pueda parecer, el profesor de la UOC destaca que estos turistas son “muy discretos y cívicos” y que “no tienen nada que ver” con el turismo sexual, que se caracteriza por el intercambio económico a cambio de sexo. Los swingers no afectan a los vecinos “más que cualquier otra persona”, como sí que puede ocurrir con los practicantes de cruising, que consiste en tener aventuras sexuales con desconocidos totales en lugares públicos.

Esta tendencia --que cuenta con unos códigos de interacción a través de gestos, ropa y complementos-- también parece estar en alza en Barcelona, lo que ocasiona momentos “incómodos” a los vecinos y paseantes. “Por ejemplo, en la zona nudista de Mar Vella, en Barcelona, hay un espacio de matorrales no muy apartado donde es bastante común ver personas practicando cruising”, admite Liviano, lo que repercute negativamente tanto en la imagen de los nudistas “que sólo practican el culto natural al cuerpo” como a la salubridad y limpieza del lugar.

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