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Un niño señala al horizonte: "Allí, yo", dietario de la monomaternidad / PIXABAY

“Allí, yo”, dietario de la monomaternidad

Con 15 meses, el pequeño ya sabe cómo pedir lo que quiere e inventa expresiones para conseguirlo

5 min

Esta semana mi hijo ha cumplido 15 meses y lo ha celebrado sacando a relucir al pequeño dictador que llevaba incubando dentro durante todo este tiempo. Después de aprender a decir las palabras básicasagua, caca, galleta, mama, avi, àvia, sol, luna, aquí, allí, gatito, avión, abol (cualquier cosa con forma redonda, sea pelota, rueda o unas gafas)— el muy listillo se ha inventado la expresión “allí, yo” para ordenar “quiero eso”.

“Allí yo, allí yo”, grita cuando ve a mi padre untarse una tostada con mermelada o zamparse un bocadillo de sobrasada a la hora del desayuno, o cuando mi madre saca una tableta de chocolate negro con sal para acompañar el café del mediodía. “Allí yo, allí yo”, grita también cuando vamos por la calle y ve un parque infantil o uno de esos coches que se mueven y hacen luces que funcionan con una moneda de un euro. “Allí yo, allí yo”, exclama ilusionado cuando ve a un niño montado en bicicleta, con la única finalidad de poder tocar las ruedas. “Allí, yo” podría traducirse por “quiero esto, aquí y ahora, y no voy a parar de repetirlo hasta que me lo deis”.

La tablet, su obsesión

A pesar de su insistencia y cierta tendencia a sonar como un disco rayado, “allí yo, allí yo, allí yo...”, mi hijo no suele montar pollos ni ponerse a llorar si no consigue lo que pide. Lo distraigo con otra cosa y enseguida está contento. Con una excepción: la tablet. Desde hace unos días, la tablet, que él ha bautizado como “guau, guau” porque mi padre y mi hermana empezaron a enseñarle vídeos de perros cuando era aún un bebé de meses, se ha convertido en su obsesión.

“¿Guau, guau?” me suplica con voz ansiosa en el momento más inesperado. Antes le decía “no” y dejaba de insistir al poco rato. Pero el domingo pasado, para mi sorpresa, estalló en una rabieta y se puso a llorar desconsolado durante 10 minutos al ver que no iba a bajar la tablet del estante donde sabe que la escondo.

Elegir la primera tablet para niños / David Svihovec en UNSPLASH
Una tablet para niños / UNSPLASH

El algoritmo de Youtube Kids

“Prepárate, esto es solo el principio”, me advirtió mi cuñada, que tiene experiencia con su sobrina pequeña. Lo peor es que mi hijo, como buen nativo digital, no quiere saber nada de ver dibujos animados en la televisión, solo quiere la tablet para poder deslizar su dedito por la pantalla e ir cambiando él solo los vídeos de Youtube, algo que en la pantalla del televisor no puede hacer.

Para asegurarme de que no se cuela ningún vídeo violento o de contenido inapropiado, le he instalado Youtube Kids, aunque su algoritmo de sugerencias me parece un churro. ¿Para qué quiere mi hijo ver vídeos  infantiles en portugués, en ruso, en italiano? ¿Por qué se cuelan vídeos absurdos de coches aplastando globos de agua, o de bolitas de colores y golosinas haciendo plop-plop con efecto hipnotizador?

La granja de Zenón

Hasta hace poco, a mi hijo le gustaba mirar en bucle el videoclip de Las ruedas del autobús, tanto en inglés como en español, y el Bon Dia de Damaris Gelabert, y hasta incluso le gusta que se las cante cuando vamos en coche o estamos jugando en el salón. Pero creo que se ha cansado, porque cuando ni siquiera ha llegado a la mitad de la canción, clica en otro vídeo para cambiar.

Últimamente las canciones que más duran son las de La granja de Zenón, una serie de videoclips creados por la productora argentina El Reino Infantil, que con 47,6 millones de subscriptores y cerca de 40.000 millones de visualizaciones, se ha convertido en el canal de Youtube en español más popular del mundo. Mi canción favorita es la del gallo Bartolito, pero mi hijo prefiere El auto bochinchero. Como él controla el mouse, no tengo nada que hacer.

Los personajes de La granja de Zenón / EUROPA PRESS
Los personajes de La granja de Zenón / EUROPA PRESS