Menú Buscar
Una rosa en un raíl de tren, donde ha habido suicidios

Cataluña, la tercera comunidad autónoma con menor tasa de suicidios

La región cuenta con mecanismos de detección y prevención desde hace años, mientras otros lugares del país los han implementado más recientemente

03.11.2019 00:00 h.
9 min

La población en España creció el 7,48% entre 2005 y 2017. En el mismo periodo, los suicidios en el país aumentaron el 7,68%. Por lo tanto, un primer vistazo a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sugiere que este tipo de muerte “ni ha aumentado ni ha disminuido” en términos relativos. Quien habla es el presidente de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio, Andoni Anseán; destaca que ahora hay más mujeres que se quitan la vida.

Confirma estas afirmaciones la evolución de la tasa de suicidio, que se mantiene alrededor de los 7,5 muertos al año por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, el impacto es distinto en cada comunidad. En la parte más negra de esta lista se sitúan Asturias (12,9 suicidios por cada 100.000 personas en 2017), Galicia (11,9), y las islas Canarias (9,4) y Baleares (9,2). De hecho, los dos archipiélagos han experimentado los mayores incrementos de esta estadística en el periodo analizado. En el otro extremo –y descontadas Ceuta y Melilla– se sitúan Cantabria (4,6), Madrid (5,2), Cataluña (6,6) y Murcia (6,6).

Suicidios11
El mapa de los suicidios en España / INE - CG

Motivos dispares

No es cierto, aunque la fotografía general así lo indica, que los suicidios aumentan donde crece la población y menguan donde decrece. A modo de ejemplo, Andalucía, Aragón, Cantabria, Navarra, País Vasco y La Rioja tienen hoy más vecinos que antaño, pero menos muertes registradas en este apartado. Lo contrario ocurre en Asturias y Castilla y León. En el caso catalán, hay un 8% más de habitantes que en 2005, mientras que las personas que se han quitado la vida en la región ascienden el 18,59%.

Es muy complicado determinar las razones por las que las estadísticas son tan dispares entre regiones. Ni siquiera los especialistas consultados atinan a dar con ellas. Sí es verdad que en la hemeroteca se pueden encontrar titulares que vinculan la crisis económica con el aumento de suicidios en Cataluña. De hecho –y es una tendencia que se repitió en muchas comunidades– los años en los que más personas se quitaron la vida en la región fueron 2012 (6,9 por cada 100.000 habitantes), 2013 (7,2) y 2014 (7,1). También el paro y el riesgo de pobreza fueron muy elevados en el periodo más crítico.

Andalucía, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias… (2)
Evolución de los suicidios en España en números absolutos

Factores de riesgo

Pero estos datos macroeconómicos “no están tan relacionados con el suicidio como pensamos”, en palabras de Anseán. Añade que “puede que esos factores tengan un efecto más a largo plazo” y que “la crisis no ha demostrado que tenga repercusión sobre el aumento de muertes, ni tampoco lo contrario”. De hecho, matiza, “la mortalidad por esta causa aumenta en épocas de crecimiento y baja en tiempos de crisis”. En esa línea, afirma que “el desempleo no es una causa tan directa ni inmediata”. Una tesis que abona la psicóloga clínica Annabel Cebrià: “No se puede asegurar que estas variables tengan incidencia, pero hoy sí tenemos conocimiento de los factores de riesgo”.

Entre estos factores de riesgo destacan, según el documento Prevención del suicidio, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), “las dificultades de acceso a la atención de salud; la fácil disponibilidad de los medios letales; el sensacionalismo de los medios de difusión en lo concerniente a los suicidios y la estigmatización”, pero también “las guerras y desastres, el estrés ocasionado por la aculturación, la discriminación, un sentido de aislamiento, el abuso, la violencia y las relaciones conflictivas”, y los “intentos de suicidio previos, trastornos mentales, consumo nocivo de alcohol, pérdidas financieras, dolores crónicos y antecedentes familiares de suicidio”.

El perfil del suicida

Con todo, la psicóloga apunta que “en Cataluña se han llevado a cabo intervenciones más específicas desde hace años, como los programas de detección de la depresión y prevención del suicidio dentro del programa European Alliance Against Depression (EAAD) y, desde hace tiempo, el Codi Risc Suïcidi. En Galicia y Asturias, por ejemplo, los programas de prevención se han aprobado más recientemente”. Un factor, sugiere, que puede explicar en parte el porqué de estas variaciones.

Anseán insiste en la complejidad del suicidio y en la variedad del perfil del suicida, que acostumbra a ser un varón con trastornos mentales o depresión al que se le unen factores como los antes mencionados o un divorcio. Afirma que ellos –el ahorcamiento es la primera medida– se quitan la vida tres veces más que las mujeres –que saltan al vacío–, pero que las tentativas –sobre todo por ingesta de medicamentos– son tres veces superiores en ellas. No hay evidencias de que influya más o menos la luna, la época del año ni el tiempo. Lo que sí influye son la “accesibilidad al medio letal” y “factores culturales”.

mapa suicidio oms edit 1024x586
Tasas de suicidio mundiales (2016) / OMS

Cómo detectar las señales antes de un suicidio

¿Se puede detectar una conducta suicida? Sí. Basta con fijarse en cambios de comportamiento, de hábitos, de expresiones… “todos emiten señales de intencionalidad”. El presidente de la fundación sugiere “hablarlo sin tapujos, orientar y derivar a los servicios sanitarios”. Añade la psicóloga: “Se puede prever en cuanto sabemos que hay casos en los que había un trastorno mental mal tratado o no notificado; por eso es importante dirigirse al CAP o al especialista en salud mental” y valorar si hay que activar el Codi Risc Suïcidi.

Merece mención que todas las fuentes consultadas agradecen el “interés” por tratar este asunto, que hasta hace unos años se ocultaba en los medios de comunicación –ahora tienen una guía para tratarlo–. El psicólogo Jordi García asegura que “el suicidio todavía está dentro del armario, es un tema tabú, da vergüenza y escalofríos… hablar de la muerte no gusta a casi nadie”. “Y menos de la de uno de los nuestros”, añade: “Hablar de ello ayuda, beneficia a todo el mundo”. Cebrià prosigue: el registro de los casos es muy necesario, pero aún es limitado –muchos suicidios no se cuentan como tal–. La información “ayudará a mejorar el conocimiento y a perfeccionar los programas de prevención”.  

Cada año se quitan la vida 800.000 personas en todo el mundo; por cada una de ellas, hay 20 tentativas, según las estadísticas. Es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 años a 29 años de edad.