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Benito Almirante,  jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona / EFE

Benito Almirante, Vall d'Hebron: "Los contagios seguirán bajando usemos o no mascarilla"

El jefe de enfermedades infecciosas del hospital cuestiona la idoneidad de obligar a usar tapabocas y señala que no obedece a ningún criterio científico

8 min

Las mascarillas serán obligatorias a partir de este jueves en espacios cerrados de uso colectivo y al aire libre cuando no se puedan guardar los dos metros de distancia de seguridad, pero el jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, Benito Almirante, señala que, en la actualidad, el riesgo de contagio frente al Covid-19 es muy bajo, y que “seguirá mejorando independientemente de si la usamos o no”.

Para hacer deporte no son aconsejables. “Es mejor respirar el aire con toda su concentración de oxígeno, y con la mascarilla, aunque no sea muy importante, siempre hay aire viciado que expiramos, y no es bueno porque lleva anhídrido carbónico”, señala Almirante. “Si alguien corre solo y guarda la distancia de seguridad tampoco tiene que usarla”, recuerda.

 

 

Los ciudadanos afrontan con "respeto" la obligatoriedad de mascarillas / EP

¿Qué mascarilla utilizar?

Otro de los dilemas. ¿Qué tipo de tapabocas utilizar y cuánto tiempo duran? “Depende del material, pero probablemente en verano no duren ni un día porque si se llevan durante mucho rato, con el sudor ya no valdrán, y su vida útil será inferior que con el frío, aunque no son de un solo uso”, aclara el experto del Vall d’Hebron. Otro de los malentendidos más frecuentes es que usar una mascarillas protege frente al virus. “Las higiénicas, que son las que se recomiendan para los que no son sanitarios, solo protegen de la transmisión, no de la adquisición. Para que tú no infectes a otro, pero no te protegen a ti”, aclara.

Personal sanitario con mascarillas EPI / EP
Personal sanitario con mascarillas EPI / EP

Eso sí, advierte que eso no significa que la población tenga que utilizar las protectoras como la FFP2 o FFP3. “Ahora tenemos un riesgo de contagio muy bajo en comparación con hace un mes y medio, y, por tanto, la posibilidad de que alguien pueda transmitir la enfermedad es muy extraordinaria. Además, las protectoras están pensadas para sanitarios que están en contacto con pacientes”. Almirante señala que la normativa habría tenido más sentido hace un mes y medio, cuando el virus se expandía de forma intensa. “Si no se hizo entonces, cuando la gente iba a comprar a los supermercados, y había miles de infectados al día, ahora que hay muy pocos, me parece inoportuno”, señala.

Poca probabilidad de contagio

“La posibilidad de cruzarte por la calle con alguien que tenga el virus es casi como la de acertar el número ganador de la lotería. Ahora hay un caso por cada 70.000 personas”, subraya, “es una cuestión de probabilidad; pero están obligando a más de 45 millones de personas a ponerse una mascarilla para protegerse de centenares”, lamenta.

Es más, el doctor recuerda que esta decisión carece de fundamento científico. El problema, advierte, es que puede abocar a una dinámica de pánico y miedo. “Es muy peligrosa, porque cuando le digan a la gente que se la quite, no se fiarán, y también puede desencadenar discusiones entre quien la lleve y quien no, cuando el que no la lleva, si guarda las distancias de seguridad, no tiene obligación de hacerlo. Mientras el que sí, puede pensar que el otro atenta contra su salud”, señala. 

Posibles conflictos por su uso

Y es que, como manifiesta Almirante, “un elemento sanitario no puede convertirse en una confrontación”. Así, señala que en estos momentos hubiese sido más oportuno recomendar su uso y no obligar a ello. “La recomendación respeta la libertad individual. ¿Cómo se va a gestionar la obligatoriedad?”, cuestiona.

Benito Almirante, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Vall d'Hebron (derecha) / VALL D'HEBRON
Benito Almirante, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Vall d'Hebron (derecha) / VALL D'HEBRON

El responsable enfermedades infecciosas del Vall d’Hebron rechaza teorizar acerca de un posible aumento de contagios tras el verano. “Lo que sabemos es que el volumen de nuevos casos en la actualidad es infinitamente inferior al de hace un mes y medio, por eso es difícil entender por qué esta medida se toma ahora y no antes”.

Decisiones sin aval científico

Y es que, como lamenta este experto, durante la pandemia, una parte muy importante de las decisiones que ha tomado la administración “no están avaladas por ningún estudio científico. Se ponen en práctica recomendaciones y obligaciones que se cree que irán bien”, señala. Lo mismo que ha sucedido con las mascarillas. “Han pasado por todas las fases: de no ser necesarias, al 'puede que sí,' y luego a ser obligatorias, por lo que quiere decir que no está demostrado”.

Su opinión es que “pueden ser protectoras en ciertos ambientes, como residencias de ancianos, para internos y trabajadores; en un hospital; en un espectáculo con público; pero ¿para ir en bicicleta por el Tibidabo? Creo que no”, sostiene. Almirante subraya que la tasa de contagio cada vez es menor, y que los infectados seguirán disminuyendo, sin guardar relación con el uso de tapabocas.

Confundir a la población

“La tendencia natural ahora es mejorar, y la imposición de la mascarilla en estos momentos lo único que hace es confundir a la población y entrar en la dinámica perversa de que haya quien lo defiende y quien no, y enfrentar posiciones sinsentido. Algo estéril”. Subraya, eso sí, que su opinión responde a su discrepancia desde el punto de vista profesional, y que cumplirá la norma, como cualquier ciudadano. “Científicamente hablando no se ha presentado ningún documento que acredite que el uso obligatorio vaya a mejorar la situación o, lo que es aún más importante, que no aplicarla puede empeorarla”. Y es que, como aclara, no pone en duda la norma, sino que sea ahora cuando se aplique, cuando los contagios han disminuido de forma drástica.