Menú Buscar
Manuel V.C. (i), quien sufrió una agresión homófoba en Poble Sec / CEDIDA

Agresión homófoba en Poble Sec: "Es la primera vez en 52 años que tengo miedo"

La pareja, increpada y amenazada por un individuo, denuncia el aumento de la inseguridad en el barrio y reclama más vigilancia

6 min

Manuel V.C. reside en el barrio barcelonés de Poble Sec desde 2005. Recuerda que, tiempo atrás, tras sufrir un accidente que afectó a una de sus piernas, una farmacéutica le regañó por bajar a por sus medicamentos y se ofreció a llevárselos a casa. Una anécdota que recupera para detallar cómo ha cambiado la zona desde entonces. Y es que el pasado 29 de abril, en pleno confinamiento, fue víctima, junto a su pareja, de una agresión homófoba. “Es la primera vez en 52 años que tengo miedo”, lamenta.

Eran las ocho de la tarde, cuando los vecinos aún salían a los balcones para aplaudir a los sanitarios durante los días más duros de la pandemia, y esta pareja paseaba a sus dos perros por la calle Lleida, que estaba desierta. Fue entonces cuando observaron a un tipo cuyo estado de embriaguez no pronosticaba nada bueno. De repente se acercó a ellos y comenzó a chillarles: “Maricones, chupapollas”. Manuel aconsejó a su acompañante que ni le mirasen y que prosiguiesen la marcha, pero ignorar al homófobo no fue suficiente. “Vimos que venía hacia nosotros. Llevaba una litrona en la mano y al ver que no le hacíamos caso, comenzó a seguirnos mientras nos insultaba. Fue entonces cuando la rompió contra la pared y empezó a amenazarnos, hasta que nos la lanzó”, explica a Crónica Global. Por suerte, la botella no les alcanzó.

Inacción de los vecinos

“Solo pensaba en que, tal y como estaba la situación, no podía acabar en un hospital. Mi pareja tiene 60 años y yo 52. Me parece muy fuerte que a estas alturas de la vida tengamos que oír esto”, lamenta Manuel, quién señala que el grito de “maricón”, le molestó pero no le ofendió. “Eso solo puede conseguirlo la gente a la que quiero, pero no tenemos que pasar por esto”, subraya.

Este vecino de Poble Sec se muestra casi más indignado con la inacción del resto de residentes que con su agresor. “Todo el mundo estaba en el balcón viendo lo que pasaba y solo una persona se dirigió a él para que parase. Nadie más fue capaz de decir nada. El único en esos 10 minutos interminables”, relata. Una vez entraron en el portal de su casa, llamaron a la Guardia Urbana. “Llegaron, lo tenían al lado mientras seguía gritando y no bajaron del coche hasta que vinieron más agentes”, recuerda. Ante la inacción, tampoco interpuso una denuncia. “¿Contra quién? No sé su nombre y no puedo asegurar que viniese del centro de día de Font Honrada”. Y apunta: “Esta es la seguridad que tenemos en el barrio”.

Varias personas en la entrada del comedor social de Font Honrada 8 en Poble-Sec / CEDIDA
Varias personas en la entrada del comedor social de Font Honrada 8 en Poble Sec / CEDIDA

Trifulcas ante el comedor social

Varios residentes ya han denunciado que durante las últimas semanas se han producido varias trifulcas frente al comedor social. “La pandemia ha dejado sin recursos a muchas personas y se ha incrementado la afluencia al centro, pero cada dos por tres hay peleas, empujones, navajazos, puñetazos”, denuncia Manuel.

A solo 400 metros de allí, frente al Barcelona Teatre Musical --ya cerrado-- se encuentran personas sin hogar que hacen sus necesidades en la calle. “La comisaría de la Urbana está al lado, pasan una vez por semana, retiran sus colchones y las pocas pertenencias que tienen y ahí se acaba todo. Es indigno no solo para el barrio, sino para ellos, que no deberían estar así”, apunta este vecino.

Okupas y narcopisos

Como residente, ha sido testigo de peleas entre bandas de pandilleros, señala que algunos bajos en Font Hornada están ocupados, así como la existencia de un narcopiso en Mare de Déu del Remei, donde se trapichea ante las narices de cualquier viandante. “Es una pena porque era un barrio fantástico, como un pueblo. Yo viví en el 87 en el Born, durante la época más dura de la heroína en Barcelona, y tenía que dar 50 pesetas a los adictos para entrar en mi coche, pero nunca he pasado tanto miedo como este año”, lamenta Manuel.

El reclamo de esta pareja es que se incremente la vigilancia en el barrio para poder vivir tranquilos.