Bombonas de butano en un balcón EUROPA PRESS
El invierno en que el butano se atascó en la AP-7: sin reparto en la Cataluña rural
El cierre de una factoría de Repsol en Montornès del Vallès y los colapsos viarios dejaron a varios municipios sin suministro regulado a domicilio en días de bajas temperaturas de enero
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En la era de la transición energética y la electrificación, la tradicional bombona naranja de butano sigue siendo la fuente térmica esencial para miles de familias en Cataluña.
Aquello que durante décadas ha sido un simple trámite doméstico —esperar el sonido del camión de reparto en la puerta de casa— se transformó este pasado mes de enero en un rompecabezas logístico, especialmente en pequeños municipios del Vallès Oriental.
Una suma de factores imprevistos, que combinó el cierre de una planta de envasado de gas, el colapso de la AP-7 y una severa ola de frío, interrumpió la cadena de suministro de calor a domicilio.
De Montornès a Tarragona
Hasta diciembre de 2025, Repsol contaba con dos grandes plantas de envasado para abastecer a la región: una en Tarragona y otra en Montornès del Vallès.
Vista aérea de la Factoría Repsol Butano en Montornès del Vallès
La decisión de la compañía de cerrar las instalaciones del Vallès Oriental para centralizar la producción en el sur redujo el margen operativo del sistema; el primer eslabón de esta cadena de contratiempos.
Según los datos manejados por la asociación, la factoría tarraconense tiene una capacidad de producción que ronda las 38.000 botellas diarias. En invierno, en cambio, el consumo en Cataluña puede superar las 50.000 botellas equivalentes al día.
La diferencia —cercana al 30%— no implica necesariamente desabastecimiento automático, pero sí deja la red con menos capacidad de absorción ante cualquier imprevisto.
Evaristo Magaña, presidente de ASTAC, lo resume así a Crónica Global: "Cerraron esta planta y, al principio, la de Tarragona no daba suficientes botellas para que hubiera fluidez en la distribución".
Repsol, por su parte, reconoció en su momento "incidencias puntuales" coincidiendo con el cese del envasado en Montornès.
Un sistema al límite
Al centralizar la producción en Tarragona, la AP-7 se convirtió en la única arteria para hacer llegar el gas a la red metropolitana y al Vallès.
Pero justo cuando una intensa ola de frío desplomó los termómetros rozando los cero grados en el prelitoral catalán y disparó la necesidad de encender las estufas, la AP-7 colapsó.
Durante la primera quincena de enero, las protestas de agricultores contra el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur provocaron cortes intermitentes en distintos tramos de la autopista.
Aviso de cortes en la carretera AP-7 Servei Català de Trànsit
A los pocos días, el accidente ferroviario mortal en Gelida provocó nuevos cortes y desvíos obligatorios en el eje viario.
Todo ello, enmarcado en una semana de temperaturas gélidas que aumentó la demanda de calefacción doméstica.
La combinación de menor capacidad productiva, picos de consumo y dificultades logísticas generó un tapón operativo que retrasó rutas y dejó pedidos sin cubrir en días concretos.
"Los repartidores, por un lado, no ganan dinero porque no hay trabajo, y por otra, tienen el problema moral de que sus clientes les llaman y no les pueden dar el servicio", lamentaba Magaña.
Redes vecinales
A pie de calle, la situación fue desigual. En el programa 'El matí' de Catalunya Ràdio se recogieron denuncias de vecinas como Maria, de Sant Pere de Vilamajor (Vallès Oriental), advirtiendo de que el camión no pasaba y que el gas era su única forma de calentarse.
Otros vecinos consultados, en cambio, aseguran no haber sufrido cortes prolongados. Joan, residente en el mismo municipio del Vallès, explica que "en Vilalba también existe la posibilidad de ir a las gasolineras más cercanas, una a la salida del pueblo o la de Llinars del Vallès".
Una imagen de archivo del municipio de Sant Pere de Vilamajor
Aún así, esta solución logística esconde una penalización económica. La bombona tradicional repartida a domicilio tiene un precio regulado, pero cuando este servicio falla, los usuarios deben asumir el coste del desplazamiento o recurrir a redes informales.
La alcaldesa de Sant Pere de Vilamajor, Jésica Pérez Carbonell, detalla que el ayuntamiento activó redes vecinales para compartir contactos alternativos de suministro a domicilio, aunque éstos resultaban "más caros que en las gasolineras cercanas".
Antonio Luna, transportista que repartía bombonas en la zona, confirma a este digital que el problema se concentró en un periodo de tres semanas coincidiendo con el cierre de la planta y los cortes viarios. Un mes después, asegura, la distribución está cubierta y las rutas han sido reajustadas.
En retroceso, no residual
El butano ha perdido peso frente al gas natural y la electricidad, pero sigue lejos de ser irrelevante. En España se distribuyen más de 60 millones de bombonas anuales, y su precio está regulado por el Estado para proteger a los consumidores.
En Cataluña, el GLP envasado mantiene presencia en municipios sin red de gas canalizado y en viviendas antiguas que no han realizado la transición energética.
En muchos casos, se trata de personas mayores o familias con menos recursos que optan por esta fuente por ser más económica y no requerir una instalación compleja.
El bloqueo logístico acabó encareciendo el suministro precisamente a "las personas menos pudientes", como señala Magaña, aquellas que dependen del butano por carecer de acceso a otro tipo de energías.